El entorno digital de plataformas como TikTok ha servido de caldo de cultivo para la propagación del fenómeno therian, una tendencia que ha despertado tanto curiosidad como una creciente preocupación en el ámbito de la salud mental. Lo que para el ojo desprevenido podría parecer un simple juego de disfraces o una excéntrica forma de expresión juvenil, es analizado por especialistas como un síntoma de problemáticas más profundas. En una reciente intervención, el psicoanalista y psiquiatra infantojuvenil Francisco Guerrini desglosó las implicancias de estas conductas, advirtiendo que, en muchos casos, debajo de la estética animal se esconde un marcado sufrimiento emocional y una notable falta de contención por parte del entorno.
Para comprender el auge de los therians, es necesario situarlos en el marco de la evolución de las tribus urbanas. Según explicó Guerrini, este fenómeno responde a una lógica generacional de diferenciación: así como hace una década existían grupos con estéticas y códigos propios, la generación actual siente la necesidad de distanciarse de sus predecesores, encontrando en la identificación con lo animal una vía de escape. Durante la adolescencia, la identidad no es algo estático, sino un proceso en constante edificación que puede ser sentido subjetivamente como un "otro". El especialista sostiene que el punto crítico no reside en el disfraz, sino en lo que ocurre emocionalmente detrás, ya que estas conductas suelen aparecer en preadolescentes que atraviesan procesos complejos y una imperiosa necesidad de pertenencia.
El rol de la familia y el vacío de identificación
Uno de los puntos más agudos del análisis de Guerrini recae sobre el entorno primario del adolescente. Ante la aparición de estas conductas, el psiquiatra señala que el primer paso clínico es realizar entrevistas largas con el padre para desentrañar la dinámica familiar y comprender qué está sucediendo en ese núcleo. En su diagnóstico, advierte una falla en las funciones parentales al señalar que la figura central del padre no está ocupando el lugar ideal de identificación que el joven requiere. Cuando este sostén cercano flaquea, los jóvenes se ven obligados a buscar sus referentes en espacios externos, tales como amigos, docentes o personajes de redes sociales, al sentir que falta un sostén cercano.
Si bien puede existir una dimensión lúdica, el especialista es tajante al marcar la frontera donde la conducta deja de ser una exploración identitaria para convertirse en una señal de alarma clínica. El límite se cruza cuando el comportamiento infringe las normas básicas de la interacción humana; Guerrini fue contundente al advertir que cuando una persona se disfraza y llega a morder a otra, ya se trata de un cuadro psicótico o de una problemática lindante a un episodio enfermo. En este sentido, la existencia de una patología se vuelve evidente cuando tanto el joven como su familia sufren de manera constante por la imposibilidad de gestionar estas manifestaciones.
El impacto neurobiológico del scrolleo infinito
Finalmente, el análisis abordó el papel de la tecnología en la erosión de las facultades cognitivas. Para Guerrini, el uso excesivo de redes sociales tiene un correlato biológico directo. Desde el psicoanálisis y la biología se entiende que somos seres animales, pero el límite entre esa animalidad y la cultura debe ser siempre claro para permitir el desarrollo del pensamiento crítico. El psiquiatra advirtió que el problema central es que las familias pasan el día "scrolleando", lo cual impacta en lo neurobiológico al reducir la corteza frontal.
Este debilitamiento de las funciones superiores provoca que el pensamiento crítico caduque, además de enfrentar serias dificultades para concentrarse o estudiar. Bajo esta perspectiva, el fenómeno therian no sería solo una elección estética, sino la consecuencia de una sociedad hiperconectada digitalmente pero desconectada de los procesos de desarrollo emocionales. El predominio de la animalidad sobre la cultura marca el punto donde la capacidad de análisis desaparece y la salud mental del adolescente entra en una zona de alto riesgo.