La tragedia volvió a golpear a una misma familia en Salta. Nueve años después del asesinato de Amira, de 17 años, otra de las hermanas, Natalia Cruz, fue asesinada por su expareja, Orlando Serapio, quien permaneció prófugo durante 11 días hasta ser encontrado escondido en una cueva en la Quebrada del Toro, en un paraje conocido como la "Casa del Diablo".
El caso conmociona a la provincia no solo por la brutalidad del hecho reciente, sino por la historia previa que ya había marcado a la familia. En 2017, la imagen de Natalia llorando por el crimen de su hermana recorrió los medios locales. Hoy, la violencia volvió a atravesar el mismo hogar.
El crimen y la fuga
El martes 17 de febrero, en la localidad salteña de Campo Quijano, Orlando Serapio asesinó a Natalia Cruz, su exesposa y madre de sus hijos. Luego huyó tal como estaba: en remera, pantalón corto y chinelas.
Los propios familiares de Natalia encontraron el cuerpo en su casa, tirado al costado de la cama, con un cable alrededor del cuello y al borde de la muerte. Fue trasladada de urgencia al Hospital Francisco Herrera, pero murió antes de llegar.
Casi en simultáneo, Serapio confesó el femicidio a su exsuegra y escapó. Con la policía y la comunidad de Campo Quijano buscándolo intensamente, logró mantenerse prófugo durante 11 días. Para la familia, la huida prolongada no pudo haberse dado sin ayuda. Azucena Colque, hermana de Natalia y Amira, sugirió la posible complicidad del entorno del acusado.
Finalmente, este fin de semana, la fuga llegó a su fin.
Escondido en la "Casa del Diablo"
El operativo que culminó con la detención de Serapio involucró a más de sesenta efectivos de la División General de Investigaciones del Valle de Lerma, junto a canes especializados llegados desde Catamarca; drones térmicos de la Policía Federal.
El femicida fue encontrado en una cueva cercana a la Estación Diego de Almagro, en plena precordillera salteña, a unos 70 kilómetros de la capital provincial. El lugar es conocido por los lugareños como la "Casa del Diablo".
Al momento de la detención estaba deshidratado, físicamente muy deteriorado y ofreció poca resistencia. Sin embargo, fuentes cercanas a la causa indicaron a El Tribuno que tenía consigo un bidón de agua y una conservadora de alimentos, indicios de que habría estado recibiendo ayuda durante su fuga.
El reclamo de la familia
Tras confirmarse la captura, la familia de Natalia reaccionó con un pedido contundente: prisión perpetua. "Que duerma en las piedras como un asesino", declaró Irene Martínez, madre de la víctima, ante los medios locales. La frase sintetiza la mezcla de dolor, impotencia y exigencia de justicia que atraviesa a la familia.
Azucena Colque, en diálogo con TN, fue aún más clara sobre el impacto acumulado: "Nunca nos recompusimos". Recordó que desde el asesinato de Amira en 2017 "nunca volvimos a ser los mismos". "Éramos cinco hermanas y dos hermanos, todos criados juntos. Fue muy duro. Y volver a pasar por esto...", expresó con la voz quebrada.
Azucena, que se había instalado con su familia en Buenos Aires para alejarse de los recuerdos, regresó a Salta tras el crimen de Natalia. "Le pongo el cuerpo para que esto no pase nunca más", afirmó.
Mientras Serapio permanecía prófugo, la familia vivía bajo consigna policial. "Mi mamá está muy vulnerable, tratamos de cuidarla pero le tuvieron que poner consigna policial. Sentís que el asesino se te va a acercar en cualquier momento. Uno no puede vivir mirando por la ventana", explicó.
Una violencia que se repite
La historia de esta familia ya había quedado marcada en diciembre de 2017. En ese entonces, Amira, de 17 años, fue asesinada a golpes por su novio en el baño de las canchas del barrio San Jorge.
La causa fue investigada como femicidio seguido de suicidio, ya que el agresor, Edgardo Córdova, se quitó la vida en el mismo lugar. En relación con el crimen de Natalia, Azucena fue tajante: "Fue todo premeditado". Según relató, la relación con Serapio estaba terminada desde noviembre del año pasado. Natalia había comenzado a estudiar y trabajar. "Cuando empezó a estudiar y a trabajar, vio que podía sola. Estaba feliz. Me decía: 'Por fin vivo en paz'. Eso a él no le gustó", sostuvo.
De acuerdo con su testimonio, existía una perimetral porque Serapio la acosaba y había abandonado su trabajo para perseguirla. "En el único momento que estuvo sola, hizo lo que quiso, matarla", afirmó.
También describió al acusado como "un manipulador. Un psicópata", y señaló que la familia de él rechazaba a Natalia aun después de 20 años de relación y con hijos en común.
La imputación
El pasado domingo, la fiscal penal de la Unidad de Femicidios, María Luján Sodero Calvet, imputó a Serapio por homicidio calificado por la relación de pareja preexistente y por mediar violencia de género (femicidio), en perjuicio de Natalia Cruz y desobediencia judicial (tres hechos), en concurso real.
Durante la audiencia de imputación, informó el Ministerio Público Fiscal de Salta, el acusado fue asistido por una defensora particular y se negó a declarar, aunque continuará detenido.
Dos hermanas asesinadas por sus parejas en menos de una década. Una familia que no logró recomponerse. Y un femicida encontrado en una cueva inhóspita tras once días de búsqueda. En Salta, el dolor vuelve a instalarse con una fuerza que la familia define como imposible de asimilar.