Cada año, el Día Mundial de la Enfermedad de Kawasaki busca visibilizar una patología poco frecuente pero potencialmente grave que afecta principalmente a niños menores de cinco años. Se trata de una enfermedad compleja, de diagnóstico clínico y sin una prueba específica que permita identificarla de manera inmediata, lo que refuerza la importancia de la información, la consulta temprana y la capacitación médica.
La enfermedad de Kawasaki está clasificada como una enfermedad rara y se caracteriza por la inflamación de los vasos sanguíneos de pequeño y mediano calibre, lo que puede comprometer distintos órganos y sistemas del cuerpo. Su complicación más severa es la afectación de las arterias coronarias, que puede derivar en aneurismas, trombosis o problemas cardíacos a largo plazo si no se inicia tratamiento oportuno.
En el marco de esta jornada de concientización, organizaciones de salud y especialistas insisten en la necesidad de brindar apoyo a los pacientes y a sus familias, quienes suelen atravesar momentos de incertidumbre ante un cuadro clínico que, en sus primeras etapas, puede confundirse con otras enfermedades infantiles comunes.
Según información médica difundida por la Mayo Clinic, los síntomas de la enfermedad de Kawasaki suelen ser similares a los de otras infecciones pediátricas, lo que dificulta su detección temprana. Por ese motivo, el diagnóstico depende de la evaluación clínica realizada por un profesional de la salud, quien debe analizar el conjunto de síntomas, la evolución del cuadro y descartar otras patologías con manifestaciones similares.
Esta enfermedad provoca una inflamación generalizada de los vasos sanguíneos y afecta con especial frecuencia a las arterias del corazón. También es conocida como síndrome de ganglios linfáticos mucocutáneos, debido a que suele comprometer los ganglios linfáticos y las membranas mucosas de la boca, la nariz, los ojos y la garganta.
Entre los síntomas más frecuentes se destacan la fiebre alta persistente, el enrojecimiento ocular, la inflamación de manos y pies con posterior descamación de la piel y los cambios visibles en labios y lengua. A pesar de su potencial gravedad, los especialistas coinciden en que, con un tratamiento adecuado y precoz, la mayoría de los niños logra recuperarse sin presentar secuelas duraderas.
Síntomas y cuándo consultar al médico
Uno de los signos centrales de la enfermedad de Kawasaki es la fiebre superior a los 39 grados centígrados durante cinco días o más. Para que el diagnóstico sea considerado probable, el niño debe presentar al menos cuatro de los siguientes síntomas:
Erupción cutánea en el cuerpo o en la zona genital.
Inflamación de un ganglio linfático en el cuello.
Ojos muy enrojecidos, sin secreción.
Labios agrietados y lengua roja e inflamada.
Enrojecimiento e hinchazón de las palmas de las manos y las plantas de los pies, con descamación posterior.
Los especialistas advierten que los síntomas no siempre aparecen de forma simultánea, por lo que es fundamental informar al médico si alguno de ellos desaparece o cambia con el correr de los días. Además, pueden presentarse otros signos asociados, como:
Dolor abdominal.
Diarrea.
Vómitos.
Dolor en las articulaciones.
Irritabilidad o inquietud marcada.
Ante la presencia de fiebre persistente durante más de tres días, se recomienda consultar de inmediato con un profesional de la salud. El tratamiento iniciado dentro de los primeros 10 días desde el comienzo de los síntomas reduce de manera significativa el riesgo de lesiones permanentes en las arterias coronarias, una de las complicaciones más temidas de la enfermedad.
En este Día Mundial de la Enfermedad de Kawasaki, el mensaje central es claro: informarse salva tiempo y el tiempo puede salvar corazones.