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Emotiva celebración del patrono del Hospital San Juan Bautista

La comunidad del nosocomio capitalino honró a su santo patrono con una misa presidida por el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanc. Durante su homilía, el prelado puso el foco en el valor de la vida, la misión del santo y el compromiso de cuidar a los más frágiles.

24 Junio de 2026 12.58

Durante la mañana de este miércoles 24 de junio, jornada en la que la Iglesia celebra la Solemnidad del Nacimiento de San Juan Bautista, la comunidad del Hospital San Juan Bautista, principal nosocomio de la provincia, vivió una celebración especial en honor a su santo patrono. El acto litúrgico estuvo marcado por la presencia del obispo diocesano, Mons. Luis Urbanc, quien presidió la Santa Misa, concelebrada por el capellán, padre Daniel Pavón.

La Eucaristía se llevó a cabo en el hall de ingreso al hospital, espacio en el que se congregaron autoridades, trabajadores y miembros de la comunidad vinculada al establecimiento sanitario. La ceremonia reunió a representantes del Ministerio de Salud, encabezados por la ministra Dra. Johana Carrizo; junto con la secretaria de Medicina Preventiva, Dra. Silvia Bustos; la secretaria de Planificación, Dra. Daniela Ayala; y el director del Hospital San Juan Bautista, Lic. Juan Martín Pichetto. También participaron el senador Ramón Figueroa Castellanos, la diputada María Argerich, además de abanderados y escoltas, personal de distintas áreas del hospital y miembros de la Pastoral de la Salud.

La conmemoración se desarrolló así en el corazón de una institución que lleva el nombre de San Juan Bautista, en una fecha particularmente significativa para la vida de la Iglesia y para la identidad del hospital. La celebración no solo tuvo el carácter de una fiesta patronal, sino también el de un momento de reflexión sobre la vida, la fe y la misión cotidiana de quienes trabajan en un ámbito dedicado al cuidado de la salud.

La figura de San Juan Bautista 

Al inicio de su homilía, Mons. Luis Urbanc subrayó la centralidad espiritual de la figura de San Juan Bautista, a quien definió como una presencia sumamente importante en la vida de la fe. En ese marco, invitó a mirar el sentido del nacimiento del santo que la Iglesia recuerda en esta fecha y a releer, desde allí, el valor de la vida humana.

"La figura de San Juan Bautista es sumamente importante en nuestra vida, en la vida de la fe", afirmó el obispo, para luego señalar que era necesario retrotraerse al tiempo de su nacimiento, precisamente la fecha conmemorada ese día. En esa línea remarcó que San Juan Bautista "nace como cualquiera de nosotros... en lo ordinario de la vida", y a partir de esa idea llamó a descubrir la presencia de Dios en lo ordinario.

Ese fue uno de los ejes más fuertes de su mensaje: la necesidad de reconocer que la vida cotidiana, lejos de ser un espacio vacío de trascendencia, puede convertirse en un ámbito donde se manifiesta la acción de Dios. Desde esa perspectiva, el nacimiento de San Juan Bautista fue presentado no solo como un hecho que la Iglesia recuerda, sino como una invitación concreta a revisar la propia existencia y a contemplar con otra mirada el misterio de la vida.

La vida como don y la admiración ante cada nacimiento

Al profundizar en esa reflexión, el obispo tomó como punto de apoyo el Salmo proclamado durante la celebración. Desde allí desarrolló un mensaje centrado en el valor de la vida y en la necesidad de aprender a contemplarla con asombro. Según expresó, "en las palabras del salmista, el creyente que medita sobre la vida, empieza a hacer un repaso de cómo comenzó su existencia, y dice: 'Tú, Señor, me has formado de un modo portentoso'".

A partir de esa expresión, Mons. Urbanc sostuvo que la vida humana debe ser contemplada como algo extraordinario y llamó a aprender a admirarse frente a ella. "Por eso tenemos que aprender a admirarnos frente a la vida, frente a toda vida", afirmó. En esa misma línea enfatizó una definición que marcó el corazón de su homilía: "cada niño es único e irrepetible, plasma algo inédito de Dios en el mundo".

El obispo vinculó esa reflexión con la propia celebración del nacimiento de San Juan Bautista y señaló que, en esta solemnidad, la comunidad debía mirar de qué modo la vida humana se transforma gracias al nacimiento de nuevos seres humanos. En sus palabras, la esperanza se fortalece porque el Señor se hace presente cumpliendo con su palabra. La vida, entonces, fue presentada no solo como un hecho biológico o humano, sino como un signo de la acción de Dios en la historia.

El llamado a mirar a cada persona

En otro tramo de su predicación, Mons. Urbanč profundizó sobre la dimensión personal y comunitaria de ese don de la vida. "Dios a cada uno nos pensó y nos amó desde toda la eternidad, y nos pone en un determinado momento de la historia a caminar, y a dar de nosotros esa bendición que Él quiere para toda la humanidad", expresó.

Esa afirmación abrió paso a una exhortación concreta sobre el modo de mirar a los demás, especialmente a quienes atraviesan situaciones de fragilidad, pobreza o vulnerabilidad. El obispo retomó la frase que la gente decía de Juan Bautista, "Qué será de este niño", y pidió que ese interrogante interpele a la comunidad para no mirar a nadie con desprecio ni con una lógica de descarte.

"Que la frase que decía la gente de Juan Bautista: 'Qué será de este niño', nos interpele y nunca miremos con desprecio, con una actitud de descarte, a nadie, sino que lo miremos con los mismos ojos de Dios, los amemos con el corazón de Dios, abracemos el límite, abracemos la pobreza, abracemos la vulnerabilidad, porque eso hace Dios con nosotros", manifestó.

Ese llamado adquirió una resonancia particular en el contexto de un hospital, lugar donde la fragilidad humana se expresa de manera concreta y cotidiana. En ese sentido, la homilía enlazó el mensaje evangélico con la tarea diaria de quienes trabajan en el sistema de salud y con la misión institucional del hospital.

San Juan Bautista, la pobreza y la misión 

Mons. Urbanč también se detuvo en la figura de Juan Bautista como hombre de pobreza, desierto y preparación espiritual. Recordó que vivió pobre, tal como se lo representa vestido con piel de camello, y señaló que desde adolescente habitó lugares desiertos para prepararse para la misión que le fue encomendada.

Según explicó, esa misión fue la de "preparar corazones bien dispuestos para el Salvador", porque "el que salva es Jesús, no él". En esa clave, definió a Juan Bautista como la voz que llama, que invita, que convoca a que los corazones se conviertan, que vuelvan hacia Dios. Y a partir de allí extendió ese mensaje a todos los fieles, al afirmar que cada persona está llamada a asumir de algún modo el rol de Juan Bautista, precisamente porque esa misión conduce a Jesús.

La evocación del santo patrono del hospital no quedó entonces reducida a un recuerdo devocional, sino que fue planteada como un modelo espiritual y pastoral. Preparar corazones, llamar a la conversión y orientar la vida hacia Jesús aparecieron como rasgos centrales del mensaje pronunciado en la celebración.

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El hospital como centro de la vida 

Uno de los pasajes más significativos de la homilía fue el que vinculó directamente la fiesta patronal con la misión concreta del Hospital San Juan Bautista. "Estamos en un lugar centro de la vida social, humana, como es un hospital, para cuidar a los débiles, a los frágiles, para cuidar, para proteger la vida, toda vida, desde su concepción hasta su partida natural", destacó el obispo.

La frase condensó la dimensión simbólica de la celebración: la solemnidad del nacimiento de San Juan Bautista se desarrolló en un ámbito donde la vida es atendida, protegida y acompañada todos los días. El hospital apareció así no solo como un edificio o una institución sanitaria, sino como un espacio profundamente ligado al cuidado de la fragilidad humana.

En ese marco, la presencia de autoridades, personal de distintas áreas y miembros de la Pastoral de la Salud reforzó el sentido comunitario de la jornada. La misa patronal funcionó como un punto de encuentro entre la dimensión espiritual de la celebración y la misión concreta del hospital en el cuidado cotidiano de las personas.

Una invitación final a renovar la misión

Hacia el final de su predicación, Mons. Urbanc convocó a renovar el compromiso de vivir como hijos de Dios, procurando expresar la voluntad divina en la propia vida y en la de los demás. "Qué hermosa misión que tenemos, hoy hemos venido a renovarla delante de Juan Bautista, a pedir perdón y fuerzas para que, iluminados por la gracia de Dios, podamos enderezar nuestro camino, nuestro modo de obrar, de ver, de hablar, de pensar, modificar todo lo que hay que modificar, para que esta humanidad, como nos pide el Papa León, sea una humanidad magnífica", expresó.

La celebración concluyó luego de la Consagración y de la Comunión, momento en el que el obispo impartió la bendición final a todos los presentes y de manera especial a quienes trabajan diariamente en el hospital puesto bajo el patrocinio de Juan Bautista.

De ese modo, la fiesta patronal del Hospital San Juan Bautista quedó atravesada por una doble dimensión: la litúrgica, centrada en la solemnidad del nacimiento del santo; y la comunitaria, vinculada a la misión concreta de cuidar la vida y acompañar a los más frágiles. En ese cruce entre fe, servicio y vocación, el mensaje de Mons. Urbanč encontró su punto de mayor densidad: la invitación a preparar el corazón para el Salvador, a valorar cada vida como un don único y a renovar, en el corazón del hospital, el compromiso de protegerla y servirla.