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Equilibrio neuroquímico

¿El fin de la ansiedad? El mineral secreto para recuperar la calma

Especialistas en nutrición y psiquiatría analizan cómo el equilibrio de este mineral esencial puede transformar la respuesta del organismo ante el estrés y la ansiedad clínica.

1 Febrero de 2026 11.26

En el complejo entramado de la salud mental contemporánea, el magnesio ha emergido como un actor protagonista. Diversos expertos en salud mental han comenzado a subrayar una realidad fisiológica a menudo ignorada: la importancia de mantener un correcto equilibrio de minerales en el organismo para reducir de manera efectiva los episodios de estrés y nerviosismo. Lo que antes se consideraba un simple dato nutricional, hoy es visto por especialistas consultados por GQ como una herramienta terapéutica fundamental, recomendando una dieta rica en vegetales complementada con suplementación, siempre y cuando esta última se realice únicamente bajo control médico.

Este mineral esencial, presente en numerosos alimentos, ha despertado un interés renovado por su potencial para ayudar a calmar la ansiedad. Las deficiencias de magnesio, según los reportes, no son casos aislados; por el contrario, son habituales y guardan una correlación directa con un mayor riesgo de sufrir episodios de estrés severo. Por ello, la comunidad médica insiste en asegurar un aporte adecuado a través de la alimentación para favorecer la estabilidad del sistema nervioso y el bienestar emocional.

La bioquímica de la tranquilidad: ¿cómo actúa el Magnesio?

La influencia del magnesio en la ansiedad no es anecdótica, sino bioquímica. El mineral es fundamental en múltiples reacciones que afectan directamente al sistema nervioso. La dietista Sonya Angelone explicó que este componente "ayuda a regular el GABA, el principal neurotransmisor calmante del cerebro". Sin niveles óptimos de magnesio, el cerebro pierde su capacidad natural para "frenar" la sobreexcitación neuronal.

Por su parte, el enfermero psiquiátrico William Chu señala que el magnesio actúa como uno de los calmantes naturales del cerebro. Su función principal es limitar la reacción de "lucha o huida" ante el estrés, reduciendo el impacto del cortisol, la hormona del estrés. Cuando el organismo cuenta con niveles adecuados, responde de forma menos intensa a las dificultades diarias. En contraste, la psiquiatra nutricional Uma Naidoo sostiene que una baja concentración aumenta nuestra susceptibilidad al estrés, predisponiendo al individuo a respuestas emocionales desproporcionadas.

Radiografía de una carencia silenciosa

La magnitud de este déficit nutricional es alarmante. Según datos recogidos por GQ, casi el 50% de la población en Estados Unidos presenta niveles insuficientes de este mineral. Un estudio publicado en 2018 en el British Journal of Nutrition ya vinculaba esta deficiencia con una mayor prevalencia de trastornos ansiosos.

La carencia de magnesio se manifiesta mediante una sintomatología específica que afecta la calidad de vida diaria:

  • Irritabilidad y cambios de humor repentinos.
  • Fatiga persistente que no mejora con el descanso.
  • Dificultades para dormir e insomnio.
  • Estado de alerta permanente y bajo ánimo.

El dietista Andy De Santis resalta que corregir esta deficiencia suele traducirse en mejoras notables en la energía y la calidad del sueño. Esto es especialmente crítico en personas con dietas poco variadas o escasas en productos de origen vegetal.

 

Los especialistas coinciden en que, antes de recurrir a la farmacología, se deben priorizar patrones alimentarios saludables. De Santis atribuye la prevalencia de la deficiencia a la baja ingesta de vegetales, los cuales no solo aportan magnesio, sino también fibra y hierro.

Para optimizar el consumo, se recomiendan los siguientes alimentos:

  1. Legumbres: Porotos y lentejas.
  2. Vegetales: Verduras de hoja verde y papas.
  3. Frutos Secos y Semillas: Semillas de calabaza, chía, lino y frutos secos.
  4. Frutas y Proteínas: Palta y pescado.
  5. Cereales: Versiones integrales por encima de las refinadas.

Hábitos sencillos, como añadir semillas de chía a batidos o comenzar el día con un vaso de agua abundante para mantener la hidratación, pueden reducir significativamente la ansiedad.

Suplementación responsable: protocolos y dosificación

El uso de suplementos es una herramienta útil, pero únicamente cuando existe una deficiencia comprobada mediante un análisis de sangre. Los expertos son enfáticos: no se debe suplementar a ciegas.

En cuanto a la eficacia, las cápsulas y polvos son preferibles sobre los productos tópicos (aceites o lociones), ya que estos últimos se orientan más al alivio muscular que al sistema nervioso. La forma más recomendada es el glicinato de magnesio, debido a su capacidad para atravesar la barrera hematoencefálica y apoyar la función cerebral.

Las pautas de administración sugeridas por Angelone y Naidoo son claras:

  • Cantidad diaria: Entre 400 y 420 miligramos. Superar esta cifra no ofrece beneficios adicionales para la ansiedad.
  • Horario diurno: Recomendado para episodios de ansiedad durante el día.
  • Horario nocturno: Ideal si las preocupaciones dificultan el sueño.
  • Dosis repartida: Según Chu, en casos de ansiedad persistente, se puede dividir la toma entre mañana y noche, siempre bajo supervisión profesional.

En conclusión, aunque el magnesio no es una solución única para todos los cuadros clínicos, representa un apoyo valioso. Una alimentación basada en productos vegetales y una respuesta a las necesidades minerales individuales permiten enfrentar con mayor entereza el estrés cotidiano, promoviendo una duradera sensación de tranquilidad.