La reciente determinación de la República Popular China de establecer un cupo limitado para la importación de carne vacuna se ha transformado en una señal de alarma crítica para toda la cadena cárnica nacional. Esta medida introduce una incertidumbre profunda en el comercio internacional, afectando el núcleo de las exportaciones argentinas. Según recordó Daniel Urcía, presidente de la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales Argentinas (FIFRA), el mercado chino es el pilar del sector: en 2025 representó el 70% del volumen exportado y el 50% de su valor económico.
Esta dependencia es estructural, ya que en años previos la participación del gigante asiático llegó a rozar el 80% del total. Urcía enfatiza que, a diferencia de otros destinos consolidados como la Unión Europea o los Estados Unidos, la habilitación de nuevas plantas frigoríficas queda sujeta exclusivamente a la voluntad política de China, lo que añade una capa de inestabilidad al esquema exportador, especialmente en la categoría de vacas, que lidera los envíos desde 2018.
Desde FIFRA se ha manifestado un contundente desacuerdo con el uso del criterio único de desempeño pasado por valor para la distribución de las cuotas. El dirigente advierte que, de consolidarse el cupo chino y ante la inminencia de uno similar por parte de Estados Unidos, quedarían muy pocas toneladas destinadas a una "exportación genuina", lo que pone en jaque los modelos históricos de asignación.
Respecto al cupo específico de 511 mil toneladas fijado por Pekín, Urcía considera que, si bien el volumen por sí solo no parece conflictivo frente a las previsiones de 2025, el mecanismo de "primero llegado, primero servido" es altamente perjudicial. Este esquema imposibilita la planificación a largo plazo de los establecimientos que requieren mantener un ritmo de actividad constante durante todo el ciclo anual. A esto se suma la parálisis en otros frentes: aún no hay definiciones sobre el cupo prometido por Washington, y la demora del parlamento europeo en el acuerdo con el Mercosur tiñe de dudas cualquier posibilidad de expansión en mercados de alto valor.
Desafíos en el mercado interno y la caída de la faena
El frente doméstico presenta complicaciones igualmente severas. Los altos precios de la hacienda podrían incentivar un ciclo de retención, lo que llevaría a proyectar una disminución de la faena cercana al millón de cabezas anuales. Esto implicaría una caída de 230 mil toneladas en la producción total, un déficit que solo podría compensarse aumentando unos 20 kilos el peso promedio por animal faenado, una meta difícil de alcanzar en el corto plazo.
Variables que asfixian la rentabilidad del sector:
- Precios internacionales: Pese a ser favorables, no logran traducirse en rentabilidad debido a la estructura de costos.
- Subproductos: Sus valores de mercado se encuentran en niveles muy bajos.
- Costos operativos: El incremento constante en rubros salariales y energéticos presiona los márgenes industriales.
- Oferta de hacienda: La tendencia a la baja en la disponibilidad de animales amenaza con segregar a los operadores menos competitivos del mercado.
Finalmente, la industria formal enfrenta una lucha desigual en el mercado interno. Urcía denunció que el crecimiento de las importaciones de carne y la competencia desleal en los planos sanitario, comercial, impositivo y laboral están dañando severamente al sector legal. Desde FIFRA insisten en que es imperativo dar una batalla directa contra la marginalidad para proteger el empleo y los establecimientos formales, avanzando en reformas impositivas y laborales que devuelvan la competitividad necesaria para navegar este complejo escenario global.