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Dinámica parlamentaria

Milei acelera reformas con un Congreso alineado y la economía en tensión

El oficialismo logró construir mayorías circunstanciales en el Congreso para avanzar con la reforma laboral y otras iniciativas clave. Mientras se reordena el mapa político —con impacto también en las provincias como Catamarca—, la inflación, la caída salarial y el freno industrial plantean interrogantes sobre la sostenibilidad del respaldo legislativo.

15 Febrero de 2026 07.20

El inicio de las sesiones extraordinarias de 2026 configuró un nuevo escenario político en el país y modificó la dinámica parlamentaria que marcó los primeros años de gestión de Javier Milei. El Congreso dejó de ser el principal obstáculo para el oficialismo, que ahora cuenta con mayorías circunstanciales para impulsar su agenda de reformas estructurales, con efectos directos en todas las provincias, incluida Catamarca.

Durante buena parte de su mandato, La Libertad Avanza necesitó aliados para reunir el tercio necesario que le permitiera blindar vetos y evitar embates institucionales. El desafío actual es distinto: garantizar quórum y sostener mayorías que permitan aprobar proyectos centrales, como la reforma laboral, sin modificaciones.

El reordenamiento político no solo involucró al oficialismo y al peronismo, sino también a bloques intermedios. Sin alterar su agenda ideológica, Milei logró acuerdos pragmáticos con sectores del PRO, la UCR y espacios provinciales, que hoy resultan determinantes en la votación de cada iniciativa.

Sin embargo, este clima favorable en el Congreso no coincide con los últimos indicadores económicos. La aceleración de la inflación, la caída del salario formal, la baja del índice bursátil y el deterioro industrial configuran un escenario que contrasta con el impulso político del Gobierno.

Mayorías en construcción

Tras el último turno electoral, el PJ perdió peso en el Senado aunque conservó la primera minoría. En Diputados, en tanto, se configuró una situación de paridad, con cerca de un centenar de bancas por cada polo. En ese contexto, bloques minoritarios —como Provincias Unidas, el PRO, la UCR y representantes alineados con gobernadores— quedaron en posición decisiva.

Ese movimiento terminó inclinándose hacia el oficialismo en proyectos clave, especialmente la reforma laboral, que obtuvo media sanción en el Senado. La estrategia incluyó introducir puntos accesorios como moneda de negociación para preservar el núcleo del proyecto, centrado en cambios en el cálculo de indemnizaciones, creación de bancos de horas y nuevas modalidades de pago.

El objetivo del Gobierno es que la iniciativa sea aprobada en Diputados sin cambios, para evitar que deba volver al Senado. En las negociaciones intervienen el presidente de la Cámara baja, Martín Menem, y el jefe del bloque oficialista, Gabriel Bornoroni.

En el Senado, la vicepresidenta Victoria Villarruel demoró el envío del proyecto a Diputados, lo que generó malestar en la Casa Rosada.

El nuevo escenario abre además la posibilidad de avanzar en otras reformas pendientes, como la electoral —incluida la eliminación definitiva de las PASO—, la ley de Glaciares, el tratado Mercosur-Unión Europea y un eventual acuerdo bilateral con Estados Unidos.

Reconfiguración opositora

El peronismo atraviesa tensiones internas tras la derrota parlamentaria en la reforma laboral. El interbloque de 28 senadores podría fragmentarse si sectores vinculados a gobernadores del PJ no kirchnerista deciden conformar un espacio propio.

De concretarse esa división, el Senado quedaría en una virtual paridad entre el justicialismo —con alrededor de 23 bancas— y La Libertad Avanza, con 20. Si a estos últimos se sumaran los tres senadores del PRO, la igualdad sería absoluta, y el rol decisivo volvería a quedar en manos de bloques provinciales.

Este reordenamiento político tiene impacto en el equilibrio federal y en la capacidad de negociación de las provincias, que observan de cerca la evolución de las reformas impulsadas desde la Nación.

La economía no acompaña

El respaldo parlamentario contrasta con señales de alerta en la economía.

En el frente cambiario, el dólar continuó a la baja, aunque el Banco Central debió intervenir con compras por 615 millones de dólares en una semana, el mayor monto en un año, para reforzar las reservas exigidas por el FMI.

En el mercado financiero, el S&P Merval cayó a mínimos en tres meses y el riesgo país volvió a superar los 500 puntos, en un contexto de volatilidad internacional.

En cuanto a los precios, la inflación de enero se ubicó en 2,9%, el registro más alto en diez meses. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), los salarios registrados —públicos y privados— cayeron más de 2% en términos reales en 2025. En diciembre, los ingresos subieron 2% nominal frente a una inflación de 2,8%.

El economista Nadín Argañaraz advirtió que, de mantenerse los niveles actuales durante 2026, los empleados privados formales registrarían una caída real de 1%, los empleados públicos nacionales de 4,3% y los provinciales de 1,8%.

El sector industrial también encendió alarmas. La utilización de la capacidad instalada cayó al 53,8% en diciembre, el peor registro en 21 meses. En términos concretos, casi la mitad de la infraestructura productiva permanece ociosa, lo que podría afectar la creación de empleo.

En ese contexto, la Unión Industrial Argentina presentó un plan al ministro de Economía, Luis Caputo, con el objetivo de reactivar el consumo y sostener el programa económico.

Una encuesta de Proyección Consultores indicó que el 70% de los consultados considera que su situación económica empeoró o permanece "igual de mal", y el 60% no espera mejoras en los próximos seis meses.

El oficialismo logró, por ahora, ordenar el Congreso y avanzar con su agenda. La incógnita es si podrá sostener ese respaldo en un contexto económico que aún no muestra señales claras de recuperación y que también impacta en las provincias, donde el termómetro social suele marcar el ritmo de la política.