El mito del "hombre imantado" y las vacunas: la física revela la verdad
Expertos científicos y organismos de salud global desmienten categóricamente la afirmación de que la vacuna contra el COVID-19 causa magnetismo corporal. La adhesión de objetos a la piel, un fenómeno aprovechado por la desinformación, se explica por principios básicos de la física, como la "tensión superficial", y no por supuestos metales o microchips.

La desinformación alrededor de las vacunas contra el COVID-19 ha tomado un nuevo giro, llevando afirmaciones pseudocientíficas desde los márgenes de internet hasta el corazón del debate institucional. Tras la polémica generada por un reciente evento en la Cámara de Diputados donde se intentó probar la supuesta "magnetización" de personas vacunadas, la comunidad científica y los organismos de fact checking salieron rápidamente a desmantelar la afirmación con argumentos basados en la física y la biología.

El fenómeno de la adhesión de objetos a la piel, popularizado como el mito del "hombre imantado", no tiene ninguna relación con el contenido de las inyecciones ni con la presencia de metales magnéticos en las dosis. Se trata, simplemente, de un efecto físico natural.

Según se desprende de investigaciones y análisis de rigor, como el informe elaborado por Chequeado y citado por la Agencia Noticias Argentinas, la clave de este efecto reside en un concepto fundamental de la física: la "tensión superficial".

La explicación científica del magnetismo falso

Expertos en el área explican que la superficie de la piel humana, independientemente del estado de vacunación de la persona, contiene una mezcla de grasas naturales y humedad. Esta combinación hace que la piel se comporte, bajo ciertas condiciones, como una membrana delgada y ligeramente pegajosa. Esta capa es capaz de generar una fuerza superficial lo suficientemente potente como para sostener objetos ligeros, siempre y cuando su superficie sea lisa y relativamente plana.

La doctora en Ciencias Biológicas María Noelia Lardizábal ratificó que este es un "fenómeno general del cuerpo" que se presenta por igual en personas vacunadas y no vacunadas. El hecho de que se adhieran objetos metálicos es casual, pues el fenómeno ocurre con cualquier objeto que cumpla con los requisitos de peso y superficie, incluso si son plásticos o de otros materiales no ferromagnéticos.

Una prueba sencilla que refuta la teoría del magnetismo es la aplicación de talco en la zona de la piel donde se produce la adhesión. La adición de talco elimina la humedad y la grasa superficial, haciendo desaparecer inmediatamente el efecto y probando que la fuerza de adhesión no proviene de un campo magnético subyacente, sino de las propiedades superficiales de la piel.

El consenso global de la salud y la imposibilidad física

La teoría de los metales magnéticos en las vacunas ha sido desmentida con rotundidad por las principales autoridades sanitarias del mundo desde el inicio de la pandemia.

Organización Mundial de la Salud (OMS) y CDC de EE. UU.: Ambos organismos han confirmado repetidamente que las vacunas son seguras y que no contienen metales pesados o componentes magnéticos capaces de atraer imanes. Los componentes de las vacunas son, en su mayoría, agua, sales, lípidos, azúcares y el material genético (ARNm o adenovirus) necesario para generar la respuesta inmunológica.

La Dosis Mínima: El físico Alberto Nájera añadió una capa de análisis crucial: la inviabilidad física de la afirmación. Incluso si las vacunas contuvieran alguna traza de material magnético, la cantidad inyectada (una dosis minúscula) es demasiado pequeña para generar un campo magnético perceptible o para producir el efecto de adherencia que se intenta demostrar en la piel. Para que un cuerpo se magnetice, necesitaría recibir una cantidad de material ferromagnético considerablemente mayor.

El físico Nájera explicó que el efecto es idéntico al que se ve en la piel de los bebés o niños pequeños, donde objetos ligeros pueden adherirse momentáneamente debido a la alta tensión superficial y la humedad de la piel, sin que esto tenga conexión alguna con inyecciones o vacunas.

El evento en el Congreso, impulsado por figuras como la diputada Marilú Quiroz, no es un fenómeno aislado, sino una manifestación local de una ola de desinformación global que ha sido sistemáticamente desmentida por innumerables sociedades científicas y verificadores de datos en todo el planeta. La persistencia de estos mitos subraya la necesidad de un periodismo riguroso y de la educación científica para combatir las fake news que buscan minar la confianza en los programas de salud pública.