En un mercado saturado de opciones, la decisión de compra no debe basarse únicamente en el precio o la estética del empaque. La seguridad alimentaria comienza en el momento exacto en que el consumidor toma un producto de la góndola. Bajo esta premisa, el Ministerio de Salud de la provincia, actuando a través de su Dirección de Calidad Alimentaria, ha emitido una serie de recomendaciones críticas destinadas a proteger la salud pública mediante el consumo responsable e informado.
¿Qué estamos comprando realmente?
La primera línea de defensa para cualquier ciudadano es la lectura atenta de la etiqueta. Este elemento no es un simple requisito legal, sino la hoja de vida del alimento. Según la autoridad sanitaria, antes de concretar la compra, es imperativo verificar que el rótulo presente de forma clara y precisa los siguientes datos técnicos:
Denominación de venta: Es la descripción técnica que define qué es el producto, evitando confusiones sobre su naturaleza real.
Lista de ingredientes: Un desglose detallado de los componentes, fundamental para detectar alérgenos o aditivos.
Contenido neto: La cantidad exacta de producto que se está adquiriendo.
Origen del producto: Información sobre la procedencia geográfica del alimento.
Nombre y dirección del elaborador: La identificación física de quién es el responsable legal de la producción.
Fecha de vencimiento: El límite temporal que garantiza que el alimento es apto para el consumo humano sin riesgos.
Los números que salvan vidas
Más allá de la información comercial, existen códigos que funcionan como un sello de garantía estatal. El Ministerio de Salud enfatiza que todo alimento, para ser comercializado legalmente y con seguridad, debe exhibir sus registros de aprobación. Estos números son la evidencia de que el producto ha sido sometido a controles y ha sido aprobado por la autoridad sanitaria competente.
Los registros obligatorios se dividen según su alcance:
RNE (Registro Nacional de Establecimientos) o RPE (Registro Provincial de Establecimientos): Certifican que la planta donde se fabricó el alimento cumple con las condiciones de higiene y seguridad.
RNPA (Registro Nacional de Productos Alimenticios) o RPPA (Registro Provincial de Productos Alimenticios): Avalan específicamente la fórmula y el proceso del producto en cuestión.
La ausencia de estos códigos implica que el alimento circula fuera del sistema de control oficial, lo que representa un riesgo potencial para quien lo consume.
Señales de alerta
La Dirección de Calidad Alimentaria es tajante respecto a las condiciones físicas del envase. La integridad del envoltorio es tan importante como su contenido. En este sentido, se recomienda bajo ninguna circunstancia consumir o adquirir productos que presenten las siguientes irregularidades:
Sin etiqueta: Un producto anónimo es un producto de riesgo desconocido.
Rótulos rotos, sucios o ilegibles: La falta de claridad en la información impide conocer datos vitales como la fecha de vencimiento o los ingredientes.
Etiquetas superpuestas o alteradas: Estas maniobras suelen ocultar información original, como vencimientos caducados o cambios en la procedencia, constituyendo una falta grave a la seguridad alimentaria.
La responsabilidad del consumidor
La vigilancia sanitaria no termina en las inspecciones estatales; se completa con un consumidor alerta. Al exigir que la etiqueta contenga el nombre y dirección del elaborador, así como su origen, la comunidad ejerce su derecho a la transparencia. La seguridad no es opcional, y la verificación de los datos en el punto de venta es la herramienta más eficaz para prevenir enfermedades transmitidas por alimentos.