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Fiestas marianas: la Pastoral Misionera homenejeó a la Virgen del Valle

En la primera noche del septenario por los 135 años de la Coronación Pontificia de la Virgen del Valle, misioneros protagonizaron un emotivo homenaje. Mons. Luis Urbanč centró su mensaje en la vocación misionera, la Pascua y el llamado a ser testigos de esperanza en las periferias humanas.

13 Abril de 2026 08.56

Durante la noche del domingo, en el primer día del septenario en honor a la Virgen del Valle, se vivió un significativo homenaje protagonizado por los miembros de la Pastoral Misionera Diocesana, en el marco de la conmemoración de los 135 años de la Coronación Pontificia de su Sagrada Imagen.

La celebración se desarrolló bajo el lema "Con María y el Beato Esquiú caminamos en busca de la paz", una consigna que atravesó toda la jornada litúrgica y que dio sentido al mensaje compartido durante la ceremonia.

La Santa Misa fue presidida por el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč, y concelebrada por el padre Juan Ramón Cabrera, rector del Santuario de Nuestra Señora del Valle y Catedral Basílica. En ese contexto, los alumbrantes tuvieron una participación activa, proclamando la Palabra de Dios y acercando las ofrendas al altar, gesto que reforzó el carácter comunitario y misionero de la celebración.

El llamado a una Iglesia en salida

En su homilía, Mons. Luis Urbanč ofreció una profunda reflexión sobre la vocación misionera, vinculándola directamente con el tiempo pascual y con la experiencia de la Resurrección. En primer lugar, dio la bienvenida a los alumbrantes y elevó una oración para que "la Madre de los misioneros los prodigue de bendiciones para que no bajen los brazos frente a las adversidades de la vida y de los desafíos de la misión".

A partir de allí, desarrolló uno de los conceptos centrales de la noche: la vocación misionera iluminada por la Pascua. El obispo afirmó que se trata de "un llamado a ser testigos gozosos de la Resurrección, llevando esperanza y vida nueva a las periferias humanas", y remarcó que la Pascua tiene la capacidad de transformar el dolor en alegría y el miedo en valentía.

Desde esa perspectiva, convocó a vivir una "Iglesia en salida", orientada al encuentro con Cristo en el servicio a los más vulnerables, pobres y marginados.

pastoral misionera homenaje
 

"La misión no es proselitismo"

Uno de los pasajes más contundentes de la homilía estuvo ligado al verdadero sentido de la misión. Allí, Mons. Urbanč enfatizó que "la misión no es proselitismo, sino compartir la alegría de haber encontrado a Cristo Resucitado, el tesoro que da sentido a la vida".

Sobre esa base, profundizó en el sentido espiritual de la tarea evangelizadora y sostuvo que la vocación misionera se apoya en la convicción de que la muerte y el dolor no tienen la última palabra.

Fue en ese marco donde pronunció la frase que marcó el homenaje de la Pastoral Misionera: "El misionero comunica vida donde hay desolación" La definición se completó con otra idea central: el misionero sale de sí mismo y de sus seguridades para dirigirse a las periferias y ser testigo de esperanza.

Fe, comunidad y comunión

Más adelante, el obispo profundizó sobre las condiciones necesarias para vivir la experiencia del Resucitado. Señaló que el tema central de la Pascua es la Fe, entendida como creer en la presencia invisible y ser felices de "creer sin ver".

Junto con la fe, destacó como condición indispensable la pertenencia cordial y real a una comunidad, al afirmar que "nadie cree solo, así como nadie se salva solo. Todo se vive en la comunidad, en la Iglesia". En la misma línea, exhortó a todos los discípulos misioneros a no aislarse, recordando que "Separados de mí, nada podrán hacer" (Jn 15,5). El llamado final fue claro: apostar siempre por la comunión, porque "la unión hace la fuerza y da fecundidad".

La oración final por una diócesis en misión

En el cierre de su mensaje, Mons. Urbanč elevó una intensa súplica a María, Mujer misionera, pidiendo que toda la diócesis viva en estado de misión y sea renovada por el Espíritu Santo.

Así, en la primera noche del septenario, la Pastoral Misionera Diocesana dejó un homenaje atravesado por la fe, la esperanza y el llamado permanente a llevar vida allí donde existe desolación.