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Domingo de Ramos

León XIV afirmó que "Dios no legitima la guerra" y llamó a desarmar la violencia

En una homilía centrada en la Pasión, el Papa vinculó el sufrimiento de Cristo con las heridas actuales del mundo. Desde la Plaza de San Pedro, advirtió contra el uso de la religión para justificar conflictos armados.

29 Marzo de 2026 08.38

En el marco de la celebración del Domingo de Ramos, el papa León XIV pronunció una homilía de fuerte contenido espiritual y social, en la que realizó un llamado explícito a rechazar la violencia y las guerras. La ceremonia tuvo lugar en la Plaza de San Pedro, donde el pontífice presentó a Jesucristo como el "Rey de la paz", en contraposición a toda lógica de enfrentamiento.

El mensaje se inscribió en un contexto global marcado por conflictos y tensiones, lo que llevó al Papa a insistir en que la paz no debe entenderse como un concepto abstracto, sino como el núcleo central del Evangelio. En ese sentido, exhortó a los fieles a asumir un rol activo como constructores de reconciliación, frente a un mundo atravesado por la desesperanza.

La Pasión como camino de entrega y transformación

Durante su predicación, León XIV invitó a los creyentes a recorrer espiritualmente el camino de Cristo hacia la cruz, poniendo el foco en la Pasión como acto supremo de amor y entrega. En ese recorrido, destacó el contraste entre la violencia del entorno y la respuesta de Jesús, basada en la mansedumbre, la misericordia y el silencio.

El pontífice utilizó imágenes claras para describir esta oposición:

  • Mientras algunos recurren a la fuerza, Cristo se ofrece como ternura.
  • Mientras se organiza la violencia, Él permanece como luz en medio de la oscuridad.

De esta manera, el sufrimiento deja de ser solo un signo de dolor para convertirse en un don transformador, capaz de generar un mensaje de esperanza incluso en medio de la injusticia.

El rechazo al poder militar y la lógica de la violencia

En otro tramo de la homilía, el Papa recordó la entrada de Jesús en Jerusalén montado en un asno, en cumplimiento de la profecía de Zacarías. Este gesto fue interpretado como un rechazo explícito al poder militar y una elección deliberada por la humildad.

Asimismo, evocó el momento en que Cristo impide a sus discípulos responder con la espada, reafirmando una idea central de su mensaje: la violencia solo engendra más violencia.

"El Señor no se defendió ni promovió guerra alguna", señaló León XIV, subrayando que la verdadera realeza de Cristo se manifiesta en el amor que se entrega incluso en contextos de injusticia.

"Dios no legitima la guerra"

Uno de los pasajes más contundentes de la homilía fue la advertencia contra el uso de la religión como herramienta de justificación de conflictos armados. En ese sentido, el pontífice afirmó de manera categórica que "Dios no legitima la guerra".

El Papa recordó que Dios rechaza la oración de quienes promueven la violencia y tienen "las manos llenas de sangre", en una clara referencia a las guerras contemporáneas. Este señalamiento apuntó a desarticular cualquier intento de fundamentar enfrentamientos en nombre de la fe.

Entre los ejes centrales de este mensaje, se destacan:

  • Ningún conflicto puede encontrar sustento en Dios.
  • La fe no debe ser utilizada para justificar la violencia.
  • Es necesario revisar las actitudes individuales y colectivas que alimentan el odio y la división.

Las llagas de Cristo y el dolor del mundo actual

En el tramo final de su intervención, León XIV estableció un paralelismo entre las llagas de Cristo y las heridas del mundo contemporáneo. En ese marco, sostuvo que el grito de Jesús en la cruz sigue resonando en el sufrimiento de los pobre, los enfermos, los abandonados y las víctimas de la guerra y la opresión.

"Cristo sigue clamando desde la cruz", expresó el pontífice, al tiempo que exhortó a la humanidad a deponer las armas y redescubrir la fraternidad.

Este cierre reforzó la idea de que la Pasión no es solo un acontecimiento del pasado, sino una realidad que se proyecta en el presente a través del dolor de millones de personas.

Oración final y mensaje de esperanza

La celebración concluyó con una oración inspirada en textos del obispo Tonino Bello, en la que se confió a la Virgen María el sufrimiento de los pueblos. Este gesto final reafirmó la dimensión espiritual del mensaje y su proyección hacia la esperanza.

En ese sentido, el Papa volvió a subrayar un principio fundamental del cristianismo: la injusticia y la muerte no tendrán la última palabra.

Así, en el inicio de la Semana Santa, León XIV dejó planteado un mensaje que interpela tanto a los creyentes como a la comunidad internacional, al insistir en que la paz no es una opción secundaria, sino una exigencia esencial del mensaje evangélico.