En el Año de San José y del Beato Mamerto Esquiú

El obispo de Catamarca ordenó a cuatro nuevos sacerdotes

“La gente quiere ser acompañada por sacerdotes idóneos, cercanos y santos”, manifestó Luis Urbanc.

20 Noviembre de 2021 12.23

Durante la noche del viernes, se llevó a cabo la ceremonia de ordenación sacerdotal de Juan Marcos Bellomo, Martín Brizuela y Ramón Carabajal, que fue presidida por el obispo Luis Urbanc, y concelebrada por numerosos presbíteros del clero catamarqueño y de Tucumán, en la Catedral Basílica.

La ceremonia se realizó en el marco del Año de San José y del Beato Mamerto Esquiú, y en el inicio del proceso sinodal convocado por el Papa Francisco.
Urbanc, luego de mencionar a los jóvenes que iban a ser ordenados, en su homilía agradeció especialmente a los padres, familiares, sacerdotes y comunidades eclesiales de donde ellos provienen, pidiendo a Dios que “los bendiga abundantemente y llene de paz”. 

“Mi corazón se llena de júbilo porque tenemos el templo repleto”, dijo y saludó “a las autoridades en la persona del rector del Seminario de Tucumán, el padre Marcelo Lorca; al padre Pío Pérez, formador de Introductorio; diáconos, seminaristas; al padre maronita Charbel Chahine, que está con nosotros. Y a los sacerdotes de la diócesis, que muchos han venido desde lejos para participar de esta celebración; a los consagrados y consagradas, gracias por participar”, manifestó el obispo.

Finalizó poniendo a los tres nuevos sacerdotes en las manos de la Virgen del Valle: “Dales, Madre de los Sacerdotes, perseverar hasta el fin de su peregrinar terreno, la Gracia que hoy el Espíritu Santo les otorga en bien de la Iglesia y del Mundo”, rogó.

Postración y unción de las manos

Siguiendo el rito litúrgico, Juan, Martín y Ramón prometieron obediencia y respeto al obispo y a sus sucesores, y se postraron en el suelo en señal de humildad. A continuación, se realizó el rito de imposición de las manos del pastor de la Diócesis y de todos los sacerdotes presentes. 
Urbanc ungió las manos de los jóvenes con el Santo Crisma y fueron revestidos por sus padrinos sacerdotes con la estola y la casulla confeccionadas con diseños elegidos por cada uno de ellos. Este momento fue rubricado con el emotivo saludo de sus familiares.
Enseguida, recibieron el Cáliz y la Patena y, con un fuerte aplauso de los presentes, pasaron a formar parte de los celebrantes en la mesa eucarística. 
Después de la Comunión, los flamantes sacerdotes se consagraron a la Madre del Valle y recibieron la bendición del obispo. En el patio de la Catedral recibieron el afectuoso saludo de la gente.