Emotivo cierre de las fiestas patronales en honor a San Expedito
Vecinos del barrio Valle de los Incas celebraron con fervor la conclusión de las festividades en honor al santo de las causas urgentes. La jornada reafirmó el anhelo compartido de la comunidad por la construcción de su futuro templo parroquial.

Estel¿ domingo la comunidad del barrio Valle de los Incas, ubicado en la zona de las 40 Viviendas Norte, vivió una jornada de profunda significación espiritual y comunitaria. En el marco de la jurisdicción de la parroquia de la Santa Cruz, se llevaron a cabo los actos litúrgicos centrales que marcaron el cierre de las fiestas patronales en honor a San Expedito. Este evento, que congregó a una nutrida concurrencia de fieles, fue el punto culminante de un tiempo de oración y encuentro compartido por los habitantes de este sector de la capital.

La jornada comenzó durante las horas de la mañana, momento en el cual se celebró la Santa Misa. La ceremonia fue presidida por el padre Guillermo Chanquía, quien en su rol de párroco de esta comunidad, guio a los fieles en este acto de devoción. La liturgia no solo representó un momento de reflexión espiritual, sino que también consolidó la cohesión social de los vecinos, quienes se reunieron con la intención común de renovar su fe y elevar sus plegarias al santo de las causas urgentes.

Una vez finalizada la Eucaristía, las celebraciones se trasladaron a las calles del barrio en una procesión que recorrió el sector. La imagen del santo patrono fue escoltada por una multitud que incluía familias completas, niños y jóvenes devotos. Este trayecto por la vía pública se convirtió en una manifestación vibrante de fe y gratitud, caracterizada por la participación activa de los asistentes, quienes acompañaron el paso de la figura con cantos y pañuelos al aire, expresando el fuerte vínculo emocional que une a la comunidad con su patrono.

Un triduo de esperanza

Es preciso destacar que este domingo de cierre no fue un evento aislado, sino la conclusión de un proceso de preparación espiritual iniciado días atrás. Las festividades habían dado comienzo el jueves 16 de abril con la realización del triduo preparatorio. Este espacio de oración tuvo lugar en un sitio de gran importancia estratégica y simbólica para los fieles: el predio donde, según los planes de la comunidad, se edificará el futuro templo en honor a San Expedito.

La organización y el desarrollo de estas jornadas de oración contaron con el esfuerzo conjunto de diversos actores fundamentales de la vida parroquial. Entre los protagonistas de estas tareas se encuentran:

• La Legión de María, encargada de la conducción y animación de la oración durante el triduo. • Miembros de la Comisión Pro Templo, quienes trabajan activamente por el objetivo edilicio. • Vecinos del barrio, que aportaron su presencia y compromiso constante. • Devotos de otras comunidades de la parroquia, que se sumaron a la convocatoria para fortalecer el vínculo comunitario.

La participación de estos grupos fue vital para crear un ambiente de recogimiento, donde los presentes pudieron reunirse no solo para rezar, sino también para interceder ante el santo por sus necesidades particulares y colectivas.

La construcción del templo

El proyecto de contar con un espacio propio de culto es, actualmente, el motor que impulsa la esperanza de los habitantes del barrio Valle de los Incas. Durante el desarrollo de estas festividades, quedó evidenciado que el anhelo de edificar el templo es un sueño compartido que trasciende lo meramente estructural para convertirse en un pilar de unidad vecinal.

La comunidad, consciente de los desafíos que implica una obra de tal magnitud, ha hecho de esta petición el centro de sus intenciones durante las fiestas patronales. Bajo la intercesión de San Expedito, los feligreses manifestaron su firme voluntad de continuar trabajando mancomunadamente, buscando que el templo pronto sea una realidad física que acompañe el crecimiento y la vida espiritual de este sector de la capital. Con el cierre de los festejos, la comunidad no solo clausura una celebración litúrgica, sino que renueva su compromiso con el futuro de su fe y de su barrio.