Murió María Takara de Oshiro, madre de Plaza de Mayo que buscó a su hijo desaparecido durante 50 años
Tenía 95 años y se incorporó a Madres de Plaza de Mayo en 2018. Su hijo Jorge Eduardo fue secuestrado en 1976 y permanece desaparecido. También hubo fallos clave en causas por crímenes de lesa humanidad.

Murió a los 95 años María Takara de Oshiro, integrante de Madres de Plaza de Mayo, quien durante cinco décadas buscó a su hijo Jorge Eduardo, desaparecido durante la última dictadura cívico-eclesiástica-militar en Argentina.

Su hijo, uno de los 17 desaparecidos de la comunidad japonesa en el país, había nacido el 2 de enero de 1958. Fue secuestrado el 10 de noviembre de 1976, a los 18 años, mientras estudiaba en una escuela técnica de Villa Ballester, en el partido bonaerense de San Martín, y militaba en el Partido Socialista de los Trabajadores.

Takara de Oshiro no pudo integrarse en los primeros años a las rondas de Madres de Plaza de Mayo debido a que no hablaba español. Recién en 2018 se sumó formalmente a la organización, acompañada por Nora Cortiñas, con quien participó por primera vez de la tradicional ronda de los jueves en la Plaza.

"Para mí es la primera vez con el pañuelo blanco en la Plaza, frente a ustedes y con el amor de todos ustedes", expresó en ese momento.

A lo largo de su vida, sostuvo una búsqueda constante y participó activamente en los procesos judiciales contra los responsables de crímenes de lesa humanidad. En 2006, tras la reapertura de los juicios, un sobreviviente del centro clandestino de detención de Campo de Mayo declaró haber visto allí a su hijo, lo que incorporó su caso a la megacausa que investiga los delitos cometidos en ese lugar.

En paralelo, en las últimas horas se conocieron avances judiciales en causas vinculadas a la dictadura. La Cámara Federal de Casación Penal confirmó condenas a represores en los expedientes de la ESMA y Campo de Mayo.

En ese marco, se ratificaron las prisiones perpetuas para los pilotos Ángel Delsis Malacalza y Eduardo José María Lance por su participación en los denominados "vuelos de la muerte", y se confirmaron las condenas a otros imputados por crímenes contra mujeres y niños.

El juez Alejandro Slokar, cuyos fundamentos fueron acompañados por otros magistrados, encuadró los hechos dentro de un "paradigma concentracionario", al considerar que estos centros funcionaron como espacios de exterminio sistemático.

La muerte de Takara de Oshiro ocurre en un contexto en el que continúan los procesos de memoria, verdad y justicia en Argentina, con impacto también en las provincias como Catamarca, donde los juicios por delitos de lesa humanidad siguen siendo una referencia en la defensa de los derechos humanos.