La basílica de San Pedro fue el escenario de la primera Vigilia Pascual presidida por León XIV desde su elección como sumo pontífice en 2025. La ceremonia, que comenzó a las 21.00 hora local en el atrio de la basílica, se destacó por la recuperación de prácticas litúrgicas que remontan a los primeros siglos del cristianismo.
El pontífice bendijo el fuego y preparó el cirio pascual, siguiendo escrupulosamente los pasos de la tradición vaticana. Con un punzón, marcó sobre la cera del cirio una cruz, las letras griegas alfa y omega y las cifras correspondientes al año actual, símbolos que condensan el significado de la Resurrección y la presencia de Cristo en todos los tiempos.
La procesión avanzó hacia el altar con el cirio pascual a la cabeza, seguido por León XIV sosteniendo una vela encendida y por los cardenales presentes. La luz del fuego se transmitió a las velas de los cardenales y de los fieles, incrementando la luminosidad del interior de la basílica y creando una atmósfera de recogimiento profundo.
Llamado a la paz y la justicia global
Durante la homilía, el papa hizo un llamado a no dejarse inmovilizar por los conflictos globales, exhortando a los católicos a trabajar por la paz. Subrayó que el miedo y la desconfianza han fracturado los vínculos entre pueblos y naciones, dando lugar a la guerra, la injusticia y el aislamiento.
Si bien evitó referirse a conflictos específicos, reiteró su postura crítica frente a la guerra en Irán, tema sobre el que se ha pronunciado en las últimas semanas. Invitó a los fieles a seguir el ejemplo de los santos, luchando por la justicia para que la armonía y la paz puedan prosperar en el mundo contemporáneo.

Bautismo de adultos
En la ceremonia se administró el sacramento del bautismo a diez adultos, cumpliendo con una práctica que remonta a los orígenes del cristianismo. Los bautizados provienen de diversas regiones:
Cinco de la diócesis de Roma
Dos de Gran Bretaña
Dos de Portugal
Uno de Corea
Este gesto refuerza el compromiso de la Iglesia con la universalidad de la fe y la integración de los nuevos creyentes en la comunidad católica.
El Vía Crucis: un Sábado Santo de tradición renovada
La jornada de Sábado Santo siguió al Vía Crucis realizado la noche anterior en el Coliseo de Roma, evento que reunió a más de 30.000 fieles. En esta ocasión, León XIV recuperó una costumbre que no se observaba desde 1994: portar personalmente la cruz durante las 14 estaciones del recorrido.
El pontífice, de nacionalidad estadounidense-peruana, caminó junto a los fieles a lo largo del trayecto, simbolizando la cercanía de la Iglesia con su pueblo. Las meditaciones fueron redactadas por Francesco Patton, franciscano y custodio de Tierra Santa entre 2016 y 2025, a pedido del propio León XIV. Estos textos hicieron énfasis en vivir la fe, la esperanza y la caridad en la vida cotidiana, y en reconocer la dignidad y el sufrimiento de quienes padecen marginación: presos, migrantes, víctimas de violencia, mujeres explotadas y niños afectados por conflictos.
Liturgias de la noche: Palabra, Bautismo y Eucaristía
Tras la procesión, la ceremonia continuó con las tres liturgias fundamentales:
Liturgia de la Palabra
Liturgia Bautismal, con la administración del sacramento a los diez adultos
Liturgia Eucarística, concelebrada por León XIV junto a los cardenales
Cada etapa del rito subrayó la centralidad de la fe cristiana y el compromiso de la Iglesia con la renovación espiritual de sus fieles, en un marco de solemnidad y respeto por la tradición.