Los astronautas de la misión espacial Artemis II lograron atravesar el lado oculto de la Luna y restablecer las comunicaciones con la Tierra, marcando un nuevo capítulo en la exploración espacial tripulada. El paso de la cápsula Orión por la cara invisible desde nuestro planeta, seguido del inicio de la trayectoria de retorno, fue confirmado por la NASA cuando la nave se encontraba a 406.771 kilómetros de distancia, la mayor alcanzada por una misión tripulada.
La astronauta Christina Koch transmitió tranquilidad y entusiasmo al reanudar el contacto con el centro de control: "Es un gusto volver a estar en comunicación con ustedes. Estamos de camino en regreso a la Tierra". El momento tuvo una fuerte carga simbólica, ya que puso fin a uno de los tramos de mayor tensión de la travesía.
Durante 40 minutos, la nave perdió toda comunicación con Houston debido a que la propia masa lunar bloqueó la transmisión de las señales de radio. Lejos de ser una contingencia, se trató de una situación prevista dentro de la planificación de la NASA, en una experiencia que remite a las históricas misiones Apolo. Antes de Artemis II, solo 21 astronautas habían atravesado ese "silencio absoluto" durante un sobrevuelo del hemisferio lejano.
Qué observaron en la cara oculta
El hemisferio oculto presenta una geografía marcadamente distinta a la cara visible desde la Tierra. Su superficie es más montañosa, más seca y con una mayor concentración de cráteres, además de contar con menos planicies volcánicas, lo que lo convierte en un escenario clave para comprender la evolución lunar y el origen del Sistema Solar.
La ausencia de atmósfera permitió a la tripulación realizar observaciones astronómicas sin interferencias, favoreciendo la obtención de imágenes de alta resolución y un registro detallado de la topografía.

Durante el sobrevuelo, la tripulación empleó cámaras profesionales Nikon de hasta 400 milímetros, lentes de 14-24 milímetros y teléfonos móviles para registrar imágenes y videos bajo distintas condiciones de luz. La cápsula Orión cuenta además con 32 cámaras y dos dispositivos fotográficos profesionales adicionales.
Los astronautas realizaron observaciones en tiempo real, anotando variaciones en color, brillo y textura de la superficie lunar, una tarea de alto valor para complementar las imágenes obtenidas por sondas y orbitadores.
La cuenca Oriental, eje del interés científico
Uno de los principales focos científicos fue la cuenca Oriental, un cráter de 930 kilómetros de diámetro ubicado en el hemisferio sur lunar. Se trata de la estructura más joven y grande surgida durante el Bombardeo Intenso Tardío, formada hace aproximadamente 4.000 millones de años y caracterizada por sus tres anillos concéntricos.
La científica lunar principal de Artemis II, Kelsey Young, explicó que "Orientale es fundamental para entender cómo se forman las cuencas de impacto en el Sistema Solar". Aunque ya había sido fotografiada por sondas automáticas, la observación humana directa aportó una perspectiva inédita sobre su estructura geológica.
El astronauta Jeremy Hansen describió la magnitud del hallazgo al señalar: "Es sencillamente enorme, supercompleja, y podrías quedarte mirándola durante horas".
Además de esta estructura, la tripulación examinó:
- El cráter Ohm, de 64 kilómetros de diámetro
- El cráter Pierazzo, de 9 kilómetros, nombrado en honor a la científica Elisabetta Pierazzo
Eclipse solar, récord y regreso en trayectoria segura
El paso por el lado oculto también permitió a la tripulación vivir una experiencia singular: presenciar un eclipse solar desde el espacio. Durante casi una hora observaron cómo el Sol desapareció detrás de la Luna, una oportunidad que aprovecharon para estudiar y fotografiar la corona solar, la capa más externa de la atmósfera del Sol.
La maniobra de Orión siguió una trayectoria "free-return", un método que permite rodear la Luna y regresar a la Tierra sin maniobras complejas de propulsión, priorizando la seguridad y la eficiencia del viaje.
En ese trayecto, la misión superó el histórico registro del Apolo 13, al alcanzar 252.756 millas de distancia máxima desde la Tierra, estableciendo un nuevo récord para un vuelo tripulado.
Cinco días para completar el regreso
El retorno de la cápsula Orión se desarrollará a lo largo de cinco días, período en el que la tripulación continuará transmitiendo información científica y registros visuales.
El éxito de Artemis II no solo valida la nave y las tecnologías empleadas, sino que profundiza el conocimiento sobre los riesgos de la exploración más allá de la protección terrestre. La travesía por el lado oculto reafirmó el valor de la observación humana directa y de la cooperación internacional, con el canadiense Jeremy Hansen convertido en el primer astronauta de su país en volar a la Luna.
El próximo hito será el regreso seguro a la Tierra el sábado 11 de abril, cierre de una etapa histórica que, a la vez, abre nuevas fronteras para la ciencia lunar y la exploración del espacio profundo.