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Las dos caras del Mundial 2026: entre la celebración y las críticas por los costos y las restricciones

México vuelve a recibir la Copa del Mundo y se prepara para ocupar el centro de la escena internacional. Sin embargo, detrás del entusiasmo por el torneo conviven cuestionamientos por las obras, las inversiones y el impacto que la organización dejó en las ciudades sede.

12 Junio de 2026 08.04

El Mundial 2026 comenzó a sentirse con fuerza en México mucho antes del pitazo inicial. Durante meses, las ciudades elegidas para albergar partidos de la máxima cita del fútbol trabajaron en obras de infraestructura, planes de movilidad y una serie de transformaciones urbanas destinadas a recibir a miles de visitantes. Sin embargo, el torneo no solo despertó expectativas y entusiasmo. También abrió debates sobre las prioridades de inversión, el acceso de la población local al espectáculo y la imagen que el país proyecta ante el mundo.

A pocas horas del inicio de la competencia, el clima que se vive en las ciudades sede refleja esa dualidad. Por un lado, el orgullo de volver a ser anfitrión de un evento global. Por otro, las controversias que acompañaron los preparativos y que aún generan discusiones entre los habitantes.

Monterrey, una ciudad movilizada por el fútbol

En Monterrey, una de las tres sedes mexicanas junto con Ciudad de México y Guadalajara, el ambiente está marcado por la expectativa y la pasión futbolera. Marbella, residente de la ciudad, describió un escenario atravesado por distintas actividades vinculadas al torneo.

"Los últimos meses se ha sentido un gran ambiente futbolero, desde los juegos de repechaje, el tour de la Copa del Mundo y obviamente ahora con los fan fest", relató en diálogo con LA GACETA.

Para ella, la llegada del Mundial representa mucho más que una competencia deportiva. Considera que se trata de una oportunidad histórica para posicionar a la ciudad frente a una audiencia internacional y exhibir su desarrollo. "Una oportunidad histórica para que la ciudad esté en los ojos internacionales y mostrar su crecimiento", sostuvo.

Una mirada similar expresó Gustavo Hernández García, también vecino de Monterrey. Según explicó, el torneo se está viviendo de una manera especial entre quienes siguen de cerca a la selección mexicana.

"Se está viviendo de una manera única, la gente apoyando, todos desde sus trincheras, a nuestra selección nacional", afirmó. Además, destacó el potencial del evento para atraer visitantes y fortalecer el vínculo entre los turistas y el país. En su opinión, el Mundial constituye una oportunidad para que quienes lleguen desde otras partes del mundo conozcan México y a su gente.

Ciudad de México y una mirada más crítica

La percepción en Ciudad de México es diferente. Mariana Meneses señaló que el clima que se percibe en la capital está lejos de la euforia que describen algunos habitantes de Monterrey.

"Hay un ambiente de tensión más que de fiesta", expresó. Según relató, parte de la preocupación está vinculada a las manifestaciones que se desarrollan en paralelo al inicio del campeonato. También sostuvo que existe malestar entre sectores de la población debido a la manera en que se realizaron los preparativos.

En diálogo con este diario, afirmó que el Gobierno y los organizadores tuvieron tiempo suficiente para planificar los cambios necesarios y cuestionó que gran parte de las obras se hayan ejecutado a contrarreloj.

"Hubo tiempo, ocho años para lograr los cambios necesarios en la ciudad y todo se hizo a prisa", manifestó. A ello sumó una crítica relacionada con el acceso al espectáculo. Según su visión, los elevados costos de las entradas terminaron alejando a buena parte de los mexicanos de la posibilidad de participar activamente del torneo.

Para Mariana, la Copa del Mundo se transformó en "un evento para gente con altos recursos y extranjeros", más que en una celebración accesible para la población local.

Las transformaciones urbanas y el debate por las inversiones

Más allá de las diferencias de opinión, los entrevistados coincidieron en señalar que la organización del Mundial dejó cambios importantes en las ciudades sede. Entre las principales intervenciones mencionadas se encuentran:

• Obras en el estadio Azteca.

• Mejoras en el sistema de transporte público de Ciudad de México.

• Intervenciones en distintas arterias de circulación.

• Mejoras viales en Monterrey.

• Adecuaciones urbanas vinculadas a la recepción de visitantes.

• Nuevas líneas de Metro.

• Construcción de un monorriel orientado a mejorar la movilidad.

Estas transformaciones, sin embargo, estuvieron acompañadas por cuestionamientos sobre el destino de los recursos públicos y la prioridad otorgada a determinadas inversiones.

Mariana sostuvo que diversos sectores de la sociedad consideraron que esos fondos podrían haberse destinado a otras necesidades. Entre ellas mencionó áreas como la seguridad, la educación, la salud y el transporte.

Marbella también reconoció la existencia de debates vinculados al costo de las obras y a la utilidad futura de algunas de las modificaciones realizadas. Según explicó, una de las preguntas recurrentes fue si determinadas intervenciones respondían a necesidades permanentes de la ciudad o si estaban pensadas exclusivamente para el desarrollo de la competencia.

Por su parte, Gustavo Hernández García relativizó esas críticas y sostuvo que son habituales en cualquier organización de gran escala. No obstante, remarcó que muchas de las obras realizadas permanecerán una vez finalizado el torneo y generarán beneficios para la población a largo plazo.

La imagen de México ante el mundo

Otro de los ejes de discusión gira en torno a la imagen que el país proyecta al recibir uno de los eventos deportivos más importantes del planeta. Las opiniones también aparecen divididas. Mariana considera que se está mostrando una versión artificial de México, enfocada más en la apariencia que en la realidad cotidiana que viven sus habitantes.

Marbella, en cambio, entiende que existe un motivo legítimo para sentir orgullo por la organización del torneo, aunque advirtió sobre la importancia de preservar la autenticidad de las ciudades.

"Creo que la mejor imagen para los turistas es una ciudad auténtica, no una versión maquillada o excesivamente controlada", señaló.