Josefa Dominga, la nieta de San Martín y heredera olvidada
La nieta del Libertador, que jamás pisó Argentina, honró el legado familiar con donaciones históricas y un acto de valentía en las trincheras europeas.

Mientras Europa se desangraba en la Primera Guerra Mundial, una anciana de 82 años, descendiente directa de uno de los próceres más importantes de América, se negó a huir. Su nombre era Josefa Dominga Balcarce y San Martín, nieta del general José de San Martín, y su legado va más allá de un apellido ilustre. La mujer, conocida en la intimidad como "Pepita", no solo fue la última heredera biológica del Libertador, sino también la curadora de su memoria, la protectora de su legado y una heroína de guerra condecorada.

Nacida en París en 1836, hija de Mercedes Tomasa de San Martín y el diplomático Mariano Balcarce, Josefa creció empapada de la cultura argentina que su madre le transmitió como un tesoro. Aunque su vida transcurrió en Francia, siempre se sintió profundamente conectada con la patria de su abuelo, a la que se refería con orgullo como "mi Patria" en sus cartas. Hablaba español con fluidez y dominaba la cocina criolla, una clara muestra de su arraigada identidad.

Lejos de vivir a la sombra de su apellido, Josefa se dedicó a proteger y honrar la herencia de su abuelo. Fue ella quien donó los objetos más valiosos del general al Museo Histórico Nacional de Argentina, incluyendo pertenencias íntimas, retratos y una réplica exacta de la habitación donde murió. Con la misma generosidad, donó una propiedad familiar en Buenos Aires al Patronato de la Infancia. No buscó rédito económico, sino que actuó por un profundo sentido de pertenencia y amor por la historia de su familia y la nación que su abuelo ayudó a fundar.

Su valentía alcanzó su punto máximo durante la Primera Guerra Mundial. A sus 80 años, Josefa transformó su residencia en Brunoy en un hospital de campaña, rechazando las advertencias militares de evacuar. Atendió personalmente a los heridos, y su entrega y coraje le valieron la Medalla de la Reconnaissance y la Cruz de la Legión de Honor por parte del gobierno francés.

Josefa Dominga Balcarce y San Martín no tuvo hijos biológicos, pero su descendencia fue moral e histórica. Murió en 1924, en la misma casa que convirtió en refugio. A pesar de su extraordinario legado de caridad, patriotismo y valentía, su nombre ha quedado casi en el olvido en los manuales de historia argentinos, una paradoja para la mujer que encarnó cada una de las máximas que su abuelo escribió para su hija.