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Impacto del conflicto en Medio Oriente

Efecto Ormuz: la suba del petróleo lleva la nafta súper por encima de los $1.800

El encarecimiento global del crudo tras la escalada bélica impulsa un aumento acumulado del 12% en marzo y profundiza la presión sobre la cadena de costos interna.

19 Marzo de 2026 18.22

El escenario económico nacional enfrenta una nueva y severa presión tras confirmarse que el precio de los combustibles volvió a subir en todo el territorio argentino, marcando un ritmo de actualización que no da respiro a los consumidores. Este ajuste, que ha encendido alarmas inmediatas sobre la dinámica inflacionaria de todo el primer trimestre, no es un hecho aislado ni responde únicamente a variables domésticas. Desde que estalló el conflicto en Medio Oriente, las naftas y el gasoil han acumulado un encarecimiento superior al 12% a lo largo de marzo, consolidando una tendencia alcista que parece lejos de detenerse. Con esta última actualización, el valor del litro de nafta súper ya rompió la barrera psicológica de los $1.800 en las principales estaciones de servicio del país, estableciendo un nuevo parámetro para la estructura de precios de toda la economía.

Este fenómeno encuentra su explicación técnica en un contexto internacional de extrema volatilidad y tensión geopolítica. El precio del petróleo crudo se mantiene firme en torno a los u$s120 por barril, impulsado por la escalada bélica y las amenazas concretas sobre el estrecho de Ormuz. Este paso geográfico es considerado un punto crítico y neurálgico para el abastecimiento energético a nivel global, y cualquier indicio de bloqueo o inestabilidad en la zona dispara automáticamente las cotizaciones internacionales. Para un país como Argentina, este escenario presiona de forma directa sobre los costos de producción y refinación, acelerando la necesidad de las petroleras de actualizar sus pizarras para no quedar rezagadas frente a los valores de paridad internacional.

Un impacto multiplicador sobre la cadena de valor

La suba de los combustibles posee un efecto derrame que trasciende largamente al usuario particular que acude al surtidor para llenar el tanque de su vehículo personal. Al ser el insumo básico y transversal para toda la logística nacional, su encarecimiento impacta de forma directa en la distribución de bienes y servicios de todo tipo. Este incremento se traslada inevitablemente a los precios finales de los productos básicos, especialmente en un mes donde los alimentos ya mostraban señales de una preocupante aceleración previa. La incidencia de este aumento en el índice de precios es doblemente nociva, ya que actúa de forma directa por su peso en la canasta de consumo e indirectamente a través del aumento de los fletes y servicios logísticos.

En este complejo escenario, diversos analistas del sector energético advierten que la presión no ha terminado. Si el precio internacional del petróleo se mantiene en los niveles actuales de u$s120 o continúa su tendencia al alza debido a la prolongación del conflicto en el Golfo Pérsico, es altamente probable que las empresas petroleras vuelvan a aplicar nuevos ajustes en las próximas semanas. El objetivo de las compañías es mantener el alineamiento con la referencia internacional, dado que en Argentina el valor del crudo representa entre el 35% y el 40% del precio final que paga el consumidor en el surtidor. Incluso cuando el crudo utilizado no sea importado en su totalidad, la tendencia del mercado local es copiar el movimiento global para garantizar la sostenibilidad operativa de las refinerías.

Estaciones de servicio y el cambio en la política comercial

La realidad en los surtidores también refleja un cambio profundo en la estrategia de las grandes operadoras. En los últimos meses, las petroleras han adoptado esquemas de actualización mucho más dinámicos, alejándose de los grandes aumentos mensuales únicos. Esta modalidad, denominada técnicamente como "micropricing", consiste en aplicar ajustes frecuentes, segmentados y quirúrgicos que varían según la zona geográfica y el comportamiento específico de la demanda en cada región. De esta manera, se consolida un nuevo piso para el precio de los combustibles en Argentina, donde las versiones premium ya superan con holgura los $2.000 por litro, borrando las diferencias que existían previamente entre las diversas marcas del mercado.

Por su parte, el sector de las estaciones de servicio se encuentra atrapado en una pinza de costos crecientes y demanda estancada. Los expendedores enfrentan una situación de rentabilidad al límite, donde los mayores precios del combustible no se traducen necesariamente en mejores márgenes para el comercio minorista. A la suba del insumo principal se le suman otros factores de presión, como el aumento de los costos laborales, la carga impositiva municipal y las comisiones de los medios de pago electrónicos que hoy dominan la mayoría de las transacciones. El gran riesgo que advierten desde las cámaras del sector es que el mercado quede sumergido en una dinámica de costos en ascenso con ventas que no muestran señales de recuperación desde principios de 2024, un escenario que podría profundizarse si las tensiones internacionales continúan perturbando el flujo energético mundial.