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Irán en llamas: se intensifican las protestas tras diez días consecutivos, con al menos 36 muertos

Las manifestaciones se expanden por casi todo el país pese a la represión del régimen. La crisis económica, el desplome del rial y la inflación récord detonaron un estallido social que ya es el más grave desde 2022.

8 Enero de 2026 10.40

Las protestas en Irán no dan señales de retroceso y entraron en su décimo día consecutivo con manifestaciones masivas en decenas de ciudades, incluida la capital, Teherán, a pesar de una represión estatal que dejó al menos 36 muertos y más de 2.000 personas detenidas. Las concentraciones se extendieron hasta la medianoche del martes, en un escenario de creciente tensión social, económica y política.

Según imágenes difundidas por activistas en redes sociales, las protestas se registraron en ciudades como Teherán, Mashhad, Qazvín, Abdanán, Shiraz, Zanyán e Ilam, entre muchas otras. En total, 92 ciudades de 27 de las 31 provincias del país fueron escenario de movilizaciones desde el inicio del conflicto, el pasado 28 de diciembre.

Los medios estatales iraníes, entre ellos la agencia Tasnim, calificaron las manifestaciones como "disturbios" y atribuyeron los hechos a la acción de "agitadores". En Abdanán, por ejemplo, reportaron que un grupo ingresó a un supermercado y rompió bolsas de arroz, una escena que también quedó registrada en videos difundidos por redes sociales y que refleja el nivel de deterioro social y económico.

Uno de los principales focos de protesta fue Teherán, donde se registraron concentraciones desde el mediodía hasta altas horas de la noche en distintos puntos estratégicos, como el Gran Bazar y otros centros comerciales. En muchas de esas zonas, los comercios permanecieron cerrados total o parcialmente, una señal contundente del respaldo de sectores económicos al reclamo social.

El detonante económico

Las protestas comenzaron el 28 de diciembre, impulsadas inicialmente por comerciantes del Gran Bazar del distrito de Felestin, luego de un nuevo desplome del rial, que alcanzó los 1.470.000 riales por dólar. La moneda iraní se depreció un 20,29 % solo en diciembre y un 81 % en comparación con 2025, un golpe devastador para una economía altamente dependiente de las importaciones.

La crisis se agrava por una inflación anual superior al 42 %, que en diciembre superó el 52 % interanual, una caída estimada del 2,8 % del PBI, la eliminación de subsidios a los combustibles, la escasez de agua y una profunda crisis energética. En ese contexto, la caída del rial fue el factor que terminó de encender la mecha del descontento social.

La protesta de los comerciantes derivó rápidamente en consignas contra el líder supremo, Ali Khamenei, y en reclamos a favor de la restauración de la dinastía Pahlavi, derrocada en la Revolución Islámica de 1979. El movimiento se expandió con rapidez hacia otros mercados estratégicos, como el de electrodomésticos de Amin Hozour, y luego a ciudades como Isfahan, Fasa y Yazd.

Un estallido nacional

Con el correr de los días, las protestas dejaron de ser exclusivamente económicas y se transformaron en un movimiento social transversal, que nuclea a comerciantes, estudiantes, trabajadores y organizaciones civiles. Según el Institute for the Study of War (ISW), en apenas once días se registraron más de 400 protestas en casi todo el país, convirtiéndose en las más extensas desde las manifestaciones de 2022 tras la muerte de Mahsa Amini.

Ante la escalada, Khamenei ordenó públicamente, a través de la red social X, que "los alborotadores sean puestos en su lugar". La respuesta fue el despliegue masivo de la fuerza paramilitar Bassij, integrada por voluntarios vestidos de civil, sin identificación, que irrumpen en las manifestaciones en motocicletas o a pie, armados con porras, material antidisturbios e incluso armas de fuego.

El saldo hasta el momento es al menos 36 muertos, incluidos cuatro niños, y más de 1.200 detenidos, cuyo paradero sigue siendo incierto. En la provincia rural de Ilam, de mayoría kurda y ubicada en la frontera con Irak, las fuerzas de seguridad llegaron incluso a asaltar un hospital en busca de manifestantes heridos, según denunciaron organizaciones de derechos humanos.

Mientras la represión se intensifica, el futuro inmediato de Irán permanece envuelto en la incertidumbre, con una crisis económica profunda y un régimen que enfrenta uno de los desafíos internos más severos de los últimos años.