La nueva batalla contra el Covid: la OPS incorpora una vacuna argentina
A poco más de tres años del final de la pandemia, la discusión sobre la inmunización contra el Covid cambia de eje: ya no se trata solamente de desarrollar vacunas eficaces, sino también de lograr que las personas quieran aplicárselas.

Dos hechos relevantes vinculados con la vacunación contra el Covid ocurrieron casi en simultáneo y abrieron una nueva etapa en el debate internacional sobre la inmunización. Por un lado, la revista The Lancet publicó un artículo que analiza, entre otros aspectos, el impacto negativo que pueden tener los efectos adversos leves sobre la decisión de las personas de continuar vacunándose. Por otro, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) incorporó por primera vez la vacuna argentina ARVAC a su denominado Fondo Rotatorio, una medida que permitirá que los países de la región accedan al fármaco a un precio más bajo.

Ambos acontecimientos se producen a poco más de tres años del final de la pandemia, decretado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en mayo de 2023, después de más de tres años de una crisis sanitaria global que generó un impacto sin precedentes.

Sin embargo, el final de la emergencia sanitaria no significó la desaparición del Covid como riesgo. El virus continúa representando una amenaza y, al mismo tiempo, la proporción de la población con cobertura vacunal y natural es cada vez menor, en parte por la cantidad de nacimientos que se produjeron después de la pandemia.

El desafío actual, por lo tanto, ya no está centrado principalmente en el poder epidémico del virus, sino en la necesidad de mantener una protección suficiente frente a sus consecuencias. Entre las secuelas que puede dejar a largo plazo, el deterioro cognitivo aparece señalado como una de las más importantes.

The Lancet y los síntomas posteriores a la vacunación

El trabajo publicado por The Lancet, firmado por investigadores de Estados Unidos, China y Canadá, analiza la seguridad y la eficacia de las vacunas de ARN mensajero, como las desarrolladas por Pfizer y Moderna.

Los autores consideran que esta tecnología representa un "avance transformador en la vacunología". Sin embargo, el análisis introduce una mirada que va más allá de la evaluación estrictamente inmunológica. A diferencia de investigaciones anteriores que suelen separar la inmunología de los factores sociales, esta revisión conecta los mecanismos biológicos de la plataforma de ARNm con la percepción que tiene la población sobre la salud pública.

Uno de los puntos centrales del análisis es la llamada reactogenicidad, es decir, la aparición de síntomas habituales después de la aplicación de una vacuna. Los investigadores remarcan la importancia de diferenciar estos efectos de los eventos adversos raros y graves.

La comunidad médica, según el planteo de los autores, debería enseñar a la población a distinguir entre ambos conceptos:

  • Los eventos adversos graves son excepcionales.
  • La reactogenicidad incluye síntomas comunes como dolor en el sitio de inyección, fatiga generalizada, fiebre leve o cefalea.

La diferencia es relevante porque la experiencia individual con los síntomas puede tener consecuencias directas sobre las decisiones futuras de vacunación.

El malestar inmediato puede afectar las dosis de refuerzo

El artículo plantea un dato considerado clave: experimentar una reactogenicidad moderada o intensa después de la primera o segunda dosis podría convertirse en un predictor de que una persona decida no aplicarse refuerzos o actualizaciones anuales.

En ese punto aparece una de las principales conclusiones del análisis. El malestar físico inmediato puede terminar eclipsando el "beneficio invisible" de la protección inmunológica a largo plazo.

La persona que experimenta dolor, fatiga, fiebre leve o cefalea puede percibir de manera concreta los efectos posteriores a la aplicación, mientras que la protección contra una enfermedad futura no siempre resulta visible ni perceptible en el momento. Esa diferencia entre una molestia inmediata y un beneficio que se proyecta en el tiempo puede convertirse, de acuerdo con el trabajo, en una divisoria de aguas para la continuidad de las campañas de vacunación.

Por esa razón, los autores consideran que el diseño de la próxima generación de vacunas debería prestar especial atención a la reducción de la reactogenicidad.

El objetivo prioritario de la industria, según establece la publicación, no debería limitarse a aumentar la eficacia de las vacunas. También debería "mitigar la reactogenicidad intrínseca" para que las innovaciones puedan alcanzar éxito tanto en el plano comercial como en el clínico.

La decisión de la OPS

La conclusión científica planteada por The Lancet se vincula con la decisión adoptada por la OPS, que incorporó por primera vez la vacuna argentina ARVAC a su Fondo Rotatorio.

La medida se produce en un contexto de sostenido derrumbe de las tasas de vacunación contra el Covid. En el Gobierno argentino, donde el Estado viene administrando vacunas de ARNm, admitieron ante la consulta de Clarín que las actuales tasas de vacunación contra el Covid son muy bajas.

La OPS advirtió un escenario similar a nivel regional y, después de varios años durante los cuales el Fondo Rotatorio ofreció vacunas de ARNm, decidió reforzar su portfolio con la incorporación de ARVAC.

La decisión se relaciona con la menor reactogenicidad reconocida de ARVAC, debido a que se trata de una vacuna de proteínas recombinantes, una plataforma más parecida a la de otras vacunas clásicas de calendario. En ese sentido, el organismo entendería que esta alternativa podría adaptarse mejor a las necesidades actuales de inmunización pública, una vez superada la emergencia sanitaria.

La incorporación también busca ampliar las posibilidades de acceso de los países de la región, al permitir que puedan obtener el fármaco a un precio más bajo.