Más de 300 mil familias viven sobre pisos de tierra en la Argentina
Un estudio privado advierte que la precariedad de las viviendas incide de forma directa en el desarrollo de niños y niñas, en un contexto de carencias estructurales que persisten incluso en zonas urbanas.

Más de 300 mil hogares en la Argentina habitan viviendas con pisos de tierra, una condición que expone a miles de familias a riesgos sanitarios, limita el acceso a una vida cotidiana saludable y afecta de manera directa el desarrollo infantil. La problemática, lejos de circunscribirse a áreas rurales aisladas, forma parte de un escenario más amplio de déficit habitacional que persiste en distintos puntos del país, incluso en grandes centros urbanos, según relevamientos sociales y datos oficiales.

De acuerdo con un informe elaborado por la consultora Tejido Urbano, la presencia de pisos de tierra constituye mucho más que una carencia material: es un indicador crítico de desigualdad estructural. "Más de 300 mil familias viven sobre pisos de tierra, con impacto directo en la salud y el desarrollo infantil", señala el documento. El estudio advierte que esta condición incrementa el riesgo de enfermedades respiratorias y parasitarias, al tiempo que afecta el desarrollo cognitivo y el rendimiento escolar de niños y niñas.

El relevamiento se apoya en evidencia producida por organizaciones sociales que, desde hace años, analizan la relación entre calidad de la vivienda y bienestar infantil. Según estos estudios, la precariedad del piso del hogar incide en la higiene, la posibilidad de mantener ambientes secos y limpios y en la capacidad de los niños de descansar y estudiar en condiciones adecuadas.

Impacto sanitario y educativo

Uno de los datos más contundentes del informe de Tejido Urbano es que intervenciones relativamente simples, como el reemplazo de pisos de tierra por pisos de cemento, generan mejoras inmediatas en distintos indicadores sociales. "La evidencia muestra que reemplazar pisos de tierra por pisos de cemento reduce el ausentismo escolar, mejora la salud y genera impactos positivos inmediatos en el bienestar infantil", destaca el estudio.

Esta problemática se vuelve aún más significativa cuando se la analiza en el marco del panorama habitacional general del país. La Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) del Indec, correspondiente al primer semestre de 2025 y realizada sobre 31 aglomerados urbanos, permite dimensionar la magnitud de las carencias estructurales que afectan a millones de personas.

El relevamiento oficial analiza aspectos vinculados a las características de las viviendas, el acceso a servicios básicos y la calidad de los materiales de construcción. En ese contexto, el Indec identifica la persistencia de déficits habitacionales que se expresan en pisos, techos o paredes construidos con materiales no adecuados, así como en situaciones de hacinamiento.

Si bien la encuesta se concentra en zonas urbanas, los resultados muestran que una proporción significativa de los hogares presenta condiciones que dificultan el desarrollo de una vida cotidiana saludable, especialmente entre los sectores de menores ingresos. Además, las deficiencias habitacionales aparecen estrechamente asociadas con otras privaciones sociales.

La ECV también revela que los hogares con déficits estructurales suelen tener menor acceso a servicios básicos, lo que agrava las condiciones de salubridad. En particular, el 72,1% de los hogares indigentes carece de al menos uno de los tres servicios esenciales: agua corriente, gas de red y cloacas. Dentro de ese grupo, el 45% no cuenta con desagües cloacales, el 64,6% no accede al gas de red y el 18% carece incluso de agua corriente.

La situación mejora levemente entre los hogares pobres, aunque las carencias siguen siendo significativas. Solo el 29,6% accede a los tres servicios básicos. En este segmento, el principal déficit se observa en el gas de red, al que no accede el 60,8% de los hogares. Además, el 40,5% no cuenta con cloacas y el 12,8% carece de agua corriente.

Estas condiciones, combinadas con la presencia de pisos de tierra, configuran entornos que aumentan la exposición a enfermedades y dificultan las condiciones de estudio, descanso y desarrollo de niños, niñas y adolescentes, poniendo de relieve la necesidad de políticas habitacionales integrales que aborden estas desigualdades persistentes.