En Colombia, los hipopótamos que deambulan por el centro del país no son nativos ni fruto de programas de conservación. Se trata de descendientes de los cuatro ejemplares que el narcotraficante Pablo Escobar trajo en la década de 1980 a su zoológico privado en la Hacienda Nápoles, un gigantesco rancho en el valle del río Magdalena, dotado de pista de aterrizaje privada y que servía como residencia rural.
Décadas después, estos animales se han reproducido sin control, transformando a Colombia en el único país fuera de África con hipopótamos en estado salvaje. Un estudio de la Universidad Nacional de Colombia estimó que en 2022 la población alcanzaba los 170 ejemplares en libertad, cifra que continúa creciendo y extendiéndose a zonas situadas a más de 60 millas al norte del rancho.
Fracaso de métodos previos y decisión del gobierno
Las autoridades colombianas han enfrentado serios desafíos para controlar esta población. Según la ministra de Medio Ambiente, Irene Vélez, las estrategias anteriores —como la esterilización de algunos animales y el traslado a zoológicos— resultaron costosas e ineficaces.
La nueva medida contempla el sacrificio de hasta 80 hipopótamos, aunque la ministra no especificó la fecha de inicio de la caza. Vélez enfatizó:
"Si no hacemos esto, no podremos controlar la población. Tenemos que tomar esta medida para preservar nuestros ecosistemas", reportó CBS News.
Impacto ambiental y amenazas a la comunidad
La expansión de los hipopótamos ha generado conflictos con la población local y ha puesto en riesgo el equilibrio de los ecosistemas. Entre los problemas más relevantes se incluyen:
- Amenaza a los habitantes rurales, quienes los han encontrado en fincas y ríos.
- Desplazamiento de especies autóctonas, como los manatíes de río, por competencia por alimento y espacio.
- Riesgos de seguridad y accidentes en zonas donde los animales no son habituales.
El gobierno colombiano declaró a estos hipopótamos como especie invasora, lo que refuerza la necesidad de controlar su expansión antes de que cause daños irreversibles al entorno natural y a las comunidades humanas.
Alternativas evaluadas y limitaciones económicas
Antes de autorizar el sacrificio, se exploraron otras estrategias:
- Esterilización: limitada en alcance y efectividad para contener la población.
- Traslado a santuarios internacionales: un proceso logísticamente complejo y muy costoso, con un estimado de 3,5 millones de dólares.
Estas limitaciones económicas y técnicas llevaron a las autoridades a optar por la medida más directa, que busca preservar los ecosistemas y proteger a la población.
Un fenómeno único en el mundo
La situación de Colombia es excepcional: jamás antes un país fuera del continente africano había enfrentado la presencia de hipopótamos en estado salvaje. Esto convierte el caso en un desafío ambiental y social sin precedentes, donde la memoria histórica de la violencia y el narcotráfico se mezcla con la necesidad de políticas ambientales urgentes.
El plan de sacrificio refleja no solo un desafío de manejo de fauna invasora, sino también un intento de reconciliar la historia del país con la conservación de sus recursos naturales, poniendo a prueba la capacidad de Colombia para tomar decisiones drásticas frente a problemas derivados de décadas de abandono de la gestión de estos animales.