El clima global enfrenta nuevamente un escenario de máxima atención. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó que existe un 90% de probabilidad de que el fenómeno climático de El Niño vuelva a manifestarse durante el segundo semestre del año y advirtió que no puede descartarse que alcance una intensidad elevada.
La comunicación del organismo internacional fue replicada por distintas agencias y se suma a una serie de pronósticos elaborados por centros meteorológicos y organismos especializados que vienen siguiendo de cerca la evolución de las condiciones oceánicas y atmosféricas en el Pacífico ecuatorial.
La preocupación radica en que El Niño es considerado una de las variaciones climáticas naturales más influyentes del planeta. Su aparición ocurre cada dos a siete años y se caracteriza por el calentamiento de la superficie del mar en la zona central y oriental del océano Pacífico ecuatorial, un proceso que modifica patrones de lluvias, temperaturas y circulación de vientos en distintas regiones del mundo durante varios meses.
Para anticipar su desarrollo, los especialistas monitorean una serie de indicadores que incluyen:
• Temperaturas superficiales del océano.
• Temperaturas subsuperficiales.
• Comportamiento de los vientos.
• Índice de Oscilación Austral.
• Variaciones de presión atmosférica entre el Pacífico oriental y occidental.
Cuando estos factores comienzan a alinearse, la probabilidad de desarrollo del fenómeno aumenta de manera considerable.
Escenario de alta probabilidad
Los modelos climáticos y meteorológicos utilizados por organismos internacionales muestran un grado de coincidencia poco habitual respecto de la posibilidad de que El Niño se instale durante 2026.
Entre los organismos que respaldan esta proyección aparecen la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) y el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo (ECMWF).
Las estimaciones de la NOAA indican una probabilidad del 62% de que El Niño se desarrolle entre junio y agosto, con posibilidades de fortalecerse hacia el final de la temporada de huracanes.
Por su parte, AccuWeather asigna una probabilidad del 15% de que el episodio alcance la categoría de fenómeno intenso durante ese mismo período.
El ECMWF introduce además un elemento adicional de preocupación al señalar que el sistema climático actual, condicionado por la acumulación de gases de efecto invernadero, podría no disipar completamente el calor generado por el fenómeno, aumentando así sus impactos potenciales.
Qué es un "Super Niño" y por qué genera preocupación
La expresión "Super Niño" se utiliza para describir los eventos más intensos dentro del fenómeno climático.
Según los informes técnicos citados, esta categoría se alcanza cuando la temperatura superficial del mar en la región Niño 3.4 del Pacífico ecuatorial supera los 2 grados centígrados por encima del promedio histórico durante varios meses consecutivos.
Desde mediados del siglo pasado, solo tres episodios alcanzaron esta magnitud:
• 1982-1983.
• 1997-1998.
• 2015-2016.
De acuerdo con las proyecciones del ECMWF, las anomalías térmicas podrían llegar hasta los 3,3°C hacia septiembre, un dato que alimenta la preocupación respecto de la intensidad que podría alcanzar el fenómeno.
Los especialistas advierten además que este tipo de procesos climáticos presentan comportamientos irregulares y una evolución compleja, lo que dificulta anticipar con precisión su desarrollo final.

Impactos potenciales en distintas regiones del planeta
Las consecuencias de un evento de gran magnitud no se distribuyen de manera uniforme en el mundo. El análisis de la NOAA indica que El Niño puede intensificar la actividad de huracanes en el Pacífico central y oriental, mientras que tiende a reducirla en el Atlántico.
Asimismo, el fenómeno puede favorecer:
• Olas de calor extremo.
• Déficits de precipitaciones en determinadas regiones.
• Incremento de lluvias en otras zonas.
• Episodios de precipitaciones intensas durante el invierno boreal en el sur de Estados Unidos.
La OMM también advierte sobre posibles alteraciones significativas en Sudamérica.
Sudamérica y los desafíos para Argentina
Dentro del continente sudamericano, el foco de atención se concentra especialmente en el sudeste de la región. La OMM señala que el sur de Brasil, Paraguay, Uruguay y las regiones norte y noreste de Argentina podrían enfrentar precipitaciones superiores a los valores habituales, incrementando el riesgo de:
• Inundaciones.
• Tormentas severas.
• Deslizamientos.
En contraste, otras áreas del continente podrían experimentar condiciones opuestas.
Entre las regiones expuestas a sequías o lluvias inferiores a los promedios normales aparecen:
• El norte de Sudamérica.
• América Central.
• El noreste de Brasil.
Las proyecciones también ponen especial atención sobre las principales áreas productivas argentinas. La Cuenca del Plata y las zonas agrícolas del centro-este y noreste del país figuran entre las regiones que podrían registrar un incremento significativo de precipitaciones durante la primavera y el verano austral.
Las áreas bajo mayor seguimiento incluyen:
• Santa Fe.
• Entre Ríos.
• Córdoba.
• Norte de Buenos Aires.
• Mesopotamia.
• Región chaqueña.
Riesgos y oportunidades para la producción
Los cambios en el régimen de lluvias podrían ofrecer beneficios para zonas afectadas por déficit hídrico, favoreciendo la recuperación de humedad en los suelos y mejorando las perspectivas para la siembra y la cosecha. Sin embargo, el mismo fenómeno también podría generar dificultades.
Entre los riesgos señalados aparecen:
• Anegamientos rurales.
• Problemas logísticos.
• Demoras en tareas agrícolas.
• Complicaciones para la cosecha gruesa.
En paralelo, la secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, destacó los efectos del denominado "Niño Costero" sobre Perú y Ecuador, fenómeno asociado al aumento de las lluvias y al calentamiento del mar, con consecuencias directas para la actividad pesquera y la biodiversidad marina.
La incertidumbre sigue siendo un factor central
A pesar de las señales observadas por los organismos internacionales, la evolución definitiva del fenómeno todavía presenta interrogantes. La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) señaló en un informe especial que aún no es posible determinar con precisión la intensidad final del evento, aunque reconoció que los modelos muestran una tendencia favorable al desarrollo de El Niño durante la segunda mitad de 2026.
El informe agrega que, por el momento, el escenario más probable para el invierno contempla precipitaciones dentro de parámetros normales y sin evidencias concretas de excesos hídricos generalizados en Argentina.
La NOAA, en tanto, asigna una probabilidad de uno en tres a la aparición de un fenómeno fuerte entre octubre y diciembre, aunque describe su intensidad potencial como altamente incierta.