Petróleo en alerta máxima: el barril supera los US$100 ante la escalada en Medio Oriente
La cotización internacional alcanzó niveles récord desde 2022 tras la parálisis del estratégico Estrecho de Ormuz. El conflicto escala y genera un impacto directo en los costos de los combustibles

El escenario energético global atraviesa una de sus jornadas más críticas de los últimos años. En la apertura del mercado de la Bolsa de Chicago (CME), el barril de West Texas Intermediate (WTI), con entrega programada para el mes de marzo, registró una subida vertiginosa del 13,84%, alcanzando una cotización de US$ 103,48. En sintonía, los valores del Brent, que funcionan como referencial mundial para el mercado, experimentaron un incremento del 12,63%, situándose en US$ 104 por barril. Este registro marca un hito preocupante, ya que representa un aumento del 9,2% respecto al cierre del viernes y sitúa al precio del crudo por encima del umbral de los 100 dólares por primera vez desde la invasión rusa a Ucrania en 2022.

El impacto de este fenómeno no se limita exclusivamente a los mercados bursátiles, sino que ha comenzado a trasladarse de manera inmediata a la economía real. Según datos suministrados por la consultora AAA, el precio promedio de la nafta en los Estados Unidos ha alcanzado los US$ 3,45 por galón (equivalente a 3,7 litros), lo que representa un incremento del 16% en apenas una semana.

La parálisis del Estrecho de Ormuz y el riesgo de suministro

El ascenso meteórico en el valor del barril es un síntoma directo de una crisis que amenaza con jaquear el suministro mundial de hidrocarburos. La zona central del conflicto involucra puntos geográficos de importancia vital para la producción y el transporte de crudo y gas desde el Golfo Pérsico. La tensión ha obligado a los buques petroleros a mantener una distancia de seguridad frente al Estrecho de Ormuz, el paso marítimo que separa a Irán y Omán y por el cual se estima que circula un quinto de la producción petrolera mundial.

Las tensiones en esta vía de tránsito han provocado efectos críticos en el mercado, configurando un bloqueo de facto donde la amenaza latente de ataques con misiles y drones por parte de Irán ha provocado que el tráfico de buques petroleros prácticamente se detenga. Este paso resulta esencial para las exportaciones provenientes de naciones productoras como Arabia Saudita, Kuwait, Irak, Qatar, Bahrein, los Emiratos Árabes Unidos e Irán. Como consecuencia directa, países como Irak, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos han tenido que recortar sus niveles de extracción, ante la imposibilidad de exportar y el consecuente llenado de sus tanques de almacenamiento.

De acuerdo con estimaciones de la firma independiente de investigación Rystad Energy, a través del Estrecho de Ormuz se transportan diariamente cerca de 15 millones de barriles de crudo, una cifra que representa aproximadamente el 20% del petróleo mundial. La interrupción de este flujo explica por qué, tras la escalada de la guerra en su segunda semana, el crudo en Estados Unidos había acumulado un incremento del 36% y el Brent un 28% durante la semana previa.

La postura de la administración estadounidense

En medio de la volatilidad, el presidente Donald Trump ha intentado minimizar las proyecciones a largo plazo sobre esta crisis. En una entrevista concedida a la cadena ABC News, el mandatario estadounidense calificó la situación como un "pequeño fallo" y un "desvío" necesario, asegurando que el conflicto en Medio Oriente solo tendrá efectos de corto plazo en los precios internacionales de la energía. "Sabía exactamente lo que iba a pasar", sostuvo Trump, restando peso a la preocupación de los mercados sobre la sostenibilidad de estos niveles de precios.

No obstante, el consenso de los analistas advierte sobre la incertidumbre creciente. La volatilidad extrema y los riesgos inminentes de traslado de costos a los consumidores finales mantienen en alerta a los organismos internacionales, mientras la guerra continúa expandiéndose en puntos neurálgicos para la economía global, consolidando un panorama de inestabilidad cuyo desenlace dependerá, en gran medida, de la resolución del bloqueo en los puntos de tránsito vitales para el combustible.