Hay expresiones que forman parte del lenguaje cotidiano y que, sin embargo, esconden una mirada cargada de prejuicios. "Esto es un cottolengo" es una frase utilizada habitualmente en Argentina para describir una situación de caos y desorden. Pero una recorrida por el Cottolengo Don Orione, en Claypole, permite encontrar una realidad completamente diferente.
Noticias Argentinas (NA) visitó la institución en la previa de la llegada del Papa León XIV, prevista para el lunes 9 de noviembre, y pudo conocer el funcionamiento de un espacio que desde hace 90 años sostiene una misma misión: brindar calidad de vida y felicidad a personas con discapacidad.
El Cottolengo funciona en un predio de 50 hectáreas, ubicado en Claypole, partido de Almirante Brown. Allí viven 410 residentes de manera permanente, mientras que alrededor de 400 empleados desarrollan sus tareas cotidianas. Pero para quienes trabajan en la institución, la palabra "empleados" resulta insuficiente: son también amigos y familia para quienes viven allí.
Además de los hogares permanentes, el predio cuenta con un centro terapéutico que atiende a unas 100 personas más y una escuela especial.
Noventa años de una misión
La historia de la institución comenzó con San Luis Orione, quien colocó la piedra fundamental el 28 de abril de 1935. En aquel momento ordenó que dentro de la construcción se colocara un ladrillo traído desde la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro. La inauguración se produjo el 21 de mayo de 1936. Desde entonces, la institución mantiene la misión que la impulsó desde sus comienzos.
Orione sostenía una idea que sintetizaba el sentido de la obra: allí a nadie se le preguntaría su nombre, sino solamente si tenía un dolor. Desde el año 2000, además, el santuario ubicado dentro del predio conserva el corazón de San Luis Orione, como parte de una historia que atraviesa las nueve décadas de funcionamiento de la institución.
El padre Aníbal Quevedo, sacerdote de la obra Don Orione y consejero provincial de los Cottolengos de Argentina, Uruguay y Paraguay, explicó que un Cottolengo es una institución perteneciente a la obra Don Orione donde se brinda un servicio denominado técnicamente hogar permanente para personas con discapacidad y centro de día.
Pero, según el sacerdote oriundo de la provincia de Chaco, existe una particularidad que define por qué se realiza diariamente esa tarea. "La particularidad que tiene Don Orione es el porqué hacemos lo que hacemos: entendemos que esto es lo que nos pide el Evangelio, queremos hacer el bien", afirmó.
De cubrir necesidades básicas a buscar la felicidad
La concepción de la institución fue cambiando junto con las necesidades de las personas que viven allí. En sus primeros tiempos, explicó Quevedo, brindar lo necesario podía significar un plato de comida, un techo y una atención médica mínima.
Hoy, el objetivo es mucho más amplio: ofrecer calidad de vida. Eso implica conocer a cada persona, saber cuáles son sus gustos, sus deseos y sus ideas, para poder ofrecer aquello que necesita de acuerdo con sus posibilidades.
El sacerdote vinculó esta mirada con las palabras de Jesús en el Evangelio: "Lo que hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo". Desde esa perspectiva, la persona vulnerable, aquella que tiene límites y necesita ayuda y apoyo, es entendida como Jesús. Por eso, sostuvo Quevedo, el objetivo del Cottolengo es ofrecerle lo mejor posible y, en definitiva, buscar que las personas con discapacidad puedan ser felices.
Un día entre talleres, música y actividades
La recorrida de NA permitió observar cómo transcurre un día dentro de la institución. Lo primero que aparece al ingresar es un paisaje compuesto por áreas verdes, distintos tipos de árboles y el sonido de los pájaros, en un entorno caracterizado por la paz y la tranquilidad.
Los 410 residentes participan de diversas actividades, entre ellas talleres de:
- Cocina.
- Baile.
- Reciclaje.
- Jardinería.
- Información y actualidad.
- Cerámica.
- Elaboración de cuadernos y figuras.
También realizan caminatas y participan de misa.
Durante la visita realizada el viernes anterior, NA pudo observar a residentes bailando rock & roll, preparando budines de chocolate y vainilla, realizando piezas de cerámica y confeccionando cuadernos y figuras, entre ellas un elefante y una jirafa, en el taller de reciclaje.
La actividad cotidiana busca así que cada persona pueda desarrollar intereses, participar, expresarse y construir una vida dentro de la institución que no quede reducida a la atención de sus necesidades básicas.
Hablar de inflación y debatir sobre la realidad
El padre Quevedo está a cargo del taller de información y actualidad, una actividad que muestra de manera particular la intención de conocer y escuchar a quienes viven en el Cottolengo. La dinámica consiste en que los residentes lleven los temas que escucharon en televisión y que les llamaron la atención. Luego, esos asuntos se ponen en común para conversar y debatir.
Entre los temas que llegan al taller aparece incluso la inflación, junto con distintos asuntos de la realidad actual. "Ponemos los temas en la mesa, conversamos y debatimos", explicó el sacerdote.
Para Quevedo, esa participación forma parte de la vida cotidiana de una persona con discapacidad dentro del Cottolengo y expresa la idea de que quienes viven allí son personas con intereses, pensamientos, sueños e historias propias.
"Viven personas con ideales, con sueños, con historias, no son un tratamiento, un remedio caro, no son cien pañales por mes. Son personas", remarcó.
Cómo se sostiene la institución
El funcionamiento del Cottolengo también está atravesado por la realidad económica del sistema de discapacidad. Quevedo explicó que la institución se financia básicamente a través de programas de salud, dado que las personas que viven allí son afiliadas a obras sociales.
Entre las principales fuentes mencionó:
- PAMI.
- Incluir Salud.
- PAMI no contributivo.
- En determinados casos, obras sociales provinciales.
Según explicó, de las tres primeras, PAMI es la que presenta mejores condiciones, mientras que la utilización de obras sociales provinciales modifica el escenario de acuerdo con cada caso. A esos recursos se suman donaciones extraordinarias y un ejercicio de fundraising, destinado a captar aportes económicos, bienes o voluntarios para sostener las necesidades de la institución.
Entre las necesidades concretas mencionadas aparece la compra de elementos específicos, como un carro destinado al traslado de la comida.
La discapacidad, una realidad que atraviesa al Cottolengo
La visita de León XIV se producirá en un momento en que el sector de la discapacidad en Argentina se encuentra en plena discusión política, en particular por los recortes sufridos por el área en el Presupuesto 2027.
Quevedo definió la situación nacional como compleja y sostuvo que el Cottolengo atraviesa las mismas dificultades que el resto de las instituciones del sector. Mencionó la Ley 24.901, que en su momento representó un avance en Latinoamérica y establece la obligación de los prestadores de ofrecer los servicios que necesita una persona, aunque señaló que posteriormente su aplicación no siempre se cumple o se cumple de manera parcial.
En ese contexto, destacó la importancia del nomenclador, al que definió de manera básica como una lista de precios para las prestaciones. La preocupación del sacerdote es que, si desaparece el nomenclador, las personas puedan terminar teniendo diferentes niveles de acceso a las prestaciones, cuando actualmente ese acceso está garantizado por ese mecanismo.
"Somos una organización sin fines de lucro, entonces el superávit del ejercicio lo invertimos en la institución y en eso estamos complicados", explicó.
También señaló que el Cottolengo atravesó momentos más difíciles durante marzo y la época de Semana Santa, debido al atraso en los pagos. Actualmente, indicó, existe un mayor dinamismo, pero las prestaciones se van achicando y eso obliga a invertir más en las necesidades que continúan existiendo.
Una institución que elige el perfil bajo
Frente a la situación del sector, Quevedo remarcó que el Cottolengo mantiene un perfil bajo, sin buscar convertirse en un espacio de confrontación política.
"No me van a ver disparando improperios o descalificando a las personas", señaló. La institución, explicó, procura trabajar por sus residentes sin una relación proselitista o partidaria.
"Nosotros no somos opositores a nadie ni a nada", afirmó. Su definición es que el Cottolengo lleva 90 años trabajando con las personas que viven allí, con el mayor número de residentes en Argentina, y que su tarea consiste precisamente en dedicarse a eso. Desde esa perspectiva, interpretar su posición como una forma de oposición representa, según el sacerdote, "una mirada muy sesgada".
La visita de León XIV y la visibilización de la discapacidad
En este contexto llegará León XIV al Cottolengo Don Orione el lunes 9 de noviembre. Para Quevedo, la presencia del Papa representa una oportunidad extraordinaria para visibilizar una realidad que considera históricamente relegada.
"La visita del Papa significa una visibilización, que me parece que nunca tuvimos", sostuvo, y señaló que el interés mediático generado por la visita permitió que el Cottolengo y el sector de la discapacidad fueran consultados sobre diferentes cuestiones. Según su mirada, la discapacidad es un sector invisibilizado y el Cottolengo también. La llegada del Papa modificó esa situación y generó una atención que antes no se producía.
El sacerdote interpreta además la visita desde la misión original de Don Orione: acercar a las personas al Papa y mostrar, mediante las obras, que es la Iglesia la que realiza ese trabajo. "Nosotros somos la Iglesia que hace 90 años está haciendo este servicio", explicó.
"Que las personas estén en el centro"
Para Quevedo, una de las claves interpretativas de la visita está en el punto 16 de la encíclica mencionada por el sacerdote, donde León XIV invita a las personas de buena voluntad a comprometerse con una sociedad que tenga a Dios en el horizonte y a las personas en el centro de las decisiones.
Esa distinción resulta central para su mirada: no poner en el centro las maneras de pensar, sino a las personas. El sacerdote espera que la presencia del Papa ayude a visibilizar lo que ocurre con la discapacidad en Argentina, pero también que genere una reflexión social sobre la responsabilidad individual frente a esa realidad.
La pregunta, según expresó, es qué está haciendo cada persona frente a la discapacidad: cómo se relaciona, cómo se maneja y qué aporte puede realizar. Ese aporte, explicó, no necesariamente se limita a recursos materiales. También significa dedicar tiempo, acompañar, escuchar y ayudar.
Familias, acompañamiento y una deuda social
Una de las dimensiones más delicadas de la realidad del Cottolengo está vinculada con las familias. Quevedo explicó que la mayoría de los residentes no tiene familia y que, entre quienes sí la tienen, existen numerosos casos en los que, por diferentes motivos, los familiares no están comprometidos.
Por eso, la tarea de la institución también supone cuidar, acompañar y ayudar a sanar heridas de la vida y situaciones que atravesaron las personas que hoy viven allí. El sacerdote considera que la sociedad todavía tiene un pendiente en la manera de mirar a las personas con discapacidad. También recordó cómo fue cambiando la terminología utilizada: primero "discapacitado", luego "capacidades especiales" y actualmente "personas con discapacidad", después de que los términos anteriores fueran considerados estigmatizantes.
Pero para Quevedo el cambio de palabras no alcanza si no se transforma también la mirada sobre la persona.
"Que la alegría sea de todos"
La visita pastoral de León XIV comenzará en el Cottolengo Don Orione el lunes 9 de noviembre. Para Quevedo, esa instancia tiene un significado diferente del resto de la agenda protocolar del Papa.
"Lo otro es protocolar, es formal, son autoridades, esto es lo pastoral", explicó. Por eso, considera que el reconocimiento que supone la llegada del Sumo Pontífice no debe quedar circunscripto a la obra Don Orione.
La alegría, insistió, debe ser de las personas con discapacidad, las familias y quienes trabajan con personas con discapacidad.
Se trata, en su mirada, de un reconocimiento y de un encuentro especial, pero también de un aliento y una interpelación. La visita de León XIV llegará así a una institución que lleva nueve décadas intentando convertir una convicción religiosa en una tarea concreta: poner a la persona en el centro, conocerla, acompañarla y buscar su felicidad.
Y, para el padre Aníbal Quevedo, el verdadero desafío que deja la llegada del Papa no termina en el Cottolengo. La pregunta se extiende hacia toda la sociedad: qué está haciendo cada uno frente a la discapacidad y qué puede aportar para acompañar, escuchar y ayudar.
Ese es, finalmente, el sentido que el sacerdote espera que tenga la visita: "un aliento para cada uno y una interpelación a la sociedad para que todos podamos aportar lo mejor para la discapacidad".