Hace aproximadamente dos millones y medio de años, mucho antes de que las ciudades, las rutas y los actuales paisajes turísticos ocuparan el sudeste de la provincia de Buenos Aires, las barrancas de esa región formaban parte de un escenario dominado por una intensa lucha por la supervivencia. Entre los animales que habitaban aquel territorio se encontraba un gran depredador con dientes de sable, perteneciente a un linaje de mamíferos metaterios más próximo a los marsupiales actuales.
Los restos de ese animal fueron observados por primera vez en 2013, en Miramar, aunque recién en 2016 fue posible acceder al sector de los acantilados costeros donde se encontraban, dentro de los afloramientos correspondientes a la Formación Vorohué. A partir de entonces comenzó un proceso de estudio que se extendió durante años y que permitió establecer que aquellos restos pertenecían a una especie hasta ahora desconocida para la ciencia.
El resultado de esa investigación fue la identificación de Pampaluctor calibar, un antiguo pariente de los marsupiales actuales que integró el grupo de los tilacosmílidos, caracterizados por sus enormes dientes de sable.
El nuevo animal fue dado a conocer en septiembre de 2026 en la revista científica Alcheringa: An Australasian Journal of Palaeontology, mediante el trabajo titulado "Un nuevo tilacosmílido dientes de sable (Thylacosmilidae, Metatheria) del Plioceno-Pleistoceno del sur de la provincia de Buenos Aires, Argentina". La investigación lleva las firmas de Eric N. del Campo, Federico L. Agnolín, Nicolás R. Chimento, Daniel Boh, Mariano Magnussen y Francisco De Cianni.
Un fósil que conserva mucho más que un hueso aislado
Uno de los aspectos centrales que destacan los investigadores es que el descubrimiento no corresponde a un elemento óseo aislado. El ejemplar está representado por un esqueleto postcraneal parcial, que conserva diferentes estructuras anatómicas capaces de aportar información sobre las dimensiones del animal y, especialmente, sobre sus relaciones evolutivas.
Entre los restos recuperados se encuentran:
- Las primeras seis vértebras cervicales.
- Parte de la escápula derecha.
- El extremo distal del húmero derecho.
- Parte del radio derecho.
- Gran parte del fémur izquierdo.
- Parte de la tibia izquierda.
- Dos vértebras caudales.
- Un pequeño fragmento de un hueso distal de la extremidad.
La variedad de elementos conservados permitió avanzar en el conocimiento de un animal que habitó Sudamérica durante un período particularmente significativo de su historia natural.
La antigüedad del ejemplar constituye, además, uno de los puntos centrales del hallazgo. Con unos 2,5 millones de años, Pampaluctor calibar es considerado actualmente el tilacosmílido y esparasodonto más joven conocido antes de la extinción total del grupo.
Un depredador de unos 100 kilos
Las estimaciones efectuadas a partir del material fósil indican que Pampaluctor calibar tenía una masa corporal cercana a los 100 kilos. Esa dimensión lo ubica entre los grandes depredadores mamíferos conocidos para América del Sur.
El estudio también permitió establecer su posición evolutiva dentro de los tilacosmílidos. Los análisis filogenéticos recuperaron a Pampaluctor calibar como el taxón hermano de Thylacosmilus, el conocido "marsupial dientes de sable" que habitó América del Sur durante el Neógeno. Thylacosmilus constituye uno de los ejemplos más llamativos de evolución convergente entre mamíferos depredadores, y la relación evolutiva establecida con Pampaluctor permite incorporar una nueva pieza al conocimiento de este particular grupo de animales.
Sin embargo, el nuevo fósil presenta características anatómicas propias que permiten diferenciarlo. A diferencia de Thylacosmilus, Pampaluctor poseía extremidades anteriores sumamente poderosas y desarrolladas para el agarre, mientras que sus patas traseras eran más cortas.
Esa combinación de características sugiere una estrategia de caza particular. Aunque no pertenecía al linaje del felino placentario Smilodon, habría adoptado una estrategia similar a la de ese depredador, especializada en someter y forcejear fuertemente con sus presas en el suelo antes de morder.
Un nombre ligado a la región y a un gaucho del siglo XIX
El nombre científico elegido para la nueva especie también incorpora referencias vinculadas con su historia y su lugar de descubrimiento. El género Pampaluctor combina una referencia a la región pampeana, donde fueron encontrados los restos, con la palabra latina luctor, que significa "luchar" o "forcejear". La denominación se vincula así tanto con el territorio donde apareció el fósil como con la estrategia de depredación que los investigadores atribuyen al animal a partir de sus características anatómicas.
Por su parte, el nombre específico calibar hace referencia a Calibar, un gaucho del siglo XIX conocido por su actividad como rastreador de ladrones en la Argentina.
De esta manera, la denominación completa del animal reúne elementos relacionados con la geografía del descubrimiento, con las características interpretadas para su comportamiento predatorio y con una figura histórica.
En qué momento histórico vivió
La existencia de Pampaluctor calibar se ubica en un período particularmente importante dentro de la historia faunística de Sudamérica. Se trataba de una etapa en la que se desarrollaba el Gran Intercambio Biótico Americano, proceso durante el cual numerosos animales provenientes de América del Norte ingresaron a Sudamérica y, en sentido inverso, distintos grupos sudamericanos se desplazaron hacia el norte.
El nuevo depredador habitó precisamente durante ese escenario de intercambio y transformación de las comunidades animales. Su presencia permite sumar información a la reconstrucción de la fauna que existía en el continente durante la transición entre las épocas geológicas del Plioceno y el Pleistoceno.
Los esparasodontos, grupo al que pertenece, fueron un clado extinto de mamíferos metaterios carnívoros originarios de América del Sur. El hallazgo de uno de sus representantes más recientes antes de la desaparición total del grupo adquiere así una relevancia particular para comprender la evolución de los depredadores sudamericanos.
Una pieza para reconstruir a los grandes depredadores
El descubrimiento de Pampaluctor calibar suma una nueva pieza al conocimiento sobre los grandes carnívoros que habitaron América del Sur. El esqueleto parcial permite analizar no solamente las dimensiones del animal, estimadas en unos 100 kilos, sino también características de sus extremidades y su posición dentro del árbol evolutivo de los tilacosmílidos.
La combinación de poderosas extremidades anteriores para el agarre y patas traseras más cortas aporta elementos para interpretar la estrategia de caza que habría desarrollado este depredador. Su comparación con Thylacosmilus y con el felino placentario Smilodon permite, a partir de las características señaladas en el estudio, observar cómo distintas líneas evolutivas pudieron adoptar estrategias similares frente a desafíos semejantes.
El hallazgo también pone el foco sobre el valor paleontológico de las barrancas del sudeste bonaerense. Los restos fueron observados originalmente en 2013, pero el acceso al sector de los acantilados donde se encontraban se produjo recién en 2016. Desde entonces, el material fue sometido a años de análisis hasta llegar a la identificación de una nueva especie.