Un UPD diferente: alumnos cambiaron los festejos por una jornada solidaria en un hogar de ancianos
Estudiantes del tercer año del nivel medio del Colegio María Auxiliadora de Concepción, Tucumán, eligieron celebrar su Último Primer Día con una acción solidaria. ¿Para imitar?.

Lejos de los festejos tradicionales que suelen caracterizar el Último Primer Día (UPD) de clases, un grupo de 30 alumnos del tercer año del nivel medio del Colegio María Auxiliadora (CMA) de la ciudad de Concepción, en la vecina provincia de Tucumán, decidió dar un giro profundo al sentido de esa jornada.

En lugar de celebraciones convencionales, los estudiantes optaron por visitar el Hogar de Ancianos "Monseñor Emilio Sosa Gaona" donde compartieron una mañana —y buena parte del día— cargada de emoción, alegría y gestos de amor con los adultos mayores que residen allí.

La actividad se desarrolló la semana pasada y fue el resultado de una planificación sostenida durante todo un año. Junto a sus padres y docentes, los jóvenes organizaron cada detalle de la visita, con el objetivo de convertir su UPD en una experiencia significativa tanto para ellos como para los abuelos de su comunidad.

Un proyecto solidario planificado durante un año

La iniciativa no surgió de manera improvisada. Durante meses, los estudiantes trabajaron en la organización de la jornada solidaria, convencidos de que su último primer día debía ser "algo digno de admirar".

En ese marco, llevaron adelante una recolección de donaciones destinadas al hogar de ancianos. Entre los elementos reunidos se incluyó ropa; zapatos; productos de higiene personal y alimentos para la merienda.

La propuesta no se limitó únicamente a la entrega de objetos materiales. Los chicos consideraron que era fundamental complementar la ayuda con actividades de integración que generaran un verdadero encuentro humano.

Una jornada cargada de actividades y emociones

La visita al Hogar "Monseñor Emilio Sosa Gaona" se convirtió en una jornada especial que combinó servicios, entretenimiento y espacios de intercambio personal.

El programa incluyó:

Regalos para los residentes

Números artísticos

Momentos de peluquería y barbería

Sesiones de masajes

Espacios de conversación

Cantos y bailes

Desayuno compartido

Algunos de los alumnos se formaron en peluquería y barbería para la ocasión y llevaron sus propios equipos con el fin de cortarles el cabello a los hombres del hogar. Por su parte, las alumnas realizaron peinados a las mujeres residentes. También ofrecieron servicio de masajes, sumando un componente de cuidado personal a la jornada.

Además de estos servicios, el encuentro estuvo atravesado por actividades de integración como juegos, lectura de libros, música y baile. Los jóvenes compartieron todo un día con los abuelitos, generando un clima de cercanía y afecto que superó el simple gesto solidario.

Más que una visita: integración y comunidad

Para los estudiantes del Colegio María Auxiliadora, la propuesta tuvo un objetivo claro: no solo llevar cosas, sino ofrecer tiempo, presencia y compañía a personas que transitan sus últimos días en el hogar.

El desayuno compartido, los cantos y los bailes se transformaron en espacios de intercambio genuino. La conversación y la lectura abrieron momentos de escucha y diálogo intergeneracional, mientras que los números artísticos aportaron alegría a la jornada.

La experiencia involucró también a padres y docentes, quienes acompañaron el proceso de planificación y ejecución del proyecto. De este modo, la actividad trascendió el ámbito estrictamente estudiantil y se convirtió en una acción comunitaria.

Un gesto que busca replicarse

Los 30 alumnos que están cerrando el nivel medio en el Colegio María Auxiliadora de la ciudad de Concepción no solo concretaron una actividad diferente para su UPD. También dejaron planteada una intención: que la idea de este proyecto solidario pueda replicarse a lo largo del año.

La visita al Hogar de Ancianos "Monseñor Emilio Sosa Gaona" no fue presentada como un hecho aislado, sino como una experiencia que puede inspirar nuevas acciones. En ese sentido, la jornada se inscribió en una lógica de continuidad y compromiso con la comunidad.

Así, el último primer día de estos estudiantes se convirtió en una celebración distinta: una que reemplazó los festejos tradicionales por una jornada de servicios, integración y acompañamiento. Un UPD que eligió el camino de la solidaridad y que dejó, tanto en los jóvenes como en los abuelos, una huella marcada por la emoción, la alegría y los gestos de amor compartidos.