Colapso total: Cuba notifica a las aerolíneas que no tiene combustible
La dictadura de Miguel Díaz-Canel anunció el cese de suministros para la aviación comercial, forzando un drástico plan de emergencia que paraliza hospitales, hoteles y el transporte en toda la isla.

En un anuncio que marca el inicio de una parálisis logística sin precedentes en la región del Caribe, Cuba ha informado oficialmente a las aerolíneas internacionales que operan en la isla que, a partir de este lunes, el país carecerá de combustible para aviación para garantizar cualquier tipo de operación comercial. La confirmación de este desabastecimiento crítico, obtenida a través de fuentes del sector por la agencia EFE, representa el punto de quiebre definitivo para una economía que se desmorona bajo el peso de nuevas sanciones diplomáticas y el agotamiento irreversible de sus alianzas estratégicas regionales.

La causa inmediata de este colapso energético se encuentra en la orden ejecutiva firmada por el presidente estadounidense Donald Trump el pasado 29 de enero. Bajo el título "Haciendo frente a las amenazas del Gobierno de Cuba a Estados Unidos", esta medida establece un agresivo sistema de aranceles adicionales para cualquier nación que suministre petróleo a la isla, ya sea de forma directa o indirecta. La Casa Blanca fundamenta esta ofensiva argumentando que el régimen cubano representa una amenaza directa para la seguridad nacional, acusando a la administración de Díaz-Canel de alinearse con adversarios estratégicos como Rusia, China e Irán.

Además, Washington sostiene que la dictadura facilita infraestructura de inteligencia para potencias extranjeras dentro del hemisferio y que funciona como refugio para organizaciones internacionales como Hezbollah y Hamas. El mecanismo de presión otorga al Departamento de Comercio la potestad de identificar a los países infractores, mientras que el Departamento de Estado determina la magnitud de las tarifas arancelarias. Esta pinza económica ha logrado un aislamiento efectivo de la red de suministros petroleros, dejando a Cuba sin margen de maniobra para importar el hidrocarburo necesario para la operatividad de su red aeroportuaria y los servicios básicos.

Cuba atraviesa actualmente su peor crisis desde el desplome del bloque soviético en los años noventa. Con una producción nacional que apenas logra cubrir el cuarenta por ciento de sus necesidades energéticas totales, el país dependía de la importación de aproximadamente sesenta mil barriles diarios provenientes de socios como Venezuela, México, Rusia y Argelia. Sin embargo, este flujo se ha detenido de forma drástica debido a cambios geopolíticos sísmicos. En el caso de Venezuela, los envíos cesaron por completo desde diciembre pasado tras la captura del ex dictador Nicolás Maduro en una operación militar estadounidense realizada el pasado 3 de enero.

Por otro lado, México, que durante 2025 cubrió el cuarenta y cuatro por ciento de las importaciones petroleras cubanas con unos diecisiete mil doscientos barriles diarios, detuvo sus envíos en enero ante la presión inminente de la administración Trump. Esta orfandad energética deja al régimen con apenas cuarenta mil barriles diarios de crudo pesado de producción propia, el cual es de baja calidad y se destina casi exclusivamente a alimentar termoeléctricas obsoletas, resultando totalmente insuficiente para sostener la aviación, el transporte público y la generación eléctrica básica para la población civil.

Un plan de emergencia ante el colapso de la subsistencia

Como respuesta inmediata a la falta absoluta de hidrocarburos, el régimen de Díaz-Canel ha puesto en marcha un duro plan de emergencia que entra en vigor este lunes y que paraliza gran parte de la vida civil y económica del país. Las medidas incluyen el fin de la venta de diésel al público y la reducción de la jornada laboral estatal a solo cuatro días por semana para mitigar el consumo. En el ámbito sanitario, se han implementado recortes drásticos en horarios de hospitales y oficinas públicas, además de la suspensión total de cirugías no urgentes y restricciones severas al transporte público interprovincial que conecta a las distintas regiones de la isla.

Incluso el sector del turismo, motor económico históricamente protegido por el régimen, ha sucumbido ante la falta de recursos. El gobierno ha ordenado el cierre de complejos hoteleros en los cayos del norte de la isla, una medida sin precedentes que subraya la gravedad de la situación, ya que estos establecimientos solían permanecer operativos incluso durante desastres naturales extremos. Los datos oficiales ya reflejaban una debacle previa, con una caída del dieciocho por ciento en la llegada de visitantes durante 2025 y un desplome del sesenta y dos por ciento frente al récord histórico de viajeros alcanzado en 2018.

Expertos en energía como Jorge Piñón, del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, han advertido que sin la llegada inmediata de nuevos envíos de petróleo, Cuba se encamina a un colapso económico total durante el mes de marzo. Mientras la dictadura insiste en culpar exclusivamente al embargo estadounidense por la catástrofe, evita mencionar factores críticos como el desplome de la economía venezolana, las limitaciones productivas de México y la incapacidad estructural del sistema totalitario para generar divisas propias. La crisis del combustible para aviación, que ya había generado alertas similares en diciembre por la falta de combustible JET-A1, parece ser ahora el golpe definitivo para la conectividad y estabilidad de la isla.