Beneficios ilegales: 50 condenados por lesa humanidad siguen como retirados
Un informe de la Procuraduría de Investigaciones Administrativas revela que decenas de efectivos con sentencia firme conservan beneficios estatales. Las demoras administrativas impiden la baja definitiva y sostienen un vínculo institucional con el Estado.

La Procuraduría de Investigaciones Administrativas (PIA) ha puesto al descubierto una situación de extrema gravedad institucional y ética dentro del aparato de seguridad y defensa de la Nación. Durante los primeros días de marzo, el organismo publicó un documento de 34 páginas que detalla cómo, desde 2022, se han detectado 78 militares y policías condenados por crímenes de lesa humanidad que nunca fueron dados de baja de sus respectivas fuerzas. A pesar de contar con sentencias penales firmes por los delitos más graves juzgados desde el retorno de la democracia en 1983, estos efectivos permanecen bajo el estatus de retirados.

Esta condición no es una mera formalidad técnica, sino que implica el goce de derechos y prerrogativas que resultan incompatibles con su situación judicial. Al figurar como personal retirado, estos condenados han mantenido el cobro de pensiones, jubilaciones y el acceso a la obra social de las fuerzas. El informe de la PIA subraya que, tras haber comunicado oficialmente esta irregularidad y solicitado las bajas correspondientes, al menos 50 agentes continúan en la misma situación, evidenciando obstáculos administrativos que dificultan la ejecución integral de las penas y sostienen un vínculo institucional que debería haberse cortado de forma inmediata tras la sentencia condenatoria.

El origen de la investigación y el alcance de los casos

La pesquisa de la PIA tuvo su génesis a finales de 2022, motivada por un pedido de colaboración de la Unidad de Asistencia para Causas por Violaciones a los Derechos Humanos durante el Terrorismo de Estado. El requerimiento inicial se centraba en tres casos testigos: dos pertenecientes a la Policía Federal Argentina (PFA) y uno a la Gendarmería Nacional. Sin embargo, al profundizar en la verificación, la procuraduría descubrió que el fenómeno era sistémico y se extendía a las tres Fuerzas Armadas y a diversas Fuerzas de Seguridad. El relevamiento arrojó datos alarmantes sobre la distribución de estos efectivos; por ejemplo, en el Ejército Argentino, al 28 de diciembre de 2023, de los 101 agentes con sentencia firme, 55 permanecían en situación de retiro.

La situación se repite en otras fuerzas: en la Prefectura Naval Argentina había 11 agentes que, al momento de la verificación, seguían en situación de retiro, mientras que en la Armada Argentina se registraron 7 agentes y en la Fuerza Aérea Argentina otros 2 bajo la misma condición. El informe también destaca un dato sombrío: en todas las fuerzas, muchos de los condenados murieron en situación de retiro sin que se tramitara jamás su baja definitiva. Esta inacción administrativa ha permitido que personas sentenciadas por los crímenes más atroces mantengan una relación formal con las instituciones del Estado hasta el final de sus días, desvirtuando el sentido de justicia reparatoria.

La distinción jurídica entre retiro y baja definitiva

Uno de los ejes centrales del informe radica en la diferencia sustancial entre la condición de retiro y la de baja. La investigación deja en claro que el estado de retiro mantiene un vínculo institucional y jerárquico entre el condenado y el Estado argentino. Según fuentes vinculadas a la investigación, esta relación técnica implica que, en teoría, estos exagentes podrían volver a ser convocados por la fuerza, una posibilidad que resulta agravante dado el tenor de sus crímenes. Para la PIA, la adopción de decisiones administrativas que dispongan la baja definitiva no es opcional, sino una consecuencia necesaria de las sentencias penales firmes.

El documento sostiene que esta obligación no se agota en el derecho interno, sino que se inscribe en los compromisos internacionales asumidos por el Estado argentino en materia de derechos humanos. Mantener a estas personas con beneficios estatales constituye una falta respecto del derecho penal y un impedimento para la ejecución plena de las condenas. La procuraduría enfatiza que la baja definitiva es un presupuesto indispensable para que la sentencia se ejecute de manera integral, cortando cualquier lazo de subordinación o beneficio que el criminal pudiera reclamar frente a la institución a la que perteneció.

Cronología de los pedidos de baja y demoras administrativas

A pesar de los esfuerzos de la procuraduría, las gestiones ante los distintos ministerios y jefaturas han encontrado resistencias. Las solicitudes se formalizaron de la siguiente manera: el 27 de octubre de 2023 se pidió la baja de 4 gendarmes y un prefecto; el 5 de diciembre de 2023 se requirió la baja de 2 agentes ante la PFA y de otros 7 ante el Ministerio de Seguridad. En el caso del Ejército Argentino, el 15 de septiembre de 2024 se solicitó la baja de 55 agentes en total. Cabe destacar que el Jefe del Estado Mayor General de esta fuerza al momento de la solicitud era Carlos Presti, quien dejó el cargo en diciembre pasado para asumir como Ministro de Defensa.

Posterior a esa fecha, el 29 de octubre de 2024, se pidió al Jefe del Estado Mayor General de la Armada la baja de 7 agentes y a la Fuerza Aérea la de otros 2. A pesar de estas solicitudes explícitas, en los primeros días de marzo todavía existían demoras sustanciales y obstáculos administrativos inexplicables que mantienen numerosos trámites inconclusos. El hecho de que al menos 50 exagentes sigan figurando como retirados evidencia la existencia de un problema estructural en la efectiva desvinculación institucional de personas condenadas por crímenes de lesa humanidad, una situación que resulta incompatible con las obligaciones jurídicas y éticas del Estado.

Un problema ético y jurídico para el Estado

La conclusión de la Procuraduría de Investigaciones Administrativas es categórica al señalar que esta situación es incompatible con las obligaciones jurídicas y éticas asumidas por el Estado argentino en materia de derechos humanos. Mientras el informe ha sido remitido a todas las esferas de la política nacional, el conocimiento sobre el tema parece ser escaso entre los funcionarios consultados, lo que profundiza la sensación de impunidad administrativa. Las causas de estas dilaciones e impedimentos, en todo caso, deberán ser materia de una investigación futura para determinar las responsabilidades políticas de quienes permiten que estos trámites sigan inconclusos.

Esta situación evidencia la existencia de un problema estructural en la efectiva desvinculación de personas condenadas por los crímenes más graves juzgados desde el restablecimiento del orden democrático. Al no ejecutarse las bajas, el Estado no solo incumple sentencias judiciales, sino que también desoye mandatos internacionales. La persistencia de beneficios para criminales de lesa humanidad socava los principios de justicia y reparación, dejando al descubierto una burocracia que, por acción u omisión, continúa protegiendo el estatus de quienes secuestraron, torturaron y desaparecieron bajo el amparo de las fuerzas que hoy los mantienen en sus registros de retiro.