Efecto importaciones: Corona reduce su personal un 50% tras la caída de ventas
La empresa Quilmes inició un proceso de retiros voluntarios en su planta de Zárate, golpeada por una retracción del consumo que alcanzó el 45%. La molienda de cebada cervecera también retrocedió un 17% en el último año.

La industria cervecera nacional atraviesa una de sus crisis más profundas, con un impacto directo en uno de los proyectos industriales más emblemáticos del último lustro. La compañía Quilmes ha decidido reducir a la mitad la plantilla de su planta ubicada en Zárate, un establecimiento que fue inaugurado en el año 2020 tras una inversión de 5.000 millones de pesos (valor de aquel entonces) destinada específicamente a la fabricación local de la cerveza mexicana Corona. La decisión, que ya se encuentra en fase de ejecución, marca un drástico cambio de rumbo para una planta que nació como símbolo de expansión y hoy lucha por su subsistencia.

El ajuste de personal se canalizará a través de un esquema de retiros voluntarios acordado con el sector gremial, el cual busca reducir la dotación en 60 puestos adicionales. La evolución del empleo en este complejo industrial refleja la gravedad del retroceso: de los 260 operarios que iniciaron tareas hace cuatro años, la cifra cayó a 140, y se encamina ahora a quedar en apenas una fracción de su capacidad original. Este proceso no es nuevo; ya durante el segundo semestre de 2025 se habían ejecutado despidos en un contexto de incertidumbre creciente.

El desplome del consumo interno y la parálisis fabril

La causa principal de este recorte masivo es un desplome en las ventas que, según fuentes sindicales, rozó el 45% durante el último año. Esta caída vertical de la demanda no solo afectó a la marca Corona, sino que impactó en todo el ecosistema productivo de la firma, empujando incluso a paralizar las actividades en la fábrica central de Quilmes en diversos períodos.

Los indicadores sectoriales confirman la magnitud de la retracción. La molienda e industrialización de cebada cervecera, el termómetro real de la actividad primaria del sector, registró una caída del 17%. Este dato técnico evidencia que la crisis no es exclusiva de la etapa de comercialización, sino que ha retraído toda la cadena de producción desde el agro hasta la botella. En este escenario, el sindicato de cerveceros aceptó el esquema de retiros voluntarios ante la amenaza real de un freno total de la producción y el consecuente cierre definitivo de la planta bonaerense.

Importación "indiscriminada" y cambio de modelo operativo

A la caída del consumo se le suma un factor que el gremio considera determinante: la apertura comercial. El referente sindical en la planta, Horacio Romero, denunció una importación "indiscriminada" de productos extranjeros que ha ganado terreno en las góndolas en detrimento de la producción nacional. Las cifras oficiales del Indec, analizadas por el Centro de Investigación en Negocios y Exportación (Cien), son reveladoras: la importación de cervezas experimentó un salto exponencial del 293% durante el primer trimestre de 2025.

Esta combinación de factores obligó a la empresa a desmantelar el esquema de trabajo con el que operaba tradicionalmente. La reconfiguración operativa de la planta de Zárate contempla los siguientes puntos técnicos:

  • Reducción de turnos: De los tres turnos de trabajo originales, solo se mantendrá activo un solo turno.
  • Especialización de línea: La producción se limitará exclusivamente a la línea de vidrio no retornable.
  • Dotación acotada: El objetivo es sostener el envasado de cerveza con una estructura mínima para intentar capear la crisis.

El panorama para la planta de Corona en Zárate es de extrema fragilidad. Lo que comenzó como un polo industrial de vanguardia con inversión millonaria se ha convertido en un símbolo de la retracción fabril, donde el aumento de la competencia externa y el debilitamiento del mercado interno ponen en jaque la continuidad de la fabricación nacional.