Catamarca inició el Año Jubilar por el Bicentenario del Natalicio del Beato Esquiú
Con una multitudinaria celebración en el templo San Pedro de Alcántara, la diócesis dio comienzo al Año Jubilar Diocesano en homenaje al ilustre fraile catamarqueño, bajo el lema "apóstol y ciudadano, servidor de unidad". El tiempo jubilar se extenderá hasta mayo de 2027.

En un clima de profunda alegría, recogimiento espiritual y marcado espíritu sinodal, la Iglesia Diocesana de Catamarca dio inicio formal al Año Jubilar por el Bicentenario del Natalicio del Beato Mamerto Esquiú, una celebración que se extenderá hasta el 11 de mayo de 2027. La ceremonia de apertura tuvo lugar durante la noche de este sábado 10 de enero, vísperas de la Fiesta del Bautismo del Señor, en el templo San Pedro de Alcántara de la comunidad franciscana.

Bajo el lema "Beato Mamerto Esquiú, apóstol y ciudadano, servidor de unidad", la diócesis comenzó a transitar un tiempo de gracia especial en torno a la figura de este fraile franciscano y obispo, profundamente ligado a la historia religiosa, social y política de Catamarca y de la Argentina. La celebración coincidió, además, con el 143° aniversario del fallecimiento del Beato Esquiú y con el Año Jubilar concedido por el Papa Francisco por los 800 años del nacimiento de San Francisco de Asís, fundador de la Orden Franciscana.

 

El templo fue colmado por una gran cantidad de fieles, devotos y peregrinos, entre ellos un nutrido grupo que llegó caminando desde Piedra Blanca, tierra natal del Beato Mamerto Esquiú. La peregrinación estuvo acompañada por su párroco, el padre Carlos Robledo, y por autoridades municipales, encabezadas por la intendenta de Fray Mamerto Esquiú, profesora Alejandra Benavídez.

 

La celebración eucarística se inició con el ingreso solemne de la imagen del Beato Mamerto Esquiú y fue presidida por el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč, quien estuvo acompañado por el vicario general, padre Julio Murúa; el provincial de la Provincia Franciscana de la Asunción, fray Emilio Andrada; el guardián y rector del templo San Pedro de Alcántara, fray Julio Bunader; y numerosos sacerdotes de la diócesis y de provincias hermanas, especialmente miembros de la familia franciscana que se sumaron para este acontecimiento.

 

También participaron autoridades civiles, entre ellas el senador por Capital y presidente provisional del Senado, Dr. Ramón Figueroa Castellanos.

Al inicio de la Eucaristía, el padre Marcelo Amaya dio lectura al decreto episcopal mediante el cual el obispo convoca oficialmente a la diócesis a vivir este Año Jubilar Diocesano. En su homilía, Mons. Urbanč explicó el significado del lugar elegido para la apertura: "Hemos querido comenzar este Año Jubilar en este solar, porque acogió a nuestro Beato Esquiú la mayor parte de su vida, desde los 10 años, cuando inició su formación humanística, y desde los 16 como postulante de la orden franciscana".

El obispo repasó la trayectoria del Beato Mamerto Esquiú, desde su ordenación sacerdotal a los 22 años, su labor docente y predicadora, hasta su compromiso con la vida pública de la provincia, especialmente a partir del histórico sermón de 1853, y su posterior decisión de alejarse de su tierra natal para vivir con mayor profundidad el espíritu misionero franciscano.

En relación con la liturgia del Bautismo del Señor, Mons. Urbanč reflexionó sobre el significado del bautismo de Jesús en el Jordán y lo vinculó con la figura del Beato Esquiú, a quien definió como un auténtico "siervo sufriente con Jesús". Destacó tres ejes centrales: la solidaridad de Dios, la identidad revelada de Jesús como Hijo amado y el compromiso que surge del propio bautismo de los fieles.

 

"Nuestra fe no puede ser algo privado u oculto", afirmó el obispo, y recordó que Esquiú supo vivir esa fe con coherencia, llevándola al ámbito social y político sin perder su identidad evangélica. En ese marco, invitó a renovar las promesas bautismales y a preguntarse por el compromiso personal con los que sufren.

Hacia el final, Mons. Urbanč pidió que, como fray Mamerto, los catamarqueños pongan "toda su confianza en la Virgen del Valle, nuestra Madre, que está con nosotros para tranquilizarnos en las adversidades y fortalecer nuestra esperanza".

Antes de la bendición final, el provincial franciscano fray Emilio Andrada agradeció al obispo, a las autoridades civiles y especialmente a los fieles peregrinos. Destacó el lema del Año Jubilar como una síntesis fiel de la vida de Esquiú y pidió oraciones por su pronta canonización.

 

Tras la misa, la celebración continuó con un acto cultural en la explanada del templo, dando inicio a un camino jubilar que marcará la vida espiritual de la diócesis durante los próximos años.