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Profundo pesar en Catamarca por el fallecimiento de la hermana Laura del Carmen Rivas

Referente de la fe, impulsora de la escuela especial San José y educadora incansable, la religiosa dejó un legado de cuatro décadas de servicio que hoy enluta a toda la provincia.

7 Septiembre de 2026 19.54

La mañana de este lunes, la comunidad de la ciudad de Belén despidió con profundo pesar a una de sus figuras religiosas y educativas más entrañables. A los 81 años de edad, entregó su vida al Señor la Hna. Laura del Carmen Rivas, perteneciente a la Congregación de la Sagrada Familia de Nazareth. Su fallecimiento marca el cierre de una etapa fundamental para el desarrollo social, pastoral y pedagógico del oeste catamarqueño, dejando una huella imborrable en cada uno de los espacios donde desplegó su infatigable vocación de servicio.

Los restos mortales de la religiosa están siendo velados en la capilla del Colegio Virgen de Belén, un recinto profundamente ligado a su historia de vida y labor cotidiana. Las exequias culminarán este miércoles 9, a las 10:00, momento en el cual se oficiará la Misa de cuerpo presente. Posteriormente, sus restos recibirán cristiana sepultura en el cementerio municipal de Belén, en una ceremonia que convoca a fieles, colegas, exalumnos y a toda la ciudadanía a rendir tributo a su memoria.

Raíces profundas y una vocación tempranamente templada en la fe

La trayectoria vital de la hermana Laura comenzó en la localidad de Londres, situada en el mismo departamento de Belén, donde vio la luz el 23 de julio de 1945. Desde sus primeros años, su vínculo con la región moldeó un carácter firme y generoso que marcaría su posterior camino de consagración. Su formación básica transcurrió íntegramente en la ciudad de Belén, donde completó tanto sus estudios primarios como los secundarios.

Buscando profundizar su compromiso espiritual y su servicio eclesial, la joven Laura se trasladó a La Plata, provincia de Buenos Aires. En tierras bonaerenses transitó el riguroso periodo de preparación para la vida religiosa, coronando esta etapa con la emisión de sus votos el 29 de diciembre de 1970. A lo largo de su existencia, acumuló 56 años de consagración total a Dios y a la Iglesia, un hito de fidelidad que celebró por todo lo alto en 2020 al conmemorar sus Bodas de Oro como consagrada, habiendo desempeñado además el rol de Madre Superiora de la Congregación en Belén.

Compromiso pedagógico y liderazgo institucional

El retorno de la hermana Laura a su tierra natal estuvo marcado por una intensa actividad educativa. Durante su residencia previa en Buenos Aires, se recibió de maestra, adquiriendo las herramientas pedagógicas que volcó a su regreso en los distintos niveles educativos del Instituto Virgen de Belén. Su liderazgo trascendió las aulas tradicionales:

Ejerció la docencia con rigurosidad y afecto en diversos niveles formativos.

Ocupó cargos directivos de alta responsabilidad dentro de la institución.

Se desempeñó como representante legal del Instituto Virgen de Belén, guiando su rumbo institucional.

Su sensibilidad social encontró un cauce decisivo en la educación especial. Desempeñó un importante rol en la vida institucional de la escuela especial N° 4 San José de la ciudad de Belén. En sus inicios, esta institución funcionaba en las dependencias del Colegio Virgen de Belén, hasta que la hermana Laura gestionó y concretó la creación del edificio propio. En este nuevo espacio, su labor se distinguió por la entrega absoluta, trabajando ad honorem con total dedicación y cariño a los chicos que recibían educación especial en aquel rincón del oeste catamarqueño.

Una obra apostólica extendida por cuatro décadas

A lo largo de unas cuatro décadas, la labor apostólica, educativa y social de la religiosa se expandió por los barrios y los sectores más vulnerables de la comunidad. Su presencia cotidiana significó un faro de alegría y esperanza para los habitantes de la región. Su misión no se limitaba al ámbito escolar; realizaba una intensa tarea de cercanía pastoral:

Visitaba de manera sistemática a los ancianos y enfermos en la comodidad de sus hogares.

Acudía con consuelo espiritual a los hospitales de la zona.

Mantenía un constante celo, responsabilidad y permanente formación, estudiando e investigando para ofrecer siempre lo mejor a quienes el Señor ponía en su camino.

Hoy en día, toda la comunidad de Belén, y en especial el Instituto Virgen de Belén, la recuerda con un inmenso cariño y un profundo respeto. Su entrega generosa, su capacidad de gestión y su ternura inagotable componen el retrato de una pastora que supo encarnar los valores más altos de su congregación, dejando una impronta viva en el corazón de Catamarca.

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