La plaza Beato Mamerto Esquiú, tradicionalmente reconocida como un espacio de recreación y paseo en la ciudad de Fiambalá, ha experimentado una metamorfosis profunda. Hoy, este sitio se ha convertido en un verdadero semillero de sueños, esfuerzo y dignidad.
En su superficie, se despliegan decenas de puestos provisorios y mesas sencillas donde jóvenes emprendedores fiambalenses exhiben mercadería en cantidades mínimas, pero con una convicción inmensa. Detrás de cada estructura rudimentaria se respira una historia de superación con un objetivo nítidamente humano: generar un ingreso genuino para sostener a sus familias y cubrir las necesidades básicas que el contexto actual exige.
Estos jóvenes no buscan ganancias extraordinarias ni grandes volúmenes de capital; apuestan por el trabajo honesto, produciendo con sus propias manos y contando con el apoyo incondicional de padres y madres que acompañan este anhelo común de progreso en un contexto económico difícil. Es la apuesta al esfuerzo propio como el único camino viable para el progreso familiar y profesional, con el horizonte puesto en la esperanza de, algún día, poder crecer hasta instalar su propio comercio formal en la ciudad.
El origen de la iniciativa y la respuesta comunitaria
Esta dinámica comercial no surgió por azar, sino que fue fruto de una destacada gestión de la Juventud Radical de Fiambalá, que trabajó para asegurar el espacio físico necesario en la plaza principal. La iniciativa permitió que tanto jóvenes como cualquier vecino de la ciudad y habitantes del distrito norte pudieran instalarse de forma provisoria para ofrecer sus productos.
La propuesta fue rápidamente bien recibida por los feriantes, la comunidad local y el flujo constante de turismo que llega a Fiambalá, convirtiéndose en un atractivo más y en un claro ejemplo de economía local en movimiento.
El éxito de la feria fue inmediato y palpable, poblándose de vecinos y visitantes que recorren los puestos, comparan precios y dialogan con los vendedores para elegir libremente dónde realizar sus compras. Esta respuesta positiva no solo ha fortalecido a los emprendedores, sino que ha dejado en evidencia una realidad que muchos consumidores expresan sin rodeos: la necesidad de contar con precios accesibles en un contexto donde el bolsillo no alcanza y cada peso cuenta. La plaza se ha convertido así en un termómetro de la situación social, donde la oferta y la demanda se encuentran de manera directa y transparente.
Sin embargo, como suele ocurrir cuando las iniciativas funcionan, no tardaron en aparecer cuestionamientos desde algunos sectores que consideran estas ventas perjudiciales para el comercio tradicional. Estas posturas extremas pretenden incluso impedir el ingreso de vendedores de otros lugares que ofrecen productos a mejores precios, presionando al municipio y al Concejo Deliberante para elaborar normativas restrictivas o prohibitivas.
Ante esta situación, que ha generado un profundo malestar entre los feriantes, ha surgido una defensa basada en datos económicos que invitan al análisis. Los vendedores ambulantes han señalado con firmeza que, mientras un comerciante establecido tributa un impuesto municipal anual muy bajo, un vendedor ambulante llega a pagar en menos de una semana un monto que supera ampliamente ese valor. Esta afirmación pone sobre la mesa un debate que merece ser dado con datos, diálogo y sentido común, lejos de la descalificación o del uso de términos peyorativos como "mercado persa", una expresión discriminatoria que desvaloriza el esfuerzo de familias que trabajan dignamente para sobrevivir.
Frente a la controversia, desde la Municipalidad de Fiambalá y el Concejo Deliberante ha trascendido que se trabaja en medidas que busquen equilibrar la situación, articulando la libertad de trabajo con la realidad del comercio local sin vulnerar la Constitución Nacional Argentina. La Carta Magna es clara al garantizar en su artículo 14 el derecho a trabajar, ejercer industria lícita y comerciar, extendiendo estos mismos derechos a los extranjeros mediante el artículo 20. Asimismo, el artículo 14 bis protege el trabajo en todas sus formas, mientras que los artículos 9, 10, 11 y 12 aseguran la libre circulación de bienes y prohíben taxativamente la creación de aduanas interiores.
Estos principios fundamentales son la base de la libertad económica y no pueden ser ignorados por intereses sectoriales. El apoyo a los emprendedores se refleja también con claridad en las redes sociales, donde comentarios como "más competencia, mejores precios", "dejen trabajar" y "el consumidor tiene derecho a elegir" marcan una tendencia de apoyo a la venta ambulante como una alternativa necesaria.
La comunidad defiende el derecho a buscarse el sustento ante la falta de empleo y señala que, en muchos casos, los precios en los comercios tradicionales resultan abusivos para el bolsillo del trabajador.
La feria de la plaza Beato Mamerto Esquiú no debe ser vista como un problema de desorden, sino como una consecuencia directa de una realidad económica difícil y, al mismo tiempo, como una muestra de resiliencia social. El camino más razonable para las autoridades parece ser el de regular sin excluir, ordenar sin prohibir y dialogar sin discriminar, priorizando siempre el trabajo local y evitando enfrentamientos estériles que solo dañan el tejido social.
Defender a los jóvenes emprendedores de Fiambalá no es una postura ideológica, sino una postura humana que entiende que nadie empieza grande y que todo comercio actual fue pequeño en sus inicios. En la plaza, cada puesto representa mucho más que una simple venta; es un acto de dignidad, esfuerzo y esperanza que no puede ser negado por miradas egoístas. El derecho a trabajar, a vender y a soñar con un futuro mejor constituye la esencia de una sociedad que busca progresar unida.