Una locura: ¿por qué faltan figuritas del Mundial en los kioscos?
La escasez y los desvíos de stock vuelven a generar conflicto entre kiosqueros, distribuidores y Panini. Con precios que se disparan y abastecimiento desigual, incluso aparecen viajes a Uruguay para conseguir mercadería. ¿Y en el interior?.

A pocas semanas del inicio de la Copa Mundial de Fútbol de 2026, el mercado de figuritas vuelve a convertirse en un escenario de tensión. La escasez de álbumes y sobres reactivó un conflicto que enfrenta a kiosqueros, distribuidores y la empresa Panini, en un esquema que ya había alcanzado niveles de alta exposición durante el Mundial 2022.

El fenómeno no es nuevo, pero sí vuelve a instalarse con fuerza. La falta de productos en los canales tradicionales, combinada con una distribución desigual, generó un escenario donde los pequeños comerciantes denuncian irregularidades en la cadena de comercialización. La situación adquiere mayor gravedad en el interior del país, donde los faltantes son aún más marcados.

La cadena de comercialización en disputa

El negocio de las figuritas se sostiene históricamente sobre una estructura definida de actores. En condiciones normales, el circuito incluye al fabricante, el distribuidor, el figuretero y el kiosquero. Sin embargo, ese equilibrio parece haberse alterado.

Actualmente, parte del conflicto radica en que algunos distribuidores estarían evitando a los intermediarios tradicionales para vender de manera directa a través de plataformas de e-commerce y otros canales no convencionales. Esta práctica impacta de lleno en los kioscos, que quedan relegados en el acceso al producto.

Los puntos centrales del circuito son los siguientes:

  • Fabricante: Panini
  • Distribuidor
  • Figuretero: intermediario histórico que abastece a kioscos
  • Kiosquero: punto de venta tradicional

Según denuncian los comerciantes, este desvío en la cadena explica los faltantes registrados durante el último fin de semana en distintos barrios de la ciudad, desde Devoto hasta Olivos, pasando por Liniers y Palermo.

Un kiosquero del barrio de Almagro describió con precisión el impacto económico de esta situación. Explicó que compran el paquete al figuretero a $1600 y lo venden al público a $2000, precio fijado por Panini, lo que deja un margen de $400. Sin embargo, al vender de forma directa, algunos distribuidores se apropian de esa diferencia, afectando la rentabilidad del comercio minorista.

Precios disparados y mercado paralelo

La falta de stock en los canales oficiales no solo genera desabastecimiento, sino que también impulsa la aparición de un mercado paralelo donde los precios se disparan. Este fenómeno se observa tanto en espacios físicos como el Parque Rivadavia como en plataformas digitales.

Los valores oficiales establecidos por Panini son claros: $2000 por sobre con siete figuritas y $12.000 por el álbum. Sin embargo, en el mercado negro los precios alcanzan niveles muy superiores, al punto de llegar hasta $7000 por sobre y alrededor de $30.000 por el álbum.

Esta brecha refleja el impacto directo de la escasez y evidencia cómo la falta de regulación en la distribución puede derivar en distorsiones significativas en el precio final al consumidor.

Supermercados abastecidos y kioscos sin stock

Uno de los puntos más conflictivos es la diferencia en el abastecimiento entre canales de venta. Mientras que los supermercados presentan una oferta normalizada —desde el jueves se consiguen figuritas sin inconvenientes—, los kioscos denuncian faltantes generalizados.

Esta situación genera un desplazamiento en un negocio históricamente ligado a los pequeños comerciantes. Incluso se registran casos en los que cadenas de supermercados no solo venden figuritas, sino que también incluyen el álbum como promoción, profundizando la competencia desigual.

Desde la Unión de Kiosqueros de la República Argentina, que representa a más de 100.000 puntos de venta, se elevó un reclamo formal ante Panini la semana pasada, sin que hasta el momento haya una respuesta oficial.

El vicepresidente de la entidad, Adrián Palacios, fue categórico al describir el escenario. Señaló que no hay figuritas en los kioscos del interior, desde Jujuy hasta Santa Cruz, y que los comerciantes recorrieron distribuidores sin encontrar stock, mientras que las grandes cadenas sí cuentan con mercadería.

Cruzar a Uruguay para abastecerse

En medio de este contexto, surgió una situación inédita que refleja el nivel de tensión en el mercado. Grupos de kiosqueros argentinos viajaron a Uruguay durante el fin de semana para comprar figuritas, aprovechando la disponibilidad en ese país y un precio que, por el tipo de cambio, resulta competitivo.

La decisión implica una logística compleja y costos adicionales, lo que fue calificado por los propios comerciantes como un escenario que "roza la locura". Sin embargo, para muchos representa la única alternativa frente a la imposibilidad de conseguir mercadería en el circuito local.

El antecedente de 2022 y una disputa recurrente

La crisis actual remite inevitablemente a lo ocurrido en el Mundial 2022, cuando la llamada "fiebre Panini" llevó la demanda a niveles inesperados. En ese momento, la empresa explicó que se vendió un 40% más de álbumes que en el mundial previo.

No obstante, los kiosqueros sostuvieron que el problema no se limitó a la producción, sino que estuvo vinculado a una competencia desleal que priorizó a supermercados y estaciones de servicio. La situación escaló hasta convertirse en un tema de agenda pública, con pedidos de intervención del Gobierno y explicaciones oficiales por parte de la compañía.

En aquella ocasión, Nicolás Sallustro, gerente de Marketing de Panini, aseguró que no se trataba de una estrategia de marketing y que el objetivo era entregar la mayor cantidad posible de productos, aunque reconoció los desfasajes.