La Unión Europea aprobó este viernes el acuerdo comercial con el Mercosur, poniendo fin a un extenso proceso de negociaciones que se prolongó durante 25 años y que estuvo marcado por avances intermitentes, cambios políticos y fuertes debates internos. La decisión habilita formalmente a Bruselas a avanzar en la firma del tratado de libre comercio con Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, uno de los entendimientos más ambiciosos alcanzados por el bloque europeo en las últimas décadas.
Tras la aprobación, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, evalúa viajar a Asunción el próximo lunes para formalizar la firma del acuerdo junto a los países miembros del Mercosur. La votación se resolvió luego de que al menos el 65 % de los Estados que integran la Unión Europea aceptaran las condiciones del entendimiento, el umbral necesario para avanzar en este tipo de decisiones estratégicas.
El aval se concretó en una reunión de embajadores celebrada en Bruselas, donde la mayoría de los 27 países del bloque se pronunció a favor del pacto, pese a la firme oposición de algunos gobiernos. Según confirmaron fuentes diplomáticas europeas, el acuerdo recibió el respaldo suficiente para avanzar, aun cuando persisten profundas diferencias internas sobre su impacto económico y social.
El tratado fue impulsado con fuerza por sectores empresariales e industriales, que destacan el potencial de ampliar mercados, reducir aranceles y fortalecer los vínculos comerciales entre Europa y Sudamérica. Sin embargo, el acuerdo genera un fuerte rechazo en amplios sectores del agro europeo, especialmente en países como Francia, Irlanda y Hungría, que temen una competencia desigual frente a productos agropecuarios provenientes del Mercosur.
Francia fue uno de los países que manifestó de manera más contundente su rechazo. El presidente Emmanuel Macron ratificó la postura de su gobierno a través de un mensaje en la red social X, donde sostuvo que "la firma del acuerdo no significa el final del proceso" y aseguró que París continuará exigiendo el cumplimiento estricto de los compromisos asumidos por la Comisión Europea para proteger a los agricultores franceses.
Macron subrayó que la posición francesa cuenta con un amplio respaldo político interno, tanto en la Asamblea Nacional como en el Senado, luego de intensos debates parlamentarios. El rechazo se da en un contexto de fuerte tensión social: este jueves, productores rurales protagonizaron protestas en París, con el bloqueo de arterias principales y la movilización de unos 100 tractores en zonas emblemáticas, como el Arco del Triunfo.
Los manifestantes expresaron su preocupación por la posible entrada masiva de productos agropecuarios provenientes de Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, países que integran el Mercosur. Para muchos agricultores europeos, el acuerdo podría afectar la rentabilidad de sus explotaciones y poner en riesgo la sustentabilidad del sector.
En declaraciones recogidas por la agencia AFP, el agricultor francés Damien Cornier resumió el malestar del sector al afirmar: "Solo queremos trabajar y vivir de nuestra profesión". La tensión se vio agravada por la reciente decisión del gobierno francés de sacrificar ganado para frenar la propagación de la dermatitis nodular bovina, una medida que incrementó el descontento rural.
Hungría también votó en contra del acuerdo. Su ministro de Relaciones Exteriores, Péter Szijjártó, acusó a la Comisión Europea de impulsar un tratado que "abriría Europa a importaciones agrícolas sudamericanas ilimitadas, a expensas del sustento de los agricultores húngaros". En mensajes difundidos en redes sociales, el funcionario sostuvo que Bruselas "ignora una vez más" los intereses del sector agropecuario y prioriza otras agendas.
En la misma línea, Szijjártó criticó las políticas agrícolas comunitarias, a las que atribuyó una reducción de subsidios y la "inundación" de Europa Central con cereales ucranianos de baja calidad, en detrimento de los productores locales.
Irlanda, por su parte, también se pronunció en contra. El viceprimer ministro Simon Harris reiteró que la posición del gobierno irlandés "siempre ha sido clara" y que no respalda el acuerdo "en la forma en que fue presentado".
Incluso desde la propia Comisión Europea se reconocen las tensiones existentes. El comisario europeo de Agricultura y Alimentación, Christophe Hansen, admitió que aún persisten cuestiones abiertas relacionadas con las salvaguardias para los agricultores europeos dentro del acuerdo de asociación con el Mercosur, lo que anticipa un debate intenso en las próximas etapas del proceso.