La jornada financiera de este martes presenta un escenario de marcados retrocesos para los activos nacionales en el exterior. En un contexto donde confluyen diversos factores internacionales y variables críticas de la economía doméstica, las acciones argentinas que operan en Wall Street muestran bajas pronunciadas que afectan el humor de los inversores. Este movimiento contractivo ha tenido un impacto directo en los indicadores de solvencia soberana, provocando que el índice que mide el JP Morgan suba 5 unidades y el riesgo país vuelva a situarse en el umbral psicológico de los 500 puntos básicos.
El desplome de los activos locales en Nueva York
La tendencia negativa en la plaza neoyorquina es liderada por empresas de sectores clave, reflejando una desconfianza momentánea que golpea la cotización de los papeles representativos de la economía argentina. El desplome es encabezado por la tecnológica Globant, que registra una caída del 13,5%, seguida por firmas del sector energético como Edenor, con un retroceso del 6,5%, y Transportadora de Gas del Sur, que cede un 5,1%. En sintonía con este clima de cautela, los bonos soberanos en dólares también registran bajas de hasta el 0,8%, mientras que en el plano local, el dólar oficial cerró su cotización a $1465 en las pantallas del Banco Nación.
Expectativas macroeconómicas y el análisis del mercado
A pesar de la volatilidad manifiesta en las pizarras, algunos analistas sugieren que la reacción del mercado responde a una fase de transición en las expectativas de los agentes. Según el economista Gustavo Ber, la respuesta inicial de los inversores ante los ponderadores en el IPC está reflejando un efecto limitado en los instrumentos financieros. El analista sostiene que, de fondo, persiste el apetito por activos locales, ya que se priorizan las mejoras provenientes del frente macroeconómico por encima de las fluctuaciones diarias.
Para que se sostenga la confianza de los agentes económicos y se revierta la tendencia actual, el mercado mantiene su expectativa puesta en tres pilares fundamentales que Ber identifica como determinantes. En primer lugar, la capacidad de acumulación de reservas por parte del Banco Central; en segundo término, los avances tangibles en el proceso de desinflación; y finalmente, un repunte más generalizado en la actividad económica que valide el rumbo actual y permita estabilizar definitivamente los indicadores de riesgo.