Este viernes, a las 20.00, la comunidad de la parroquia San José Obrero, en el barrio La Tablada de la capital catamarqueña, vivirá un momento cargado de emoción y gratitud. En el templo se celebrará la Santa Misa de despedida de las Hermanas de la Fraternidad Eclesial Franciscana, congregación que, tras casi seis décadas de servicio pastoral, se retira de la Diócesis de Catamarca.
Desde su llegada a la provincia, a fines de la década de 1960, las religiosas franciscanas desarrollaron una intensa labor evangelizadora y social, especialmente en el ámbito de la Catequesis y en la atención pastoral a distintas comunidades. Su casa, ubicada junto al templo parroquial de San José Obrero, fue el corazón de sus actividades durante los últimos años, donde también ofrecieron acompañamiento espiritual y formación cristiana a generaciones de fieles.
Actualmente, la comunidad en Catamarca está integrada por la Hermana Hilda Faccioli, de 80 años, y la Hermana Micaela Sosa, quien comparte vocación y parentesco con la recordada Hermana Marina Sosa, fallecida el pasado 8 de septiembre, a los 85 años y tras 70 años de vida consagrada.
La Fraternidad Eclesial Franciscana es una Congregación de Derecho Diocesano, cuyo obispo responsable es el prelado de Orán, provincia de Salta. Nació como fruto del Concilio Vaticano II, con el propósito de fortalecer la vida comunitaria y el servicio pastoral en distintas diócesis del país.
En sus inicios, las hermanas se instalaron en el convento de los franciscanos, y posteriormente en el Obispado Viejo, hoy sede del Museo de la Virgen del Valle, en calle República 449. Más tarde, su labor se trasladó a la casa de retiros Emaús, y finalmente se establecieron en la vivienda contigua a la parroquia San José Obrero, construida especialmente para ellas por el entonces párroco Padre Carlos Ibáñez, con el objetivo de facilitar su tarea pastoral en la comunidad.
A lo largo de estos casi 60 años, la comunidad local estuvo conformada, por lo general, por tres religiosas. Entre las más recordadas por su servicio destacan las hermanas Hilda Faccioli e Isabel Olmedo: la primera, por su dedicación en el Obispado; la segunda, por su labor en la Secretaría de la Catedral Basílica. También son recordadas con afecto las hermanas Candelaria Juárez, Ana Shaab, Rosa Spontón, Paz Quiroga, María Luisa Vítola, Lía Rosa Cavigioli, Imelda Gohete y Juana Martínez.
La Hermana Hilda, una de las religiosas que ahora se despide, desarrolló una prolongada misión en la Diócesis desde los tiempos del obispo Mons. Pedro Alfonso Torres Farías, y continuó su servicio durante el ministerio de Mons. Elmer Osmar Miani. Colaboró activamente con la Junta Diocesana de Catequesis, dirigida por el entonces padre Gerardo Sueldo, quien luego sería obispo de Orán y de Santiago del Estero, y más tarde bajo la coordinación del padre Juan Carlos San Nicolás.
Con el paso de los años, las Hermanas de la Fraternidad Eclesial Franciscana fueron dejando una huella imborrable en la comunidad de San José Obrero y en toda la Diócesis. En el año 2000, la Hermana Hilda asumió el rol de superiora de la congregación y se ausentó de Catamarca durante un tiempo, regresando años después para continuar su labor pastoral hasta que su salud comenzó a declinar.
Hoy, la diócesis despide con profunda gratitud a las hermanas por su entrega generosa, su testimonio de fe y su compromiso constante con la evangelización en las tierras de la Virgen del Valle. Su legado espiritual perdurará en las comunidades que ayudaron a formar y en los corazones de quienes compartieron su camino.