• Dólar
  • BNA $1470 ~ $1520
  • BLUE $1525 ~ $1545
  • TURISTA $1911 ~ $1911

23 C ° ST 22.74 °

Unión Radio 91.3 en vivo

Volvió Firmenich con un libro: el montonero que huyó y explica por qué "nadie los entendía"

En un adelanto exclusivo de su libro publicado por Página/12, el exjefe montonero reconstruye en primera persona la historia de una generación marcada por la proscripción del peronismo, los golpes de Estado y la represión. El relato presenta a los jóvenes de los años 60 y 70 como un "tsunami" político.

Mario Firmenich
Mario Firmenich

26 Julio de 2026 11.00

Mario Firmenich volvió a ocupar el centro de la escena con la publicación de un adelanto de su libro, en el que reconstruye en primera persona el recorrido de la generación que terminó protagonizando el fenómeno montonero. El exjefe de Montoneros parte de una frase que Juan Domingo Perón había pronunciado en los años 50 para explicar el peso que tendrían las nuevas generaciones en el futuro político argentino.

"Clase de primera elección con los obreros. La segunda con las mujeres. La tercera la ganaré con los niños", había anticipado Perón. En 1973, según la reconstrucción que realiza Firmenich, aquella profecía se cumplió con la incorporación masiva de jóvenes al padrón electoral.

"En el padrón electoral de 1973 hubo dos millones de votantes nuevos, con edades comprendidas entre 18 y 25 años", escribe. Y define a esa generación como la de quienes habían sido "los únicos privilegiados" del gobierno peronista derrocado sangrientamente en 1955.

Desde esa perspectiva, el relato de Firmenich busca explicar cómo se formó una generación que, durante su infancia, recibió los beneficios de un Estado que promovía políticas sociales y que luego creció en un país atravesado por la proscripción, la violencia política y la interrupción de los gobiernos constitucionales.

La infancia que el Estado cuidó y luego fue borrada

Firmenich recuerda los primeros años de su generación como una etapa marcada por los beneficios socioeconómicos de un gobierno nacional y popular. Según su relato, el Estado de la Revolución Justicialista destinó importantes recursos a la educación, la atención médica y la alimentación de los niños.

"Invirtió en infraestructura para nuestro desarrollo deportivo, para nuestras vacaciones en las playas y en las zonas en familia y para que tuviéramos juguetes para nuestro esparcimiento infantil", detalla.

Durante una década, afirma, "millones de niños, sin discriminación alguna, fuimos el objetivo de una política de Estado para el desarrollo social cuyo lema era 'Los únicos privilegiados son los niños'".

Pero esa experiencia se modificó abruptamente en septiembre de 1955. "De un día para el otro nos cambiaron los libros de lectura de la escuela primaria", relata. El presidente de la Nación, que había sido homenajeado como "El Primer Trabajador", pasó a ser presentado oficialmente como "el tirano prófugo".

La transformación también alcanzó a Eva Perón. La mujer que había sido reconocida como "la Abanderada de los Humildes" y honrada como "Jefa espiritual de la Nación" después de su fallecimiento fue, según Firmenich, borrada de todos los espacios oficiales. Incluso desapareció su cadáver sin que existiera una explicación sobre su destino.

Para referirse a ella, señala, se utilizaba el término "mujer-zuela". Las fotografías de ambos fueron arrancadas o tachadas de los libros y quedó legalmente prohibido pronunciar o escribir sus nombres y apellidos.

Crecer entre golpes, proscripciones y resistencia

A partir de ese momento, Firmenich describe una década en la que su generación fue sometida a un discurso oficial diferente en todos los ámbitos educativos y en los medios de prensa escrita, radial y televisiva. Al mismo tiempo, sostiene que los beneficios que habían marcado su infancia comenzaron a desaparecer.

"Crecimos siendo teóricos de golpes de Estado reiterados, elecciones legítimas anuladas antidemocráticamente y enfrentamientos serrados estrictas para el uso del Ejército nacional", escribe.

La descripción que realiza incluye una sucesión de episodios de resistencia de una mayoría popular proscripta. Entre ellos menciona:

  • El voto en blanco.
  • Los sabotajes con bombas.
  • Las huelgas.
  • Los planes de lucha sindicales.
  • La represión policial y militar como consecuencia trágica de esos enfrentamientos.

"Ante cada elección se repetía la fraudulenta maniobra de proscribir 'porque sí' cualquier candidatura sospechosa de tener algo que ver con 'el tirano prófugo'", denuncia.

En 1965, agrega, apareció la "novedad" política del neo-peronismo. Según su relato, se legalizaba cualquier partido que representara un distanciamiento crítico de Perón, mientras continuaba la exclusión del peronismo combativo y revolucionario.

El error de no ver a los jóvenes

Firmenich ubica en 1966 otro punto de inflexión. El régimen seudodemocrático, afirma, se encontraba en decadencia y el gobierno radical de Arturo Illia era presentado por la prensa política como políticamente muerto. La figura presidencial era ridiculizada en viñetas que lo dibujaban como una tortuga.

En ese contexto, sostiene, se planificó la dictadura de 1966 sin tener en cuenta qué haría la generación que comenzaba a alcanzar la mayoría de edad. "Los que cumplieron sus 18 años en el 65 después de marzo, y todos los que los cumpliríamos de 1966 en adelante, veíamos la decadencia de aquel gobierno surgido de elecciones proscriptivas sin que hubiéramos votado", explica.

Para esos jóvenes, no resultaba imaginable una elección sin la proscripción del peronismo. Además, sabían que tampoco participarían en las elecciones previstas para 1967 y 1969. Según Firmenich, la llegada de un nuevo golpe de Estado era considerada una cuestión de tiempo.

"La perspectiva era que el peronismo combativo y revolucionario seguiría proscripto", señala. La eventual habilitación del neoperonismo no generaba ilusión, entusiasmo ni esperanza. Y formula una de las afirmaciones más duras de su relato: "Para los estrategos gorilas, nuestra generación políticamente no era nada". Según Firmenich, esa consideración continuó vigente incluso en 1971, cuando la dictadura comenzó su retirada.

El terremoto político que la dictadura no supo interpretar

El Cordobazo, el Rosariazo, el Tucumanazo, el Mendozazo y la irrupción de las organizaciones revolucionarias armadas, escribe Firmenich, habían terminado con el sueño de una dictadura sin límite de tiempo. Sin embargo, sostiene que, pese a la magnitud de esa transformación política, la dictadura planificó su retirada ignorando que la nueva realidad revolucionaria estaba protagonizada por una generación política completamente nueva.

La dictadura de Lanusse convocó a elecciones e impuso un sistema de segunda vuelta. Según la interpretación que Firmenich atribuye a los comentarios políticos de la época, se calculaba que el peronismo obtendría alrededor del 35% de los votos en la primera vuelta.

El razonamiento partía de la idea de que la realidad sociopolítica de 1973 sería similar a la de las elecciones de 1965. Por eso, confiaban en que el candidato de la UCR, Ricardo Balbín, sería el presidente democrático posterior a la dictadura y que la segunda vuelta garantizaría el triunfo con el respaldo de los partidos de derecha.

Pero, para Firmenich, el cálculo tenía un error central: no había considerado a los millones de jóvenes que se incorporaban al padrón electoral y a la población activa.

"Nadie se vio venir el tsunami de la generación montonera"

"Nadie tuvo ninguna preocupación política por los millones de jóvenes que nos incorporábamos a la población activa y al padrón electoral", advierte Firmenich.

Según su interpretación, tampoco se tuvo en cuenta que esos jóvenes habían crecido observando la represión de una democracia liberal proscriptiva. "No se imaginaron que, para nuestros ojos infantiles, aquellos hechos eran imperdonables", afirma. Tampoco, sostiene, se preocuparon por saber qué orientación tendría el voto de esa generación en 1973.

El 17 de noviembre de 1972, durante las movilizaciones del "Luche y Vuelve" y el retorno de Perón, Firmenich recuerda la aparición masiva de una Juventud Peronista que vitoreaba a Montoneros.

Allí ubica una de las claves de su explicación histórica. "Ningún analista lograba explicar por qué, siendo revolucionarios, éramos peronistas. Superficialmente decían que creíamos en Perón porque no lo conocíamos", escribe.

La respuesta de Firmenich aparece condensada en la frase que da sentido al relato: "Nadie se vio venir el tsunami de la generación montonera". Según su reconstrucción, aquella generación había sido formada por la experiencia de una infancia marcada por políticas sociales, una adolescencia atravesada por la proscripción y una juventud desarrollada entre golpes de Estado, represión y crisis institucional. La llegada de 1973 significó, en su interpretación, la irrupción política de millones de jóvenes que no habían sido contemplados por los cálculos de quienes diseñaron la transición desde la dictadura.

Ese "tsunami" de la generación montonera, concluye Firmenich, terminó modificando el escenario político argentino y cambió la historia del país para siempre. El relato deja planteada, al mismo tiempo, una pregunta que atraviesa el regreso público del exjefe montonero: si la reconstrucción de aquella experiencia implica también una autocrítica sobre la violencia o si se trata, exclusivamente, de una explicación histórica desde la perspectiva de quienes protagonizaron ese proceso.