Día de los Abuelos: entre el disfrute sin ataduras y la alerta por la sobrecarga del cuidado
La celebración del 26 de julio pone en el centro una discusión sobre el rol de los abuelos y los límites del cuidado familiar. Especialistas destacan los beneficios del vínculo intergeneracional, pero advierten que la sobrecarga puede afectar la autonomía, la salud y la vida social de las personas mayores.

El Día de los Abuelos se conmemora este 26 de julio en Argentina con una discusión que excede el carácter ceremonial de la fecha. Especialistas en gerontología, psicología y salud mental advierten que la abuelidad puede convertirse en una etapa de disfrute, transmisión de experiencias y compañía, pero deja de ser saludable cuando se transforma en una obligación que absorbe el tiempo, limita la autonomía y desplaza el cuidado personal. 

El debate se inscribe en una realidad más amplia del envejecimiento. Después de la jubilación, una persona puede tener por delante entre 20 y 30 años más de vida. Ese período, señalan los expertos, puede estar atravesado por nuevos proyectos, vínculos, actividades y aprendizajes. En ese contexto, la relación con los nietos puede enriquecer a ambas generaciones, aunque no debería implicar la cancelación de proyectos propios, la vida social ni la atención de la salud.

La fecha se celebra en homenaje a San Joaquín y Santa Ana, reconocidos por la tradición cristiana como los padres de la Virgen María y abuelos de Jesús. En la Argentina, esa referencia religiosa dio forma a una conmemoración destinada a reconocer el lugar de las personas mayores dentro de las familias y, al mismo tiempo, a abrir una discusión sobre qué significa ser abuelo en la actualidad.

Una etapa de disfrute, experiencia y transmisión

Para Graciela Spinelli, gerontóloga del Centro Los Pinos, uno de los rasgos distintivos de la abuelidad es la menor carga de responsabilidad en comparación con la crianza parental.

"La abuelidad, cuando llega, puede ser una etapa de total disfrute, ya que esa relación no está cargada del peso de la responsabilidad que se tiene al ser padre", explicó. La diferencia entre ser padre y ser abuelo aparece así como un elemento central en la experiencia. La posibilidad de compartir tiempo con los nietos sin asumir necesariamente la responsabilidad permanente de la crianza puede permitir una relación basada en el disfrute, el acompañamiento y el intercambio.

Pero el vínculo también tiene una dimensión emocional y social que alcanza a ambas generaciones.

Myriam Mitrece, doctora en Psicología y profesora en la Universidad Católica Argentina, sostuvo que el contacto frecuente entre abuelos y nietos influye en el desarrollo emocional y social tanto de los más chicos como de las personas mayores.

La especialista, que además es asesora técnica en el Instituto para el Matrimonio y la Familia de la UCA, describió un intercambio de doble vía. Los jóvenes incorporan referentes afectivos, valores vinculados con la historia familiar y un sentido de pertenencia. Los mayores, en tanto, encuentran compañía, energía vital y sentido de vida.

La experiencia como legado 

Spinelli vinculó la etapa de la vejez con la teoría del ciclo vital de Erik Erikson, quien planteó que en ese momento de la vida aparece una lógica de trascendencia, un "más allá de mí".

Desde esa perspectiva, la experiencia acumulada puede volcarse sobre quienes están dispuestos a escucharla. "La experiencia y el saber se ponen así al servicio de aquellos que quieren escucharlo. Quienes saben atesorarlo capitalizan experiencias que luego serán valiosas para tomar decisiones en su propia vida", afirmó la gerontóloga.

La transmisión de ese conocimiento no implica necesariamente una obligación ni una carga. Por el contrario, aparece como una posibilidad de compartir experiencias y construir un vínculo en el que las generaciones se enriquecen mutuamente.

Sin embargo, los especialistas advierten que la relación puede perder ese carácter cuando el cuidado se convierte en una imposición permanente.

La advertencia por los "abuelos esclavos"

El reconocimiento del valor del vínculo entre abuelos y nietos no elimina la necesidad de establecer límites. Spinelli advirtió que la satisfacción asociada al rol puede erosionarse cuando las personas mayores quedan a cargo de sus nietos por presión familiar o cuando esa tarea ocupa por completo su vida cotidiana.

"El rol de abuelo debe ser el del disfrute sin ataduras. Cuando las personas mayores se ven a cargo del cuidado de nietos por imposición o cuando esta tarea invade por completo su tiempo o su vida, deja de ser satisfactoria", sostuvo.

La especialista definió esta situación como la de los "abuelos esclavos". "Muchas veces esto lleva a descuidar la propia salud, a no poder desarrollar ni disfrutar una vida social y a sentirse condicionados. Esa presión termina manifestándose en síntomas clínicos", explicó.

La advertencia pone el foco en una situación en la que el rol familiar termina desplazando la identidad personal. La persona mayor deja de disponer de tiempo para sus propios intereses y proyectos, y queda condicionada por una obligación de cuidado que no necesariamente eligió.

Spinelli también cuestionó que la identidad de las personas mayores quede reducida exclusivamente al hecho de tener nietos. Muchas personas esperan la jubilación para estudiar, viajar, emprender, participar en actividades comunitarias o construir nuevas redes sociales.

La trascendencia, remarcó, no depende únicamente de tener nietos ni de los lazos de sangre.

La soledad y sus consecuencias sobre la salud

El aislamiento constituye otro de los ejes centrales del debate sobre el envejecimiento. Un estudio publicado en la revista BMC Medicine, basado en más de 450.000 personas del Reino Unido, analizó cinco componentes de la conexión social:

  • La confianza en alguien cercano.
  • La soledad.
  • La frecuencia de visitas de amigos y familiares.
  • La participación semanal en actividades grupales.
  • El hecho de vivir solo.

La investigación encontró que, entre quienes viven solos, la falta de visitas de personas cercanas eleva el riesgo de mortalidad. También detectó un aumento del riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares entre quienes se encontraban aislados en todas las variables medidas.

"Los componentes de la conexión social están asociados con la mortalidad", señalaron los investigadores. El estudio utilizó modelos de riesgo proporcional de Cox para examinar las asociaciones con el riesgo de muerte por todas las causas y por enfermedades cardiovasculares.

El doctor Enrique De Rosa Alabaster, médico psiquiatra, neurólogo, sexólogo y médico legista, llevó el impacto de la soledad al terreno de la salud mental. "Se considera que el impacto de la soledad equivale prácticamente a un deterioro general del psiquismo, con hasta pérdida de expectativa de vida", afirmó.

El especialista precisó que ese deterioro puede alcanzar distintos aspectos de la vida. Abarca "lo físico, lo cognitivo, lo emocional, de todo tipo, y está evaluado y medido".

La convivencia entre generaciones

Frente a ese riesgo, De Rosa Alabaster señaló que el contacto con personas más jóvenes puede funcionar como una respuesta frente al deterioro asociado con la soledad.

El especialista destacó que la interacción entre generaciones es una práctica extendida en Japón y en culturas más tradicionales. "Es una práctica común en Japón, en culturas o grupos más tradicionales, pero quizás más antiguos, en que se respeta la interacción entre las diferentes generaciones, y eso es saludable", indicó.

La convivencia y el contacto intergeneracional pueden producir efectos diferentes en cada grupo etario. "Los jóvenes tienen una especie de proyección de su propio camino, y lo ven en el otro. En cuanto a los adultos, están permitidos a legar algo, y que entienden que no se van con las manos vacías", agregó.

En esa mirada, la relación entre generaciones no solo permite transmitir experiencias. También construye una percepción de continuidad y pertenencia, en la que los jóvenes encuentran referencias y los mayores pueden reconocer el valor de aquello que tienen para ofrecer.

"Añadir vida a los años"

La Organización Panamericana de la Salud resume esta perspectiva con una consigna: "Añadir vida a los años", dentro de la agenda de la Década del Envejecimiento Saludable en las Américas 2021-2030.

La idea atraviesa el debate sobre la abuelidad y el envejecimiento: no se trata únicamente de sumar años de vida, sino de generar las condiciones para vivirlos con vínculos, autonomía y reconocimiento. El Día de los Abuelos encuentra así una dimensión que excede el homenaje familiar. La fecha invita a reconocer el valor del intercambio entre generaciones, pero también a revisar las expectativas que recaen sobre las personas mayores.

La abuelidad puede ser una etapa de compañía, disfrute y transmisión. Puede ofrecer a los nietos referentes afectivos, historia familiar y pertenencia, y a los abuelos energía, sentido y la posibilidad de compartir su experiencia.

Pero ese vínculo no debería convertirse en una obligación que borre la vida propia. La persona mayor también tiene derecho a estudiar, viajar, emprender, participar, construir nuevas redes, cuidar su salud y sostener sus propios proyectos.

En ese equilibrio se encuentra uno de los principales desafíos del envejecimiento saludable: compartir sin quedar atrapado, cuidar sin perder autonomía y transmitir sin dejar de vivir la propia vida.