Llega el frío: recomendaciones para fortalecer el sistema inmune y no enfermarse
Especialistas analizan cómo el cambio de estación y los hábitos invernales impactan en nuestra salud y ofrecen recomendaciones con respaldo científico para prevenir infecciones respiratorias.

Con la llegada de los primeros días fríos, la preocupación por la salud pública se intensifica. No se trata de una percepción subjetiva; la ciencia confirma que durante los meses de otoño e invierno existe un riesgo elevado de contraer infecciones. Sin embargo, existe un mito persistente que es necesario aclarar: las bajas temperaturas no "bajan las defensas" por sí solas de forma directa.

Según explica el médico especialista en Medicina Interna, Ignacio Gutiérrez Magaldi (MP 32214 / ME 15051), el riesgo aumenta debido a una combinación de factores ambientales y cambios en la conducta humana. Entre ellos, destaca la mayor circulación viral y la tendencia a permanecer más tiempo en espacios interiores con menor ventilación. A esto se suma que el aire frío y seco afecta negativamente la mucosa respiratoria.

Por su parte, el médico clínico Ramiro Heredia (MN 117.882), del Hospital de Clínicas José de San Martín, señala que virus como la influenza, el virus sincicial respiratorio (VSR) y el rinovirus presentan un patrón estacional de circulación más intenso. Un factor crítico es la afectación del sistema mucociliar, una barrera natural que funciona como una cinta transportadora eliminando patógenos; cuando este sistema se resiente por el frío, la entrada de bacterias y virus se facilita.

Pilares para un sistema inmune resiliente

Para contrarrestar estos efectos, los expertos proponen nueve hábitos esenciales que deben incorporarse a la rutina diaria. Estas acciones no son medidas aisladas, sino parte de una estrategia integral de salud:

Ventilación de ambientes: Es una de las herramientas más efectivas. Renovar el aire reduce la carga viral en espacios cerrados y previene la intoxicación por monóxido de carbono, un riesgo que genera cientos de casos anuales en Argentina.

Exposición solar razonable: Se recomiendan entre 10 y 20 minutos diarios, evitando los horarios pico. La luz solar es vital para sintetizar la vitamina D, un modulador clave cuya deficiencia aumenta la susceptibilidad a enfermedades.

Alimentación equilibrada: La dieta debe priorizar frutas, verduras, legumbres, proteínas, yogur y frutos secos. Estos alimentos aportan micronutrientes como zinc, hierro y vitaminas A, C, D y E. Los especialistas aclaran que, si bien el exceso de vitamina C no mejora la inmunidad mágicamente, un consumo balanceado sí acorta los tiempos de recuperación.

 

Higiene de manos: Lavarse las manos frecuentemente, en especial al llegar al hogar y antes de ingerir alimentos, sigue siendo una barrera infranqueable contra los virus.

Ejercicio físico regular: Se aconsejan 150 minutos de actividad moderada o 75 de intensidad alta por semana. El ejercicio mejora la circulación de células inmunes y ayuda a modular la inflamación sistémica.

Descanso reparador: Dormir entre siete y nueve horas es innegociable. La falta de sueño (menos de seis horas) se asocia directamente con una peor respuesta a las vacunas y una mayor probabilidad de enfermar tras la exposición viral.

Manejo del estrés: El estrés crónico eleva el cortisol, lo que desregula el eje hipotálamo-hipófiso-adrenal y reduce la función de linfocitos T y células NK, dejando al organismo vulnerable.

Evitar hábitos tóxicos: El tabaquismo deteriora las defensas locales de los pulmones, mientras que el alcohol compromete la respuesta inmunitaria general.

Hidratación suficiente: El consumo de al menos dos litros de agua diarios es fundamental para mantener la funcionalidad de las mucosas respiratorias.

La vacunación

Más allá de los hábitos, la vacunación se erige como la herramienta central para prevenir cuadros graves, hospitalizaciones y muertes. La efectividad de la vacuna antigripal se revisa anualmente para adaptarse a las cepas circulantes, brindando beneficios consistentes en la reducción de complicaciones.

En Argentina, la vacuna contra la influenza es gratuita para los grupos de riesgo, que incluyen al personal de salud, embarazadas, niños de seis a 24 meses, mayores de 65 años y personas con enfermedades crónicas. Además, se enfatiza la importancia de los refuerzos de COVID-19 y la vacuna contra el neumococo. Recientemente, se ha destacado también la relevancia de la vacuna contra el virus sincicial respiratorio (VSR) para embarazadas y adultos mayores de 60 años.

Protocolos de acción ante síntomas

Frente a la aparición de congestión, dolor de garganta o febrícula, la recomendación es clara: aislamiento domiciliario, hidratación y descanso. Se debe evitar el contacto con personas vulnerables y utilizar barbijo si la interacción es inevitable.

Es imperativo evitar la automedicación con antibióticos, dado que la mayoría de estas infecciones son virales. Se debe consultar a un profesional de la salud de forma inmediata si se presenta fiebre persistente, dificultad para respirar, dolor torácico o si el paciente pertenece a un grupo de riesgo. En última instancia, la prevención exitosa reside en la constancia de los hábitos saludables y el cumplimiento de los esquemas de vacunación.