Fiestas marianas, el sentido homenaje del Poder Ejecutivo
Durante el cuarto día del Septenario en honor de la Virgen del Valle, el Poder Ejecutivo provincial y municipal rindió homenaje en una misa presidida por Mons. Luis Urbanc. El obispo pidió a los gobernantes ejercer la autoridad con humildad, valentía y sentido del bien común, inspirado en la Resurrección de Jesucristo y el legado del Beato Esquiú.

En la noche del miércoles , en el marco del cuarto día del Septenario en honor de Nuestra Señora del Valle, los Poderes Ejecutivos Provincial y Municipal participaron de un homenaje litúrgico marcado por un fuerte mensaje pastoral dirigido a quienes ejercen responsabilidades públicas. La celebración se realizó durante la Santa Misa presidida por el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč, quien centró su homilía en una definición que atravesó toda la ceremonia: "La Resurrección de Jesucristo transforma la autoridad en un servicio humilde y desinteresado".

La Eucaristía fue concelebrada por el padre Juan Ramón Cabrera, rector del Santuario Catedral, junto a los sacerdotes Gustavo Esteche y Raúl Pereyra, integrantes del clero de la Diócesis de Merlo-Moreno, provincia de Buenos Aires.

Entre los asistentes se destacaron integrantes del gabinete provincial y representantes municipales, entre ellos el Ministro de Gobierno, Seguridad y Justicia, Dr. Alberto Natella, la Ministra de Salud, Dra. Johana Carrizo, el Secretario de Gobierno de la Municipalidad de Fray Mamerto Esquiú, Dn. Daniel Romero y la Presidente del Concejo Deliberante de Fray Mamerto Esquiú, Dr. Francisco Acosta.

Un mensaje directo a quienes gobiernan

Al iniciar su predicación, Mons. Urbanč dio la bienvenida a las autoridades presentes y encomendó sus gestiones a la protección de la Virgen del Valle. "Ruego a Dios, Nuestro Señor, que jamás aparten su mirada de la Virgen del Valle".

A partir de allí, desarrolló una reflexión profundamente orientada al ejercicio de la función pública. "La Resurrección de Jesucristo transforma la autoridad en un servicio humilde y desinteresado, liberando al líder del miedo y de la autorrealización obsesiva, para reflejar el amor divino". El obispo sostuvo que iluminar la gestión con el misterio pascual implica liderar con esperanza, integridad y valentía, colocando por encima de todo el Bien Común y la dignidad humana, en sintonía con el legado del Beato Esquiú.

 

Autoridad, servicio y comunión

Uno de los ejes centrales de la homilía fue la redefinición espiritual del concepto de autoridad. Urbanc afirmó que: "A la luz de la Resurrección, la autoridad no es dominio, sino el acto de servir y dar la vida por los demás". En esa línea, señaló que la victoria de Cristo sobre la muerte habilita una forma de liderazgo sin temor al fracaso, capaz de llevar luz a contextos difíciles, especialmente en tiempos de transición, crisis e incertidumbre.

También subrayó que la autoridad debe ejercerse en comunión, escuchando y promoviendo la misión compartida, en sintonía con los procesos sinodales. Entre los principios destacados por el Obispo se encuentran:

  • Servicio humilde
  • Valentía en la toma de decisiones
  • Preferencia por la verdad y el perdón
  • Escucha y misión compartida
  • Generosidad y santidad en la gestión
  • Centralidad del Bien Común

La Palabra de Dios como guía para gobernar

Tomando la primera lectura bíblica, correspondiente a Hechos 5,17-26, el Obispo trazó un paralelismo entre la reacción de las antiguas autoridades frente a la Resurrección y los desafíos actuales del poder. En contraste, quienes abrazan la verdad del Resucitado obran desde la libertad, el amor y la disposición al sacrificio.

Más adelante, reflexionó sobre el sufrimiento de los primeros cristianos y lo vinculó con la fortaleza necesaria para sostener la verdad en medio de pruebas y tensiones. "Cuando vengan las pruebas tenemos la opción de desanimarnos o descubrir que en ellas también Dios está obrando".

 

Un llamado ético a los líderes civiles y religiosos

En uno de los tramos más directos de la homilía, Urbanč afirmó que la Palabra de Dios ilumina especialmente la realidad de quienes tienen la responsabilidad de regir los destinos de un pueblo. "Un líder, civil o religioso, debe conocer y acatar el señorío de Dios sobre él. Necesita verse cada día en el espejo que es Jesucristo, para tomar las decisiones que servirán para el bien de todos".

El mensaje culminó con una exhortación mariana inspirada en las bodas de Caná: "Hagan lo que Él les diga". Y advirtió que honrar a la Virgen sin obedecer ese llamado sería un agravio a su corazón de Madre.