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Peregrinaron 2.5 millones de persons

García Cuerva en Luján: "Las heridas de la intolerancia están infectando el alma del pueblo"

En su homilía reclamó recuperar los abrazos, el perdón, la solidaridad y el diálogo frente a la descalificación, la violencia y los discursos de odio. Llamó a convertir la peregrinación en una "escuela de fraternidad" para la Argentina.

Mons. Jorge García Cuerva
Mons. Jorge García Cuerva

4 Octubre de 2026 08.48

Ante los fieles que llegaron a la Basílica de Luján, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, pronunció una dura homilía en la que puso el foco sobre las divisiones, la intolerancia y la violencia que atraviesan a la sociedad argentina.

La dimensión de la convocatoria acompañó sus palabras. Según calcularon autoridades locales, más de 2,5 millones de personas llegaron hasta Luján para participar de la peregrinación y encontrarse con la imagen de la Virgen. En ese contexto multitudinario, García Cuerva formuló una de sus principales advertencias: "Las heridas de la intolerancia supuran y se está infectando el alma del pueblo".

El arzobispo vinculó esa situación con las distintas expresiones de descalificación y violencia que, según planteó, afectan los vínculos entre los argentinos. Frente a esa realidad, reclamó recuperar una dimensión más profunda de la convivencia y recordó que el camino de la peregrinación había mostrado una experiencia diferente.

"Cuando caminamos juntos, no le damos lugar a los discursos de odio", afirmó.

Los peregrinos como expresión de una comunidad

García Cuerva destacó especialmente el sentido colectivo de la marcha hacia Luján. En su mirada, cada persona que emprendió el camino no lo hizo únicamente en nombre propio, sino llevando consigo las historias, dolores y pedidos de otros.

"Nadie vino solo, en cada paso trajimos a nuestras familias, a los amigos, al vecino que la está pasando mal, al conocido que perdió el trabajo, a los enfermos, a los que nos pidieron que rezáramos por ellos", expresó. La frase buscó poner en primer plano la dimensión comunitaria de la peregrinación. La multitud reunida en Luján fue presentada por el arzobispo como una expresión concreta de personas que avanzaron juntas y que, durante el trayecto, llevaron consigo a quienes atraviesan distintas dificultades.

Ese carácter compartido del camino fue también el punto de partida para su reclamo por una sociedad capaz de recuperar los vínculos.

"Nuestra Patria tiene muchos abrazos pendientes"

En uno de los tramos centrales de la homilía, el arzobispo sostuvo que "Nuestra Patria tiene muchos abrazos pendientes" y detalló cuáles son, desde su perspectiva, esos encuentros que todavía deben producirse. Habló de "abrazos de perdón ante tanta descalificación e insulto; abrazos solidarios ante tanta indiferencia; abrazos de encuentro ante tanto extravío; abrazos profundos, no protocolares; abrazos del alma".

La imagen del abrazo ocupó así un lugar central en el mensaje. García Cuerva la utilizó como una expresión de la necesidad de recomponer relaciones que, según advirtió, se encuentran afectadas por conflictos y enfrentamientos.

También estableció una comparación con el esfuerzo físico realizado durante la peregrinación. "Así como nos curamos las ampollas, queremos Madre curar los vínculos entre nosotros", expresó ante los fieles. Y volvió a profundizar la advertencia: "Las heridas de la descalificación, de la intolerancia, de la violencia física y verbal ya supuran y parece que se está infectando el corazón del pueblo argentino".

Un camino sin grietas ideológicas

El arzobispo también destacó una característica que encontró en la propia peregrinación: la ausencia de diferencias ideológicas y exclusiones dentro del camino compartido. "En la peregrinación no hay grietas ideológicas ni exclusiones", sostuvo.

Según su planteo, el recorrido produjo una nivelación entre quienes participaron. "El camino nos niveló a todos; caminando, todos gastamos las zapatillas, todos nos cansamos, todos queríamos llegar a la casa de María", expresó.

Para García Cuerva, esa experiencia constituye una enseñanza que trasciende la propia peregrinación. La igualdad de condiciones durante el recorrido permite, según su reflexión, reconocer que las diferencias no deberían impedir una convivencia basada en la fraternidad.

"¡Qué gran lección recibimos!", exclamó. A partir de allí, volvió a cuestionar dos conductas que consideró incompatibles con esa experiencia común: el individualismo y los discursos de odio. "Cuando nos descubrimos caminantes de un mismo pueblo no les damos lugar al individualismo y a los discursos de odio", afirmó.

San Francisco de Asís y la fraternidad

En otro momento de su homilía, García Cuerva llevó su reflexión hacia la figura de San Francisco de Asís, a quien presentó como un símbolo de concordia y fraternidad.

El arzobispo recordó que se celebran 800 años del tránsito de San Francisco de Asís, de su muerte y de su entrada al cielo. "El santo de la concordia y la fraternidad, algunos lo llaman 'el santo del abrazo'", señaló. A partir de esa imagen, enumeró los distintos vínculos que Francisco de Asís abrazó: "Porque abrazó a Cristo, abrazó al leproso, abrazó al lobo, abrazó al sultán. Abrazó a toda la creación, abrazó a sus hermanos". La referencia fue utilizada para reforzar el mensaje central de la homilía: la necesidad de construir vínculos capaces de superar diferencias y exclusiones.

Un llamado a quienes piensan diferente

García Cuerva pidió entonces la intercesión de San Francisco de Asís y planteó una serie de actitudes que, según su propuesta, deberían guiar la convivencia en el país.

"Que San Francisco de Asís interceda por nosotros, que nos enseñe a abrazar a los que piensan distinto, a los más necesitados, a los excluidos, a todos los argentinos", expresó. El pedido fue acompañado por una afirmación sobre las diferencias que existen dentro de la sociedad: "Porque más allá de nuestras legítimas diferencias, somos hermanos, hijos de un mismo padre del cielo".

En ese punto, el arzobispo vinculó nuevamente la experiencia de Luján con una dimensión más amplia, al proponer que la peregrinación pueda convertirse en un aprendizaje colectivo.

"Que esta peregrinación sea, entonces, una escuela de fraternidad para nuestro país", afirmó.

El mensaje quedó además conectado con un acontecimiento próximo: la Argentina se está preparando para la visita del papa León XIV.

María como punto de encuentro

Al cerrar su homilía, García Cuerva volvió sobre la figura de la Virgen y planteó un pedido centrado en la manera de relacionarse entre los argentinos.

"Que María nos enseñe a respetarnos, a perdonarnos, y a dialogar con todos", expresó. La conclusión condensó buena parte de los conceptos desarrollados durante su mensaje: dejar atrás la descalificación, evitar la indiferencia frente al sufrimiento y rechazar el odio.

"Que dejemos de descalificar al hermano, de ser indiferentes con el que sufre y de dar lugar al odio entre nosotros", reclamó.

Y cerró recuperando la experiencia vivida por los propios peregrinos durante el camino: "Porque hemos experimentado en Luján que, en su abrazo maternal, nos reconocemos hermanos".