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Argentina proyecta una nueva cosecha récord: la campaña 2026/27 alcanzaría 157,8 millones de toneladas

Maíz, soja y sorgo explicarían el aumento del volumen, mientras que trigo y cebada registrarían fuertes bajas tras el récord de la campaña anterior. La recaudación por retenciones también crecería pese al cronograma de reducción de derechos de exportación.

24 Septiembre de 2026 07.37

De cada $100 que genera una hectárea agrícola, $58,2 tienen como destino el pago de impuestos nacionales, provinciales y municipales. El dato surge de la medición de septiembre del Índice FADA, elaborado por la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), y refleja que la participación del Estado continúa representando más de la mitad de la renta agrícola una vez descontados los costos de producción.

El indicador mostró, sin embargo, una mejora respecto de junio. En aquella medición, la participación estatal había alcanzado el 61,9%, mientras que en septiembre descendió al 58,2%.

El resto de la renta agrícola se distribuye entre diferentes componentes. El costo de la tierra representa el 27,3%, mientras que el resultado agrícola alcanza el 14,5%.

La reducción registrada en el índice no estuvo vinculada con una disminución de los impuestos. De acuerdo con el análisis de FADA, el cambio respondió principalmente a factores relacionados con el contexto internacional y con la evolución de los precios de los granos y de algunos insumos fundamentales para la producción.

"La leve caída de índice no se dio por cambios en los impuestos argentinos en sí, fue por factores en el contexto internacional", explicó Fiorella Savarino, economista de FADA.

Mejores precios de los granos y una fuerte baja de la urea

El escenario internacional produjo un doble efecto favorable para la renta agrícola durante el período analizado. Por un lado, se produjo una mejora en los precios de algunos granos. Por otro, se registró una fuerte disminución en el precio de la urea, uno de los principales insumos empleados en la producción.

Las tensiones geopolíticas entre Rusia y Ucrania, junto con las dificultades logísticas derivadas del conflicto, contribuyeron a sostener los precios internacionales. En el caso del trigo, la cotización recuperó valor y se ubicó por encima del nivel registrado un año atrás.

La soja, por su parte, también mostró una mejora asociada a cambios en las estimaciones de producción de Estados Unidos y a una mayor demanda proveniente de China. Al mismo tiempo, el precio de la urea registró una caída significativa. El valor promedio pasó de US$730 por tonelada en junio a US$570 en septiembre.

Esta disminución modificó favorablemente la relación entre el precio del fertilizante y el valor de los granos. En septiembre, para adquirir una tonelada de urea fueron necesarias:

  • 2,9 toneladas de maíz, frente a las 4 toneladas requeridas en junio.
  • 2,4 toneladas de trigo, frente a las 3,4 toneladas necesarias en junio.

"La relación insumo-producto muestra cuánto esfuerzo necesita hacer el productor para comprar un insumo. Hoy, tanto para maíz como para trigo, se necesitan menos toneladas de grano que en junio para comprar una tonelada de urea", explicó Nicolle Pisani Claro, economista jefa de FADA.

La mejora económica no modifica el peso de los impuestos

Para Antonella Semadeni, economista de FADA, la combinación entre mejores precios agrícolas y menores costos de un insumo clave permitió mejorar el resultado económico del productor.

"La mejora de los precios de los granos, junto con la baja de la urea, permitió que el resultado económico o la ganancia del productor mejore. Pero el Estado todavía se queda con una porción mayoritaria de esa renta", señaló.

El análisis de septiembre muestra, de esta manera, una mejora en la ecuación económica, pero no un cambio estructural en la distribución de la renta. El descenso del índice refleja una situación más favorable para el productor respecto de junio, aunque la participación estatal continúa por encima de la mitad del resultado generado por una hectárea agrícola.

Diferencias entre soja, maíz, trigo y girasol

La mejora registrada en septiembre se reflejó en los cuatro cultivos analizados por FADA, aunque la participación estatal presenta diferencias según cada producción.

Los porcentajes registrados son:

  • Soja: 60,7% de la renta para el Estado.
  • Maíz: 53,8%.
  • Trigo: 55,5%.
  • Girasol: 56,8%.

El caso del trigo aparece como uno de los ejemplos más claros del impacto combinado de los precios y los costos. La recuperación de su cotización, junto con la reducción del precio de la urea, permitió que el cultivo presentara un resultado positivo antes del pago de impuestos.

En mediciones anteriores, ese margen había sido apenas positivo o incluso negativo. La mejora registrada en septiembre, por lo tanto, refleja el efecto conjunto de la evolución del precio del cereal y de la reducción del costo de un insumo relevante.

Sin embargo, FADA advierte que todavía existen dificultades. Tanto el trigo como el maíz mantienen precios por debajo de sus promedios de los últimos cinco años. Por ese motivo, la mejora observada en septiembre no significa que hayan desaparecido todas las dificultades que enfrenta la actividad agrícola. "Esta combinación explica la baja del Índice, pero no cambia el dato de fondo: aún con mejores precios y menores costos para algunos insumos, los impuestos representan más de la mitad de la renta agrícola", sostuvo Semadeni.

El transporte también influye

Mientras el precio de la urea descendió, otros componentes de la estructura de costos continuaron ejerciendo presión sobre los resultados. Entre ellos se encuentra el transporte, cuyo costo aumentó respecto de junio y presenta una suba todavía mayor cuando la comparación se realiza con un año atrás.

El impacto del flete tampoco es uniforme para todos los productores. La ubicación de los establecimientos tiene una incidencia directa, especialmente por la distancia existente hasta los puertos y los principales centros de comercialización.

La diferencia puede ser significativa entre las distintas regiones agrícolas. En el caso del maíz producido en Córdoba, San Luis y La Pampa, Semadeni explicó que alrededor de 2 de cada 10 camiones de lo producido se destinan a pagar el flete. "Por eso, el precio del grano no es el único elemento que define la renta agrícola. También importan los costos de producción, la distancia a los mercados, los rindes y la estructura impositiva de cada territorio. Son muchos los factores que entran en juego", agregó Pisani Claro.

La mayor parte de los impuestos son nacionales

El análisis de FADA también permite observar cómo se compone la carga tributaria. La mayor proporción corresponde a los impuestos nacionales no coparticipables, que representan el 55,6% del total. A esa participación se suman los impuestos nacionales coparticipables, que explican el 35,7%. Los tributos provinciales representan el 7,8%, mientras que los municipales alcanzan apenas el 0,9%.

La estructura queda conformada de la siguiente manera:

  • Impuestos nacionales no coparticipables: 55,6%.
  • Impuestos nacionales coparticipables: 35,7%.
  • Impuestos provinciales: 7,8%.
  • Impuestos municipales: 0,9%.

Dentro de esta estructura, las retenciones continúan siendo uno de los principales componentes de la carga tributaria. Desde diciembre de 2023, sus alícuotas fueron reducidas para los principales cultivos, lo que disminuyó su participación dentro del total de impuestos.

En paralelo, adquirieron mayor peso los tributos vinculados al resultado económico, entre ellos el Impuesto a las Ganancias.

Diferencias entre las principales provincias agrícolas

El Índice FADA también muestra diferencias en la participación estatal según la provincia donde se desarrolla la actividad agrícola. Frente al promedio nacional del 58,2%, los porcentajes registrados son:

  • Córdoba: 56,9%.
  • Buenos Aires: 56,1%.
  • Santa Fe: 53,9%.
  • La Pampa: 54,7%.
  • Entre Ríos: 58,4%.
  • San Luis: 55%.

FADA aclara que estas diferencias no significan necesariamente que en una provincia se paguen más impuestos en términos nominales que en otra. El resultado surge de la combinación de distintos factores que intervienen en la ecuación final de la renta agrícola.

Entre ellos se encuentran los rindes, los precios, los costos de producción, los fletes y los tributos provinciales y municipales.