El sector secundario de la economía argentina atraviesa un escenario de contrastes al inicio del año, donde la recesión estructural convive con incipientes signos de estabilización en el margen. Según el último relevamiento del Índice de Producción Industrial (IPI) elaborado por la consultora Orlando J. Ferreres & Asociados, la actividad fabril registró en enero una caída del 4,4% interanual. A pesar de este retroceso en la comparación contra el mismo mes del año anterior, los datos arrojan una señal positiva en el corto plazo: la industria mostró una mejora del 1,2% respecto de diciembre, logrando así quebrar una tendencia negativa que se extendía por tres meses consecutivos.
El quiebre de la tendencia negativa mensual
La recuperación del 1,2% intermensual representa un hito técnico relevante para el sector, ya que permite interrumpir la racha de tres meses consecutivos en baja que venía arrastrando la actividad. Sin embargo, los analistas de la consultora Ferreres mantienen la cautela respecto a la solidez de este repunte. El informe advierte que los primeros meses del año suelen estar marcados por distorsiones estadísticas significativas debido a factores estacionales. Los cronogramas de vacaciones y las programadas paradas de planta para mantenimiento tienden a alterar la comparación entre períodos, lo que dificulta discernir si el avance de enero responde a una recuperación genuina o a un reacomodamiento tras un diciembre excepcionalmente débil. En este sentido, la medición mensual corta la inercia contractiva, pero la profundidad de la caída interanual del 4,4% sigue reflejando un panorama de fragilidad estructural en el entramado productivo nacional.
Desempeño sectorial y el desplome en maquinaria y equipos
Al analizar el comportamiento de las diversas ramas que componen el tejido industrial, el informe detalla un desempeño heterogéneo pero mayoritariamente negativo. El sector de Maquinaria y Equipo se posicionó como el más afectado de la muestra, registrando un alarmante retroceso del 23,9%. Dentro de este segmento, el impacto fue especialmente severo en el rubro automotor, que experimentó una fuerte baja del 30,1%, evidenciando las dificultades que enfrenta la cadena de valor ante la menor demanda y las trabas operativas.
Asimismo, otros rubros estratégicos mostraron signos de debilitamiento. El sector de Minerales no metálicos registró un descenso del 7,8%, explicado primordialmente por la caída en el despacho de cemento, un indicador clave para la construcción. Por su parte, la rama de Alimentos, Bebidas y Tabaco retrocedió un 2,9% interanual, reflejando la sensibilidad del sector al bolsillo del consumidor, mientras que los Metales básicos sufrieron una leve contracción del 1% frente a enero del año pasado.
Perspectivas y tensiones por el consumo interno
De cara a los próximos meses, las proyecciones de la consultora sugieren que la actividad industrial seguirá operando bajo un entorno de tensiones. El principal obstáculo para una recuperación sostenida radica en el menor consumo interno, que continúa deprimiendo los niveles de ventas y, por ende, las necesidades de producción de las empresas. Se anticipa que estas presiones se mantendrán, al menos, durante la primera parte del año, condicionando el ritmo de actividad de las terminales fabriles.
No obstante, el análisis de Orlando J. Ferreres & Asociados no descarta un cambio de ciclo si se consolidan ciertas variables favorables. El informe destaca que un contexto macroeconómico más estable, sumado a una eventual mejora en los ingresos reales de la población, podría actuar como el motor necesario para impulsar una recuperación más robusta hacia adelante. Por el momento, la industria oscila entre el alivio de haber frenado la caída mensual y el desafío de revertir un retroceso anual que afecta gravemente a sectores base de la economía nacional.