Emergencia sanitaria: postergan cirugías por falta de sangre
El sistema de salud argentino enfrenta un déficit crítico de hemocomponentes. El Banco de Sangre de Córdoba advierte que las donaciones anuales están un 50% por debajo del nivel de autosuficiencia.

La crisis sanitaria en Argentina ha alcanzado un punto de inflexión crítico que trasciende las fronteras de los centros médicos para convertirse en una problemática de emergencia nacional. La fuerte caída en la donación de sangre ha dejado de ser una estadística preocupante para transformarse en una realidad que hoy obliga a postergar cirugías y reprogramar intervenciones fundamentales en diversos puntos del país. Este escenario de desabastecimiento de hemocomponentes pone en riesgo la operatividad del sistema de salud y la seguridad de miles de pacientes que dependen de una transfusión para su recuperación o supervivencia.

El doctor Horacio Carrizo, director del Banco de Sangre de Córdoba (MP 26.106), ha sido una de las voces más contundentes al advertir sobre la gravedad de la situación. Según el especialista, el país se encuentra muy por debajo de los niveles de seguridad necesarios para garantizar un abastecimiento fluido y constante. Esta carencia no es solo un bache temporal, sino el reflejo de un déficit estructural en la participación ciudadana que está impactando de lleno en la capacidad de respuesta de los hospitales y clínicas de todo el territorio nacional, comprometiendo incluso las intervenciones programadas de alta complejidad.

La brecha entre la demanda y la realidad de los bancos

Los números que manejan las autoridades sanitarias revelan una brecha alarmante entre lo que el sistema produce y lo que la población requiere. Para que Argentina logre la autosuficiencia y pueda cubrir la demanda actual de sus habitantes, el flujo de donantes debería ser significativamente mayor al registrado en los últimos periodos. El doctor Carrizo fue enfático al describir esta disparidad:

  • Donaciones actuales: El país registra menos de 800.000 donaciones anuales.
  • Necesidad real: El objetivo para cubrir la demanda debería superar el 1.300.000 o 1.500.000.
  • Índice de autosuficiencia: Debería donar entre el 3% y el 5% de la población cada año.
  • Cifra proyectada: Esto equivaldría a un rango de entre 1.300.000 y 2.000.000 de donaciones.

La conclusión del especialista es lapidaria: el sistema está operando a la mitad de su capacidad necesaria. Esta insuficiencia crónica obliga a las instituciones a seguir dependiendo en gran medida de los denominados "donantes de reposición", aquellos familiares o allegados de los pacientes que asisten bajo presión ante una urgencia. Carrizo sostiene que no se puede seguir dependiendo de que el entorno del paciente sea el responsable de que haya sangre en los bancos, abogando por un cambio hacia un modelo de donación voluntaria, altruista y repetida.

Al analizar las causas de esta crisis, el doctor Carrizo recordó que a mediados de la década del 2000 se impulsó el Plan Nacional de Sangre con el fin de fomentar la donación voluntaria y habitual. No obstante, el médico reconoció con crudeza que no se logró consolidar una cultura sostenida de compromiso social, señalando que se han perdido 20 años en crear conciencia y cultura de donación en los niveles escolares.

A esta falta de formación se suma un contexto demográfico complejo: la población ha crecido más de un 20% en los últimos años y presenta un perfil más envejecido. Este fenómeno incrementa exponencialmente el consumo de sangre debido a que las enfermedades se cronifican y los pacientes de mayor edad acceden a tratamientos que antes no recibían, convirtiéndose en grandes usuarios de hemocomponentes. Entre las causas de la baja participación, el especialista también mencionó el desconocimiento, la desinformación y la falta de confianza en el sistema, factores que alimentan una escasa cultura solidaria.

Requisitos y seguridad: un llamado a la acción ciudadana

Para revertir esta tendencia, es fundamental que la población conozca que la mayoría de las personas entre 16 y 65 años puede donar sangre, e incluso personas mayores si gozan de buen estado de salud. El procedimiento es totalmente seguro y no perjudica la salud del voluntario, aunque existen restricciones precisas:

  • Patologías excluyentes: Enfermedades graves cardíacas o pulmonares.
  • Infecciones transmisibles: HIV, hepatitis B o C, Chagas o sífilis.
  • Frecuencia permitida: Mujeres hasta 3 veces al año; hombres hasta 4 veces.
  • Intervalo: Se debe respetar un mínimo de 8 semanas entre cada extracción.

La urgencia nacional demanda que la sociedad comprenda la necesidad de donar de forma habitual y anual para garantizar que el sistema de salud no se detenga. Como concluyó el doctor Carrizo, la autosuficiencia solo se logrará cuando la ciudadanía asuma este compromiso como una práctica regular y solidaria con el prójimo, entendiendo que la sangre es un recurso que no se puede fabricar y que hoy, sencillamente, está faltando en las salas de operaciones.