Un estudio global revela que los fumadores poco saben de los riesgos del cigarrillos
Una investigación internacional que reunió información de más de 240.000 adultos en 46 países concluyó que el conocimiento sobre los efectos del tabaquismo permanece estancado e incluso retrocede en algunos lugares. Aunque la mayoría de los fumadores relaciona el cigarrillo con el cáncer de pulmón, existe un importante desconocimiento sobre enfermedades cardiovasculares.

Una investigación internacional publicada en BMJ Open analizó el nivel de conocimiento que tienen los fumadores acerca de los riesgos para la salud asociados al consumo de tabaco. El estudio recopiló datos de más de 240.000 adultos en 46 países y concluyó que la comprensión de los peligros vinculados al cigarrillo permanece prácticamente estancada y, en determinados casos, incluso ha disminuido.

El trabajo expone diferencias relevantes en el reconocimiento de las principales consecuencias del tabaquismo y muestra que, si bien algunos riesgos son ampliamente conocidos, otros continúan siendo subestimados por una parte importante de la población fumadora.

Los investigadores analizaron información proveniente de los proyectos International Tobacco Control (ITC) y Global Adult Tobacco Survey (GATS), lo que permitió comparar el grado de conocimiento en distintos países y detectar tanto avances como retrocesos en la percepción de los efectos del tabaco sobre la salud.

El cáncer de pulmón continúa siendo el riesgo más reconocido

Uno de los principales hallazgos del estudio es que la relación entre el consumo de cigarrillos y el cáncer de pulmón continúa siendo ampliamente reconocida por los fumadores. Según la investigación, más del 90% de los fumadores identifica ese vínculo. El análisis señala que ese nivel de conocimiento es elevado y se mantiene estable en el tiempo.

Sin embargo, el panorama cambia cuando se evalúa el reconocimiento de otras enfermedades igualmente graves.

Las enfermedades cardiovasculares, particularmente el infarto y el accidente cerebrovascular, no generan el mismo nivel de conciencia entre quienes fuman. Solo el 84,7% de los fumadores consultados sabe que el cigarrillo puede causar una enfermedad cardíaca, mientras que el porcentaje desciende al 75% cuando se les consulta sobre el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular.

En los países incluidos en la encuesta GATS, el conocimiento resulta aún menor. Allí, el porcentaje que vincula el tabaco con el infarto baja al 80%, mientras que únicamente el 66,1% reconoce la relación con el accidente cerebrovascular.

Los autores principales del estudio, Geoffrey T. Fong y Janine Chung-Hall, sostienen que estas diferencias muestran que las campañas de prevención lograron instalar al cáncer de pulmón como la consecuencia más temida del tabaquismo, pero dejaron en un segundo plano otros daños que también pueden resultar letales.

El humo de segunda mano 

Otro de los aspectos que preocupa a los investigadores es el bajo nivel de conocimiento sobre los efectos del humo de segunda mano, es decir, aquel que respiran las personas que conviven o trabajan con fumadores.

Los resultados indican que solo el 77,3% de los participantes del proyecto ITC y el 82,1% de quienes integraron GATS sabe que la exposición pasiva al tabaco puede provocar cáncer de pulmón en personas que no fuman. El reconocimiento disminuye todavía más cuando se consulta sobre las enfermedades cardíacas relacionadas con el humo ajeno.

En la muestra ITC, apenas el 61,8% identifica ese riesgo, mientras que en GATS el porcentaje asciende al 72,5%.

El estudio remarca que estos datos significan que millones de personas no identifican claramente el peligro que representa respirar en ambientes donde hay cigarrillos encendidos.

Asimismo, destaca que el daño provocado por el humo de segunda mano va mucho más allá de una simple molestia, ya que aumenta el riesgo de padecer cáncer, infarto y otras enfermedades graves en personas que nunca fumaron.

Dos décadas con avances mínimos y algunos retrocesos

Uno de los resultados más llamativos de la investigación es que el conocimiento sobre los riesgos del tabaco prácticamente no ha evolucionado durante los últimos veinte años.

El informe señala que la variación promedio anual registrada en cinco indicadores considerados clave fue de apenas 0,14 puntos porcentuales. Para la mayoría de los países analizados, los investigadores no encontraron cambios estadísticamente significativos, lo que refleja un estancamiento en la percepción de los riesgos asociados al tabaquismo.

Además, el estudio detectó retrocesos en Alemania, Japón, Francia, Rumanía, Rusia y Turquía, donde disminuyó el porcentaje de fumadores que reconoce la relación entre el cigarrillo y el cáncer de pulmón.

En contrapartida, China, India, Bangladés y Países Bajos lograron mejorar el nivel de conocimiento sobre distintos riesgos relacionados tanto con el consumo activo de tabaco como con la exposición al humo de segunda mano.

Según los autores, una de las explicaciones tiene un componente cultural y mediático. Mientras que el cáncer de pulmón quedó instalado como el riesgo clásico asociado al cigarrillo, el infarto y el accidente cerebrovascular suelen relacionarse con otros factores, como la alimentación, el sedentarismo o la genética, haciendo menos visible su vínculo con el tabaquismo.

No se abandona el hábito

La investigación también advierte que disponer de información sobre los efectos del cigarrillo no necesariamente conduce a dejar de fumar.

El equipo encabezado por Janine Chung-Hall y Geoffrey T. Fong sostiene que el conocimiento constituye un requisito importante, pero no suficiente. Los investigadores afirman que también influyen otros factores, como la confianza de cada persona en su capacidad para abandonar el hábito y el entorno en el que vive, incluyendo la existencia de espacios libres de humo y el acceso a programas de ayuda para dejar de fumar.

En este contexto, las recomendaciones del estudio apuntan a fortalecer las campañas de información, las advertencias en los paquetes de cigarrillos y las políticas de control del tabaco, especialmente en aquellos países donde el conocimiento muestra signos de retroceso.

El informe concluye que la información debe ser clara y visible, no solamente respecto del cáncer de pulmón, sino también sobre las enfermedades cardiovasculares y los efectos del humo de segunda mano.

Los autores sintetizan esa idea al señalar que "el conocimiento, por sí solo, no basta para reducir el daño del tabaco. Se requiere una combinación de educación, políticas públicas y ambientes que faciliten conductas saludables".

Qué pasa en Argentina

Dentro del análisis internacional, el estudio también incorpora datos correspondientes a Argentina. Según la investigación, el país registró uno de los porcentajes más elevados de conocimiento entre los fumadores adultos sobre la relación entre fumar y el cáncer de pulmón.

En 2012, el 98,4% de los fumadores argentinos reconocía ese riesgo, un valor considerablemente superior al registrado en otros países incluidos en el relevamiento.

Como ejemplo, el informe menciona el caso de Nigeria, donde ese porcentaje alcanzó el 56,6%, reflejando la amplia diferencia existente en el nivel de conocimiento entre las distintas regiones analizadas.