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Riquísimo: cómo hacer un bizcochuelo marmolado esponjoso y súper fácil

Con vetas de vainilla y chocolate que se entrelazan de forma natural, el bizcochuelo marmolado combina esponjosidad con un sabor rico y versátil. Económico y rápido de preparar, es la opción ideal para meriendas familiares, cumpleaños improvisados o para acompañar el mate de la tarde.

17 Febrero de 2026 21.04

El bizcochuelo marmolado es una de esas recetas que atraviesan generaciones sin perder vigencia. Su atractivo visual —marcado por vetas que dibujan formas caprichosas en cada corte— se suma a una textura aireada y a una combinación clásica de sabores que nunca falla: la suavidad de la vainilla y la intensidad del chocolate. Esta preparación, además de su valor estético y gustativo, se distingue por su practicidad y accesibilidad.

Pensado para un molde redondo de 22 cm y con un rendimiento estimado de 8 a 10 porciones, este bizcochuelo reúne ingredientes habituales en cualquier cocina, lo que refuerza su carácter económico y funcional.

Ingredientes precisos para un resultado equilibrado

La receta contempla proporciones claras que garantizan estructura, humedad y sabor:

4 huevos, preferentemente a temperatura ambiente

200 g de azúcar

200 g de harina leudante (o harina 0000 común más 2 cucharaditas de polvo de hornear)

100 ml de leche

100 ml de aceite neutro (girasol o maíz)

1 cucharadita de esencia de vainilla

Para la masa de chocolate:

2 a 3 cucharadas soperas de cacao amargo en polvo (20 a 30 g, sin azúcar)

Opcional: 1 a 2 cucharadas de azúcar extra para suavizar el amargor

Cada componente cumple un rol específico: los huevos aportan estructura y aire; el azúcar no solo endulza, sino que colabora en la textura; la harina define el cuerpo; la leche y el aceite garantizan humedad; y la esencia de vainilla aporta identidad aromática. El cacao amargo, por su parte, es el responsable de las vetas oscuras y del contraste de sabor.

El paso a paso: técnica y precisión

La preparación comienza con un gesto clave: precalentar el horno a 180 °C en modo convencional. Paralelamente, se debe enmantecar y enharinar un molde redondo de 22 cm o forrar su base con papel manteca.

En un bowl amplio, se baten los huevos con el azúcar durante 5 a 8 minutos con batidora eléctrica —o manual— hasta obtener una preparación espumosa, clara y con volumen notablemente aumentado. Este punto es esencial: el aire incorporado en esta etapa será determinante para lograr la textura aireada y el levado adecuado.

Luego se agregan la leche, el aceite y la esencia de vainilla, mezclando suavemente hasta integrar por completo. La harina, previamente tamizada, se incorpora en dos o tres partes mediante movimientos envolventes, de abajo hacia arriba. Este detalle técnico es fundamental para conservar el aire del batido y evitar que la preparación pierda volumen. Revolver enérgicamente comprometería el resultado final.

Una vez integrada la masa base, se divide en dos porciones aproximadamente iguales. Una se mantiene tal cual —la versión de vainilla— y en la otra se tamiza el cacao amargo, junto con el azúcar extra si se decide utilizarlo. Se mezcla con suavidad hasta lograr una preparación homogénea y sin grumos.

El efecto marmolado: arte y equilibrio

La identidad visual del bizcochuelo surge en el momento de volcar las masas en el molde. Se pueden alternar cucharadas de vainilla y chocolate en el centro o distribuirlas en capas. Con un palillo o cuchillo se realizan movimientos suaves en espiral o zigzag para crear las vetas características.

La clave está en no excederse con los movimientos: si se mezclan demasiado las masas, los colores se fusionarán y se perderá el efecto marmolado.

La cocción se extiende durante 35 a 40 minutos. Es fundamental no abrir el horno antes de los primeros 30 minutos para evitar que la preparación se baje. Para comprobar el punto justo, se introduce un palillo en el centro: debe salir limpio y seco.

Tras retirar el molde del horno, se deja reposar 10 minutos antes de desmoldar sobre una rejilla para que enfríe por completo.

Consejos y variantes para potenciar el resultado

Para lograr un bizcochuelo marmolado óptimo, se recomienda:

Usar cacao amargo de buena calidad para resaltar sabor y vetas.

Alternar porciones más grandes y limitar los movimientos si se desean vetas más definidas.

Además, la receta admite variantes que enriquecen su perfil:

Incorporar ralladura de naranja a la masa de vainilla.

Añadir un toque de café instantáneo disuelto en la masa de chocolate para mayor profundidad.

En cuanto a la conservación, el bizcochuelo se mantiene tierno 3 a 4 días si se guarda tapado a temperatura ambiente. En heladera puede durar hasta una semana. También es posible congelarlo en porciones individuales envueltas en film, una alternativa práctica para disponer de una porción lista en cualquier momento.

En definitiva, el bizcochuelo marmolado reúne estética, sabor y practicidad en una fórmula simple. Su combinación de vainilla y chocolate no solo seduce al paladar, sino que convierte cada corte en una pieza única, perfecta para compartir en cualquier ocasión.