La historia de Nicolasa Antonia Gregoria Bazán, conocida como Doña Nicolasa, vuelve a poner en evidencia una realidad persistente en el interior profundo de Catamarca. A sus 74 años, la mujer continúa viviendo en condiciones de extrema vulnerabilidad en una zona remota ubicada entre las localidades de Miraflores y Los Ángeles, donde el acceso resulta complejo y exige atravesar varios kilómetros de senderos, ríos y terrenos agrestes.
Su situación no es nueva. Desde hace años, su nombre aparece asociado a una historia que combina aislamiento, pobreza estructural y ausencia de respuestas sostenidas, pese a la visibilidad que alcanzó en distintos momentos. Sin embargo, a pesar de que su caso es conocido, poco ha cambiado en su vida cotidiana.
Doña Nicolasa sobrevive gracias al acompañamiento de su hermano y de familiares que la visitan cuando pueden, así como al aporte ocasional de personas solidarias que se acercan hasta su hogar para brindarle asistencia.
Una visibilidad que no logró transformar su realidad
En 2021, en plena pandemia, su situación cobró relevancia cuando su hermano Isidro tuvo que trasladarla desde su vivienda en los cerros para que pudiera recibir la vacuna contra el Covid-19. En ese momento, se puso en evidencia que nadie se había acordado de ella, lo que generó preocupación y exposición pública.
A partir de ese episodio, su historia ganó visibilidad, pero esa atención no se tradujo en cambios estructurales en su calidad de vida. La mujer continúa habitando el mismo entorno, enfrentando las mismas dificultades y dependiendo de la ayuda externa para cubrir necesidades básicas.
El paso del tiempo, lejos de mejorar su situación, ha profundizado algunas de sus limitaciones, especialmente en lo que respecta a su estado físico.
Una nueva visita que reaviva la solidaridad
En los últimos días, Doña Nicolasa recibió la visita de uno de sus visitantes habituales, Stefan Sauzuk, quien regresó a los cerros acompañado por un grupo de amigos para acercarle provisiones y acompañamiento. La travesía, que implicó recorrer caminos de difícil acceso, fue realizada junto a Salverio, Sebastián Leal, Day Nieva, Laura Aguirre y Daniela, pareja de Sauzuk. El objetivo fue no solo asistirla con elementos esenciales, sino también brindarle contención afectiva.
Durante el encuentro, el grupo constató que la situación de la mujer se ha agravado. Según se describió, su motricidad se encuentra cada vez más afectada, lo que incrementa su nivel de dependencia y expone con mayor crudeza sus necesidades.
Necesidades crecientes
La visita permitió actualizar el estado de situación de Doña Nicolasa y elaborar un relevamiento de los elementos que requiere para mejorar, al menos parcialmente, sus condiciones de vida. Este cuadro no hace más que reflejar una situación sostenida en el tiempo, donde la ayuda llega de manera esporádica y no logra consolidar una red de contención estable.
Tras la visita, Stefan y su grupo de amigos manifestaron su intención de regresar antes de fin de año, con el compromiso de continuar brindando asistencia y seguimiento a la situación de Doña Nicolasa. En ese sentido, ya se elaboró una lista con las necesidades prioritarias que serán abordadas en futuras visitas. Este tipo de iniciativas, impulsadas desde la comunidad, se presentan como una respuesta concreta frente a la falta de soluciones estructurales.
Además, se habilitó un canal para quienes deseen colaborar, a través del alias STS.CTC.DAN, con el objetivo de canalizar aportes que permitan cubrir parte de las necesidades detectadas.
Una historia que interpela
El caso de Doña Nicolasa sintetiza una realidad compleja, donde la combinación de aislamiento geográfico, vulnerabilidad social y falta de intervención sostenida configura un escenario de difícil resolución.
La reiteración de gestos solidarios por parte de ciudadanos pone en evidencia la existencia de una red comunitaria activa, pero también expone los límites de estas acciones frente a problemáticas estructurales que requieren respuestas más amplias.
Mientras tanto, en medio de los cerros y lejos de los centros urbanos, Doña Nicolasa continúa su vida en condiciones adversas, sostenida por el esfuerzo de su familia y por la voluntad de quienes, cada tanto, deciden no olvidarla.