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Emotivo recuerdo

Se cumple un año de la última Pascua de Francisco: el video que conmovió al mundo

El 20 de abril del año pasado durante el Domingo de Pascuas, el Papa argentino realizó su última aparición pública en la Plaza San Pedro. Debilitado, pero firme en su mensaje, dejó un llamado a la paz, la esperanza y la dignidad humana que, con el paso del tiempo, quedó como su legado espiritual más profundo.

El último saludo de Francisco
El último saludo de Francisco

5 Abril de 2026 07.20

Se cumple un año de la última Pascua del Papa Francisco, una jornada que quedó grabada en la memoria de miles de fieles y del mundo entero como el cierre de una vida pastoral marcada por la cercanía con los más vulnerables. El 20 de abril de 2025, durante el Domingo de Pascuas, el pontífice argentino protagonizó su última aparición pública y dejó un mensaje que, con el correr de las horas, adquiriría una dimensión histórica y espiritual aún mayor.

Ante miles de fieles reunidos en la Plaza San Pedro, Francisco se mostró visiblemente debilitado, aunque decidió estar presente en una de las celebraciones más significativas del calendario cristiano. Con un hilo de voz, impartió la tradicional bendición Urbi et Orbi, mientras que el contenido central de su mensaje debió ser leído por un cardenal debido a su delicado estado físico.

Aquella escena, cargada de emotividad, condensó la esencia de la etapa final de su pontificado: fragilidad física, pero una inquebrantable decisión de acompañar a los creyentes hasta el final.

El llamado urgente a la paz

En lo que hoy es leído como su verdadero testamento espiritual, Francisco enfocó su mensaje en los conflictos que atravesaban al mundo y lanzó un llamado urgente por la paz. "Dirijo mi mirada especialmente a los que sufren el horror de la guerra. En este día de luz, ruego por un cese al fuego inmediato en Tierra Santa y Ucrania. No nos acostumbremos al estruendo de las armas. Que el dinero invertido en fabricar instrumentos de muerte se convierta en pan para los hambrientos y medicina para los enfermos. ¡Basta de derramar sangre de inocentes!", dijo.

La contundencia de sus palabras puso en el centro de la escena varios ejes fundamentales:

  • Cese al fuego inmediato en Tierra Santa y Ucrania
  • Rechazo a la naturalización de la violencia
  • Crítica a la inversión en armamento
  • Pedido de destinar recursos al hambre y la salud
  • Defensa de la vida inocente

El mensaje también incorporó su preocupación por los conflictos en África, además de una firme defensa de la libertad religiosa como base indispensable para la paz mundial.

La esperanza como guía

Bajo la consigna "Spes non confundit" ("La esperanza no defrauda"), el Papa profundizó una de las ideas que atravesaron su pensamiento en la última etapa de su vida: la necesidad de sostener la fe como una herramienta para enfrentar tiempos difíciles.

Francisco definió a los creyentes como "peregrinos de la esperanza", una expresión que resumió su invitación a no ceder frente al dolor ni a la resignación. En medio de guerras, sufrimiento y crisis humanitarias, su propuesta fue sostener una mirada activa y compasiva sobre la realidad.

La esperanza, en esa construcción, no apareció como un consuelo abstracto, sino como una responsabilidad concreta de acción y compromiso.

Inclusión, empatía y dignidad humana

Otro de los núcleos centrales de su última Pascua fue el fuerte llamado a la inclusión y la empatía. Francisco insistió en la necesidad de reconocer a Jesús en el rostro de los demás, con una mención especial a migrantes y personas diferentes.

Allí reforzó una idea que sostuvo durante todo su papado: todas las personas comparten la misma dignidad y merecen ser miradas desde la fraternidad, sin exclusiones ni prejuicios. La referencia no fue menor. En un contexto global atravesado por tensiones sociales y desplazamientos humanos, su mensaje se transformó en una exhortación directa a no deshumanizar al otro.

La salud, la Semana Santa y el final

La etapa final de la vida de Francisco estuvo atravesada por un deterioro progresivo de su salud, especialmente por problemas respiratorios que lo habían obligado a reducir su presencia en actividades públicas.

Aun en ese contexto, tomó la decisión de participar de la Semana Santa. Aunque no pudo asistir al Vía Crucis del Viernes Santo, sí apareció el Domingo de Pascuas, en lo que terminaría siendo su despedida definitiva. Horas después de aquella aparición, su estado se agravó. Esa misma noche sufrió un accidente cerebrovascular que derivó en un coma. Finalmente, falleció el 21 de abril de 2025, a los 88 años, tras más de una década de papado.

Las últimas palabras 

Según personas de su entorno, sus últimas palabras fueron tan simples como contundentes: "Acuérdense de los pobres. No se olviden de ellos".

La frase sintetizó con claridad el eje central que marcó toda su vida y su pontificado: la opción permanente por los más vulnerables, la cercanía con quienes sufren y la exigencia moral de no apartar la mirada del dolor ajeno. A un año de aquella última Pascua, su mensaje permanece vigente como una síntesis de paz, esperanza, inclusión y compromiso con los pobres, el mismo legado que eligió dejar en su despedida final.